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¿Por qué siempre elegimos la misma silla? La ciencia lo explica

Sentarse en el mismo lugar no es casualidad: está ligado a la sensación de seguridad y control del entorno.

26 de agosto, 2026 | 20.35
Persona sentada.

Elegir siempre el mismo lugar para sentarse, ya sea en una clase, reunión o en la mesa familiar, no es solo una rutina sin importancia. La psicología ambiental lleva años estudiando este comportamiento y lo vincula con conceptos como la territorialidad, el espacio personal, la familiaridad y el control del entorno.

Al parecer, entrar a un espacio con varias opciones y terminar casi sin pensarlo en el mismo asiento responde a una necesidad de reducir la incertidumbre y generar una sensación subjetiva de comodidad y seguridad. Esto no quiere decir que quien repite ese hábito tenga miedo o inseguridad psicológica, sino que simplemente busca anticipar mejor lo que ocurre a su alrededor.

Territorialidad informal: la razón oculta por la que reclamamos una silla como "propia"

En ese sentido, la Association for Psychological Science se basa en las investigaciones del psicólogo ambiental Robert Gifford, de la Universidad de Victoria, quien explicó que la territorialidad ayuda a organizar nuestras relaciones en el espacio. Así, muchas personas reclaman informalmente ciertos lugares sin ser sus dueñas, como una silla en la oficina, un lugar en la clase o una mesa preferida en un bar.

Este pequeño territorio secundario se asocia con la persona que lo ocupa habitualmente, y cuando alguien más lo utiliza, suele generar incomodidad, aunque no haya reglas que lo reserven formalmente. Este mecanismo social ayuda a comprender por qué el “asiento propio” tiene tanta importancia.

Además, los hábitos también juegan un rol clave. Un estudio publicado en Personality and Individual Differences señala que las rutinas humanas favorecen la regularidad y familiaridad, utilizando como ejemplo la tendencia a sentarse siempre en el mismo lugar de la mesa. Repetir la elección evita tener que analizar todas las alternativas y permite conocer mejor el entorno: qué se ve desde allí, quiénes suelen estar cerca, el nivel de ruido o la privacidad que ofrece.

La territorialidad ayuda a organizar nuestras relaciones en el espacio.

En otro estudio sobre el uso de bibliotecas, se observó que quienes conocen el espacio regresan a las zonas que ya experimentaron positivamente, mientras que los visitantes nuevos eligen según aspectos visibles como la iluminación o el ruido. Esto demuestra que la experiencia previa influye en la selección del asiento.

Menos incertidumbre y más confort: el impacto de la rutina en el cerebro

Por otra parte, un análisis publicado en Frontiers in Psychology reveló que las personas prefieren sentarse en lugares que les brinden mayor distancia respecto a desconocidos, privacidad y control del entorno, como esquinas o sectores cercanos a paredes. La Asociación Americana de Psicología define el espacio personal como un área defendida alrededor de cada persona, con límites que varían según la cultura, el contexto y las relaciones sociales.

Por eso, elegir siempre la misma silla puede estar relacionado con buscar una sensación de protección y previsibilidad, pero no debe interpretarse como un síntoma clínico. No es prueba de ansiedad, rigidez o trastornos psicológicos, sino que puede deberse simplemente a factores como comodidad física, buena visibilidad, cercanía a amigos o una rutina consolidada.

Repetir la elección evita analizar todas las alternativas disponibles.Preferimos lugares con más distancia y control, como esquinas o paredes.

Lo que resulta más interesante es que, incluso cuando todas las condiciones parecen iguales, muchas personas siguen prefiriendo un asiento particular. Estudios en aulas muestran que un porcentaje importante de estudiantes termina eligiendo espontáneamente un lugar fijo, aun sin asignación de asientos. Esto confirma que el hábito responde a una búsqueda de familiaridad y control, más que a una necesidad patológica.

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