En la meseta de Somuncurá, en Río Negro, vive un animal que parece una oveja gigante pero es una raza de caballo con rulos. Se los conoce como Criollos Crespos y su población es muy reducida, tanto que se estima que quedan alrededor de 40 ejemplares puros en Sudamérica.
Aunque los pobladores de la zona ya conocían a estos caballos, su singularidad genética comenzó a investigarse después de que el veterinario Gerardo Rodríguez y Andrea Sede encontraran un potro en estado salvaje. A partir de ese hallazgo, empezaron a rescatar ejemplares y a trabajar en su conservación en Maquinchao, a través de la Yeguada Rodríguez.
5 datos curiosos de los caballos con rulos de la Patagonia
1. Su pelaje cambia con las estaciones
Una de las características más llamativas de estos caballos es su pelo enrulado, que se vuelve más espeso durante el invierno. Esta capa más densa los ayuda a soportar las bajas temperaturas y los fuertes vientos de la Patagonia. Con la llegada del verano, el pelaje cambia y pierde parte de ese volumen.
2. Tienen una mutación genética diferente
En un primer momento, se creyó que estos animales estaban emparentados con los American Bashkir Curly de Estados Unidos o con caballos de pelo rizado de los Urales, en Rusia. Sin embargo, los análisis de muestras de pelo y sangre realizados por investigadores de universidades estadounidenses, entre ellas la Universidad de Texas, identificaron una mutación genética diferente de la registrada en esas poblaciones.
3. Se destacan por su temperamento dócil
Además de su apariencia, los Criollos Crespos se caracterizan por su temperamento tranquilo. Esto junto a su singular pelaje lo vuelven especialmente atractivos en la equinoterapia, la equitación infantil y el turismo rural.
4. Quedan alrededor de 40 ejemplares puros en Sudamérica
La población de estos caballos es extremadamente pequeña. La concentración de gran parte de los ejemplares en un solo criadero también aumenta su vulnerabilidad. A esto se suman las condiciones ambientales de la región, como las sequías, las heladas prolongadas y el deterioro de las pasturas, que pueden afectar su alimentación y reproducción.
5. Su conservación depende de mantener la diversidad genética
Con una población tan reducida, evitar los cruzamientos entre animales emparentados es uno de los principales desafíos. Los criadores buscan que las nuevas generaciones conserven las características distintivas de la raza sin reducir aún más su diversidad genética.
