Una investigación de la Universidad de Tufts, ubicada en Massachusetts, alertó que El Niño podría extenderse hacia 2027. Los planes para hacerle frente suelen concentrarse en la infraestructura física, como el fortalecimiento de diques, la limpieza de drenajes o la poda de árboles, dejando de lado las necesidades de las poblaciones más expuestas a los desastres climáticos.
El análisis publicado por The Conversation se refirió a las señales tempranas de un evento que podría extender sus efectos hasta el próximo año. Entre ellas figuran el verano más cálido registrado en los 48 estados continentales de Estados Unidos, la sequía que afecta el transporte marítimo en el canal de Panamá y el contraste entre una temporada de huracanes activa en el Pacífico y otra tranquila en el Atlántico.
¿Qué es el fenómeno de El Niño y por qué altera el clima mundial?
El Niño es una variación climática natural que aparece cada varios años, cuando se elevan las temperaturas de la zona oriental del océano Pacífico. Este calentamiento modifica los patrones atmosféricos habituales y llegan a transformar el régimen de lluvias de regiones enteras.
Por lo tanto, las zonas habitualmente secas pueden atravesar precipitaciones intensas e inundaciones, mientras que territorios húmedos pueden enfrentar períodos de escasez de agua. En otros períodos del fenómeno, las lluvias intensas llegaron a provocar deslizamientos de tierra, cortes de ruta y afectaciones prolongadas en servicios públicos. Ante esta situación, la preparación inmediata pasa por revisar las defensas contra inundaciones y los sistemas de desagüe; mantener presas, canales pluviales, rutas y puentes.
¿Por qué El Niño podría extenderse hasta 2027?
La investigadora Bethany Tietjen, participante del análisis, advirtió que la vulnerabilidad social debe ocupar un lugar central en los planes de emergencia. El estudio detectó brechas en las políticas públicas, los recursos disponibles y la capacidad institucional para responder a amenazas climáticas cada vez mayores. Una de sus principales conclusiones es que los gobiernos suelen identificar con mayor facilidad los posibles daños sobre edificios, rutas o redes de servicios que las condiciones sociales que pueden aumentar el riesgo.
Desigualdad frente a las tormentas: por qué la infraestructura física no alcanza
Las personas sin vivienda, los adultos mayores, quienes tienen alguna discapacidad y los hogares de bajos ingresos enfrentan dificultades adicionales para prepararse y evacuar ante una emergencia. Una persona con movilidad reducida puede necesitar transporte para llegar a un refugio, mientras que un adulto mayor puede requerir asistencia para acceder a medicamentos o atención sanitaria. A su vez, las familias con recursos limitados pueden no contar con dinero suficiente para mudarse temporalmente, contratar seguros, reforzar sus viviendas o reparar los daños provocados por una tormenta.
Mientras la construcción de un dique puede asociarse a una partida presupuestaria concreta, problemas como la falta de vivienda asequible, la pobreza o las dificultades para acceder a la atención médica necesitan políticas sostenidas en el tiempo. Por ello, las estrategias de adaptación deben involucrar a las áreas de vivienda, salud, servicios sociales y gestión de emergencias, con medidas que permitan no solo responder a un desastre, sino también facilitar la recuperación posterior.
¿Cómo pueden prepararse las ciudades para mitigar el impacto de El Niño?
La anticipación también permite detectar problemas antes de que ocurra una inundación, un temporal o una ola de calor. En Los Ángeles, por ejemplo, se realizaron ejercicios de simulación que reúnen a departamentos del condado y coordinadores comunitarios para ensayar respuestas frente a fenómenos extremos asociados a El Niño. Con estas prácticas, buscan identificar qué recursos y procedimientos podrían resultar insuficientes ante tormentas, deslizamientos o crecidas.
