El severo deterioro del poder adquisitivo provocado por el ajuste del gobierno de Javier Milei, sumado a la falta de contención y respuestas por parte de la gestión provincial de Maximiliano Pullaro en materia sanitaria, empuja a miles de santafesinos a buscar alternativas fuera del sistema privado de salud. La Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) atendió a más de 5.400 pacientes durante el primer semestre del año solamente a través de su servicio de guardia.
Mientras el presidente Milei profundiza el desfinanciamiento de la educación pública y se niega a aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, la UNR se consolida como el refugio de cientos de familias frente al contexto económico. En un contexto marcado por el ajuste nacional y la retracción del sector privado, es la propia universidad pública la que absorbe la demanda social y garantizar el acceso a la atención médica básica
“La crisis, por supuesto, tiene que ver”, afirmó Natalia Pasko, odontóloga especialista y coordinadora de Gestión Hospitalaria de la Facultad de Odontología de la UNR, en declaraciones a Cadena 3 Rosario. La profesional explicó que el perfil de quienes buscan atención es amplio y transversal: “Tenemos la llegada de pacientes con obra social, pacientes que no tienen obra social, niños, adultos. Es un rango etario variado”.
La guardia funciona como la puerta de entrada a la Facultad. Allí no solo se atienden urgencias y emergencias odontológicas, sino que también se realiza la admisión de quienes necesitan iniciar un tratamiento.
“Todo paciente que quiera iniciar un tratamiento para su salud bucal tiene que pasar por guardia, hacer una admisión y se le hace un diagnóstico”, detalló Pasko.
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La consulta tiene actualmente un costo de 3.000 pesos, independientemente de que la urgencia pueda resolverse en ese momento. Si el paciente necesita una extracción dentaria de urgencia, el valor informado es de 8.000 pesos.
Luego, en caso de requerir otro tipo de atención, se establece un presupuesto de acuerdo con las prácticas necesarias. “El costo que se cobra es un costo mínimo pero accesible para todos los pacientes que quieran hacer un tratamiento”, sostuvo la especialista.
Tras el diagnóstico inicial, los pacientes son derivados a las distintas cátedras, especialidades o espacios de formación de la Facultad. Los servicios están disponibles para personas de Rosario y también para quienes llegan desde localidades de la región.
Santa Fe lidera la desocupación nacional y profundiza la crisis industrial
El mercado laboral de Santa Fe atraviesa un escenario de creciente preocupación, especialmente en el sur provincial, donde el deterioro de la actividad industrial comienza a reflejarse con mayor fuerza en los indicadores de empleo.
El aglomerado San Nicolás-Villa Constitución registra actualmente la tasa de desocupación más elevada del país con 10,4%, mientras que el Gran Rosario (8,2%) también presenta niveles superiores al promedio nacional (7,8%), en un contexto marcado por la retracción manufacturera, la menor demanda interna y las dificultades que atraviesan sectores estratégicos de la economía regional.
La situación adquiere una dimensión particular en Villa Constitución y San Nicolás, históricamente vinculadas a la producción siderúrgica y metalúrgica y a una extensa cadena de proveedores y actividades asociadas. La caída de la producción en distintas ramas industriales tuvo consecuencias sobre el empleo directo e indirecto, mientras empresas del sector debieron recurrir en los últimos meses a suspensiones, reducción de turnos y esquemas productivos más acotados frente a un escenario de menor actividad.
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A este panorama se suma la contracción de sectores estrechamente relacionados con la industria, como la construcción y la producción automotriz, cuya menor demanda repercute sobre proveedores, talleres y pequeñas y medianas empresas de la región. Especialistas del mercado laboral señalan que la combinación de una demanda interna debilitada, la reducción de la obra pública y una mayor competencia de productos importados genera condiciones particularmente complejas para los sectores industriales tradicionales, que durante décadas funcionaron como una fuente de empleo formal y relativamente estable.
El impacto se traduce en despidos, suspensiones y mayores dificultades para quienes buscan reincorporarse al mercado laboral, en una región donde el empleo industrial tiene además un peso central sobre el movimiento económico de las ciudades. La pérdida de puestos de trabajo no solamente afecta a quienes quedan directamente alcanzados por las decisiones empresariales, sino que también reduce el consumo y golpea a comercios y actividades de servicios que dependen de los ingresos generados por la industria.
