Existe en Japón un hombre que cobra por "no hacer nada". Se trata de Shoji Morimoto, quien desde 2018 ofrece sus servicios a personas que necesitan compañía. Su trabajo se basa en estar presente, escuchar y responder preguntas simples, pero sin asumir tareas ni intentar resolver los problemas de quienes lo contratan.
El servicio tiene un precio base de 10.000 yenes por encuentro, al que se suman los gastos de traslado y comida cuando corresponde. En los últimos años, su historia se volvió conocida fuera de Japón y se estima que puede generar cerca de 90.000 dólares al año con su insólito trabajo, aunque Morimoto no reveló públicamente cuánto gana.
Por qué las personas pagan para estar acompañadas
Antes de comenzar a trabajar de "no hacer nada", Morimoto era empleado en una editorial. Según contó, sus jefes cuestionaban que no tuviera suficiente iniciativa y que, en sus palabras, parecía alguien que "no hacía nada". En lugar de intentar cambiar esa cualidad, decidió convertirla en la base de un servicio.
Así creó una cuenta de Twitter en 2018 para ofrecerse como acompañante, bajo la única condición de no hacer nada más que estar presente. No realiza tareas por sus clientes, no da consejos y tampoco busca mantener una conversación de manera permanente. Puede comer, tomar algo y responder cuando le hablan, pero la idea es que su presencia no genere obligaciones.
En Japón este tipo de servicios extraños son habituales, por lo que le llovieron ofertas. Algunas personas lo contrataron para tener compañía al ir a un restaurante, jugar en un parque o realizar alguna actividad que no querían hacer solas. También acompañó a clientes durante momentos más personales, como trámites relacionados con un divorcio o situaciones vinculadas a familiares.
Cómo son los extraños servicios de contratación en Japón
El caso de Morimoto no es tan extraño en el mercado japonés, sino que forma parte de una oferta más amplia de servicios de compañía que existen en el país asiático. Es muy habitual que personas contraten a alguien para que les haga compañía en una salida, se hagan pasar por un familiar o que sirvan de "oído". De hecho, uno de los ejemplos más conocidos son las empresas de alquiler de amigos, parejas o familiares.
