Una catástrofe de proporciones devastadoras golpeó al norte de Nepal, en la región montañosa cercana a la frontera con China, el último miércoles por la tarde, cuando un violento fenómeno natural provocó inundaciones repentinas y aludes que arrasaron con viviendas, rutas y mercados en cuestión de horas.
En las últimas horas, las autoridades nepalíes elevaron la cifra oficial de víctimas fatales a más de 360, lo que convierte a este suceso en una de las peores tragedias recientes en la región. La magnitud de la emergencia mantiene en vilo al país, ya que más de 1300 personas permanecen desaparecidas.
Entre los desaparecidos figuran cientos de extranjeros que visitaban la cordillera del Himalaya por senderismo o peregrinación. La desproporcionada crecida afectó principalmente a las localidades de Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi. A su paso destruyó puentes, carreteras y obras hidroeléctricas.
El poder destructivo de los GLOF, sigla proveniente del “Glacial Lake Outburst Flood” (inundación por desborde de lago glaciar), mantiene en alerta a la frontera entre Nepal y China. El fenómeno provocó en cuestión de minutos una avalancha de rocas y hielo que bloqueó el río Lhende y liberó un torrente de agua, barro y escombros que arrasó pueblos enteros.
Aunque el Himalaya es una de las zonas más vulnerables a este tipo de fenómenos, no se trata de una amenaza exclusiva del continente asiático.
¿Cómo anticipar o prevenir un GLOF en Argentina?
Lo que ocurrió en Nepal reavivó el debate sobre la capacidad de anticipar y prevenir este tipo de catástrofes. Los científicos señalaron que, aunque existan tecnologías de monitoreo y alerta temprana, la velocidad y la magnitud de los GLOF dificultan la reacción. En Argentina y Chile hay antecedentes y estudios que indican que las condiciones que provocaron la tragedia en el país asiático están presentes en la Cordillera de los Andes.
En la zona cordillerana, el retroceso acelerado de los glaciares y la formación de lagos inestables dieron lugar a episodios de vaciamiento repentino, lo que se convirtió en una amenaza para las comunidades y ecosistemas de montañas. El investigador del Conicet Juan Pablo Milana recordó que lo que sucedió en Nepal ya pasó en la Argentina, cuando la Laguna de los Erizos, en Calingasta, San Juan, colapsó de manera súbita el 12 de noviembre de 2005.
Por ese entonces, descargó más de 32 millones de metros cúbicos de agua en apenas 67 minutos. El caudal había recorrido más de 250 kilómetros, arrasó cultivos, caminos y aisló poblaciones, aunque no provocó muertes porque se trataba de un área poco habitada.
“Para mí fue el rompimiento de un glaciar, de hielo. Y no un tapón de tierra. Lo que pasa es que el flujo de agua no pasó por áreas pobladas y no hubo muertes. Estos aluviones o deslizamientos bruscos de agua, tierra y sedimentos se llaman en islandés Jökulhlaup (rotura del dique), que es cuando la presión del agua acumulada rompe la represa de hielo, se libera de golpe una gigantesca masa de agua, piedra y barro y genera un aluvión”, precisó Milana en diálogo con Infobae.
Lo que sucedió en Nepal fue el rompimiento de un glaciar y no de un terremoto. Se trató de un importante movimiento de masa que generó una onda sísmica similar a la de un terremoto.
El último caso argentino
Según un estudio publicado en Springer Nature en 2026, el primer registro sistemático de paleoinundaciones repentinas y dos eventos históricos de GLOF en la cuenca del río Blanco, en el Parque Nacional Los Glaciares.
El estudio de los expertos de la Universidad de Buenos Aires, Diego Winocurt y Daniela Schmidt, señaló dos casos históricos: una inundación del lago Sucia a fines de la década de 1960, que generó una descarga de 5 millones de metros cúbicos de agua y un caudal máximo de 1200 metros cúbicos; y el desbordamiento de 1913 en el lago Piedras Blancas, con hasta 1,3 millones de metros cúbicos liberados.
Un evento de estas características también se dio en el Parque Nacional Los Glaciares en 2013, cuando en el Canal Upsala del lago Argentino un derrumbe generó una ola que lanzó grandes témpanos de hielo sobre la costa, arrancó árboles y destruyó instalaciones del embarcadero en Bahía Onelli.
En Mendoza también tuvo lugar otro de los peligrosos desplazamientos: con el avance catastrófico del glaciar Plomo, en la cordillera entre la provincia y Chile, se bloqueó el río del Plomo y provocó inundaciones en 1934 y 1985.
