Meteotsunami y tsunami: qué diferencias hay entre los dos fenómenos

En los últimos años, distintos episodios de olas repentinas generaron confusión entre el Meteotsunami y el tsunami tradicional.

13 de enero, 2026 | 10.36

En los últimos años, episodios de olas repentinas generaron confusión entre meteotsunami y tsunami, dos fenómenos que pueden parecer similares a simple vista. Aunque ambos provocan un aumento brusco del nivel del mar, su origen y comportamiento son distintos. Comprender esas diferencias permite interpretar mejor estos eventos y su impacto en zonas costeras.

Qué es un meteotsunami y cómo se origina

El Meteotsunami es un fenómeno poco conocido, pero real, que produce olas con características similares a las de un tsunami tradicional. La diferencia central está en su origen: no se genera por causas geológicas, sino por procesos estrictamente meteorológicos.

Este tipo de ola se produce a partir de cambios bruscos y rápidos en la presión atmosférica. Tormentas severas, frentes fríos intensos o líneas de inestabilidad pueden provocar variaciones repentinas de presión que se trasladan sobre la superficie del agua. Cuando esa perturbación atmosférica se desplaza a la misma velocidad que la onda marina, se genera una amplificación del movimiento del agua.

Al llegar a zonas de menor profundidad, como costas, bahías o puertos, la ola se intensifica y puede ingresar con fuerza hacia tierra firme. El resultado suele ser un aumento repentino y violento del nivel del mar, que puede extenderse desde algunos minutos hasta un par de horas, dependiendo de las condiciones locales.

Cómo se comporta un tsunami tradicional

El tsunami clásico tiene un origen completamente diferente. Este fenómeno se produce a partir de eventos geológicos de gran magnitud, como terremotos submarinos, desplazamientos de placas tectónicas, erupciones volcánicas o deslizamientos de tierra bajo el mar.

Cuando ocurre un sismo de gran intensidad, el movimiento del fondo oceánico desplaza enormes volúmenes de agua. Esa energía se propaga en forma de ondas que viajan a gran velocidad a través del océano. En mar abierto, estas olas pueden pasar desapercibidas, pero al acercarse a la costa aumentan su altura y provocan inundaciones severas.

Una de las principales características del tsunami es que suele dejar registros claros en los sismógrafos, tanto a escala local como global. Esto permite, en muchos casos, activar sistemas de alerta temprana y anticipar su llegada a zonas costeras, siempre que el epicentro no esté demasiado cerca de la costa.

Diferencias clave entre meteotsunami y tsunami

La principal diferencia entre un meteotsunami y un tsunami radica en su causa. Mientras el primero tiene un origen atmosférico, el segundo depende de un evento geológico. Esta distinción es fundamental para comprender por qué algunos episodios de olas intensas ocurren sin que exista actividad sísmica previa.

Otra diferencia relevante es el sistema de detección. Los tsunamis pueden ser anticipados gracias a redes de monitoreo sísmico y oceanográfico. En cambio, los meteotsunamis son más difíciles de prever, ya que dependen de procesos meteorológicos rápidos y complejos, que no siempre permiten una alerta con suficiente anticipación.

A diferencia del meteotsunami, el tsunami tiene un origen geológico y suele estar vinculado a terremotos submarinos o movimientos del fondo oceánico

Además, la magnitud final de un meteotsunami depende en gran medida de la configuración de la costa. La forma del litoral, la profundidad del agua y la presencia de bahías cerradas pueden amplificar o atenuar el impacto de la ola.

Por qué no toda ola gigante es un tsunami

En distintos puntos del mundo se registraron episodios de “olas gigantes” que, en un primer momento, fueron asociadas a tsunamis. Sin embargo, la ausencia de actividad sísmica en regiones clave descarta ese origen. En estos casos, el análisis posterior suele confirmar que se trató de un Meteotsunami, vinculado exclusivamente a la dinámica de los vientos y la presión atmosférica.

Este tipo de eventos demuestra que no todas las subidas repentinas del mar responden a un terremoto. La meteorología también puede generar fenómenos de alto impacto, con comportamientos similares a los de un tsunami, pero con causas y mecanismos completamente distintos. Entender estas diferencias resulta clave para interpretar correctamente cada episodio y evaluar sus riesgos reales.