Una familia decidió abandonar el caos urbano para criar a su hijo en un entorno más natural y confió en el arquitecto Manuel Ciarlotti Bidinost para hacer realidad la vivienda de sus sueños. El resultado fue la construcción de un refugio en el barrio residencial de Nahuel Malal, al oeste de Bariloche, pensado para equilibrar la intimidad familiar con la inmensidad del bosque patagónico.
El arquitecto argentino diseñó la llamada Casa Pudú durante un viaje de tres meses en motorhome por las rutas de España, donde se dedicó a plasmar en su computadora el proyecto que luego llevaría ese nombre. La elección no fue casual, ya que el nombre hace honor tanto a la calle donde se emplaza la vivienda como al pequeño ciervo andino que habita la región sureña.
Cómo es la Casa Pudú de Bariloche
Según explicó Ciarlotti Bidinost en su sitio web, la casa fue concebida pensando en la articulación de sus espacios públicos, con un foco especial en los vinculados al mundo del niño. La pareja, ambos diseñadores que trabajan desde su hogar, necesitaba un espacio que les permitiera cuidar de la familia sin renunciar a la posibilidad de trabajar y estar en contacto con la naturaleza.
La vivienda integra de forma gradual el jardín de invierno, la sala principal y el estudio, generando una continuidad que acompaña las distintas estaciones del año. Además, para compatibilizar la vida laboral con la crianza, se construyó un complemento llamado Casa B, ubicado a pocos metros de la residencia principal.
La materialidad se resuelve mediante una estructura de bastidores de madera apoyados sobre una platea de hormigón. Todas las luces son resueltas con tiranterías de madera de pequeña sección, capaces de sostener un interior de gran escala. Destaca la baranda tipo viga del balconeo del estudio, que asume gran parte de los esfuerzos estructurales del volumen superior y libera la planta baja.
El revestimiento exterior está conformado por paneles de chapa rellenos de poliuretano de un gran grado de aislación térmica y una expresión industrial en el afuera. El interior en cambio, combina el uso de madera en paredes y techos con pisos cerámicos y de pisos de maderas con paños blancos generando juegos de combinación entre los materiales según la funcionalidad del sector de la casa.
Este espacio adicional funciona como sala de ensayo, taller, quincho o residencia para invitados, ampliando las posibilidades de uso tanto doméstico como cultural. Según el arquitecto, permite pensar la domesticidad extendida como un campo de producción, ocio y encuentro sin interferir con la vida de la "Casa Familiar".
La familia confió plenamente en el proyecto y solo visitó el lugar en cuatro ocasiones: tres durante la construcción y una última para la mudanza definitiva. Así, lograron materializar un hogar que combina el trabajo, la crianza y la vida en plena naturaleza, en uno de los rincones más hermosos del sur argentino.
