Contundente: la estrategia de confrontación permanente de Javier Milei contra el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no tiene el respaldo de la sociedad argentina. Según el relevamiento de Zubán Córdoba, el 70,5% de los consultados desaprueba los ataques del mandatario libertario, mientras que apenas un 20% los aprueba y un 9,5% no sabe o no contesta.
El dato desnuda una contradicción central del estilo de gestión libertario: mientras Milei construye buena parte de su identidad política sobre la confrontación permanente —con el kirchnerismo, con la "casta", con gobernadores, y también con líderes extranjeros como Lula, Pedro Sánchez o Gustavo Petro—, la ciudadanía parece leer ese repertorio como un costo antes que como un activo cuando se trata de la relación con un socio comercial de peso como Brasil.
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Un rechazo que atraviesa a distintos sectores
El resultado del 70,5% de desaprobación es, según especialistas en opinión pública, un número que excede ampliamente al núcleo duro opositor al Gobierno. Para que un indicador de este tipo supere el 70%, necesariamente debe estar incorporando también a una porción del electorado que en otras mediciones aparece más cerca del oficialismo o indeciso frente a la gestión económica.
Esto sugiere que el "estilo Milei" de agresión verbal hacia mandatarios extranjeros —que en el plano doméstico puede funcionar como combustible para su base más identificada— no logra el mismo efecto cuando el destinatario es un socio comercial estratégico como Lula, con quien Argentina mantiene una relación económica de enorme relevancia práctica más allá de las diferencias ideológicas.
Brasil, un socio que los argentinos no están dispuestos a resignar
El segundo dato del informe refuerza esa lectura. Consultados sobre qué tan importante es Brasil y su economía para la economía argentina, la respuesta fue categórica: el 88,9% la considera importante, contra apenas un 10,5% que la cree poco relevante y un marginal 0,6% que no sabe.
Se trata de un consenso que trasciende ampliamente las grietas políticas habituales. Independientemente de la valoración que cada uno tenga sobre Lula o sobre el rumbo del gobierno brasileño, la enorme mayoría de la sociedad argentina entiende el vínculo comercial y productivo con Brasil como una pieza estructural de la economía nacional, algo que remite tanto al comercio bilateral como al funcionamiento del Mercosur.
En ese contexto, la lectura que se desprende de ambos datos combinados es clara: la sociedad argentina distingue entre el plano discursivo y el plano económico. Puede tolerar —o incluso celebrar en parte de su electorado— la confrontación ideológica de Milei, pero no está dispuesta a que esa confrontación ponga en riesgo un vínculo que percibe como vital para la economía cotidiana.
Un patrón que se repite en la gestión libertaria
El resultado se suma a una serie de mediciones previas que mostraron fricciones entre el estilo confrontativo del Presidente y las prioridades económicas de buena parte de la sociedad. En un escenario de fragilidad económica, con la inflación y el poder adquisitivo como preocupaciones centrales, los cruces diplomáticos con un socio comercial de la magnitud de Brasil parecen leerse más como un ruido innecesario que como una demostración de firmeza.
Para el arco opositor, el dato funciona como munición política: evidencia que la estrategia de polarización permanente tiene límites cuando se traslada al plano internacional y cuando compromete intereses económicos concretos que exceden a cualquier bandería partidaria.
