Cada dos semanas, Horacio Rodríguez Larreta encabeza una mesa política que anticipa lo que podría ser la base de un nuevo armado electoral. De las tertulias que se realizan en la Legislatura porteña o en las oficinas del exjefe de Gobierno participan dirigentes de peso como Paula Oliveto y Maximiliano Ferraro por la Coalición Cívica, Graciela Ocaña por Confianza Pública y referentes del larretismo como Emmanuel Ferrario y Guadalupe Tagliaferri. Por ahora, no hay representantes del PRO ni de la UCR.
En el último encuentro, los dirigentes repasaron el desencuentro de Mauricio Macri con la gestión de su primo Jorge y analizaron la derechización del PRO en la Ciudad, un giro discursivo que sorprende a más de uno en el espacio, pero, aseguran, no a Larreta, que empezó a profundizar en la crueldad de la gestión del macrismo porteño.
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El "muro" de Larreta ante los intentos del macrismo por tentarlo
Esta semana, Fernando de Andreis —mano derecha del expresidente— confesó en una entrevista que le gustaría ver a Larreta de regreso en el PRO, aunque aclaró que su discurso actual dificulta esa posibilidad. En los últimos meses, varios referentes del macrismo se acercaron al exjefe de Gobierno para tentarlo con volver a jugar dentro de un esquema compartido. Las aproximaciones fueron en buenos términos, pero el "pelado" levantó un muro y sus planteos funcionan como un "no" rotundo.
En el PRO no todos están conformes con la figura de Jorge Macri y las críticas internas reflejan el malestar del propio Mauricio. Sin embargo, Larreta no da señales de querer pegar la vuelta. Para él, el macrismo terminará abrochando un acuerdo con La Libertad Avanza, algo con lo que no coincide. Y si ese pacto no se concreta, advierte que el partido ya se corrió lo suficiente a la derecha como para alejarse de la identidad que él pretende representar.
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Una coalición amplia pero sin el PRO: la propuesta de Larreta para las PASO
Por eso, todo apunta a que Larreta busque competir en una coalición amplia, similar al espíritu original de Juntos por el Cambio, pero sin el PRO. Una idea en la que también trabaja el radicalismo, pero con una diferencia crucial: el partido centenario sí quiere al macrismo adentro. En ese marco, el exjefe de Gobierno exige garantizar una competencia interna vía PASO donde cada fuerza juegue con lista propia, sin terminar el proceso con una nómina intercalada. Confía en que sus socios comprenderán que, si el experimento resulta exitoso, tendrán garantizados lugares en una eventual gestión, tal como ocurrió durante sus ocho años al frente del Ejecutivo porteño.
Larreta ve en la mesa política quincenal a los potenciales aliados. Los cuenta como parte de ese armado, pero también sabe que cada uno es capaz de hacer su juego y elegir otro camino en el futuro. Con lo que no está de acuerdo es con que lo amenacen con presentarse por fuera para sacarle votos en caso de no alcanzar un entendimiento.
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En busca del voto peronista: la apuesta clave de Larreta para entrar al balotaje
Con el peronismo de Juan Manuel Olmos las últimas conversaciones no arrojaron resultados concretos. Larreta lo vio algo desconectado de la rosca porteña, pero está convencido de que debe salir a disputar el voto peronista para cumplir su primer gran objetivo: entrar al balotaje. En esa línea, el electorado de la avenida Rivadavia hacia el sur aparece como una franja clave. Frente al corrimiento de la agenda nacional hacia la extrema derecha, la gestión de Horacio comienza a ser vista con ojos más progresistas, lo que le permite dar la pelea sin prometer imposibles, sino basado en lo que hizo durante su trayectoria en la Ciudad.
Ese segmento es decisivo para llegar a la segunda vuelta, pero Larreta también identifica una oportunidad en los puntos que el PRO perderá si consuma su alianza con los libertarios. Algunos encuestadores consideran que ese pacto le costará al partido amarillo un par de puntos que Horacio puede intentar conquistar.
Convencido de que las opciones extremas no son mayoría en la Capital, el larretismo descuenta que la elección se resolverá en balotaje, siempre que el escenario nacional del año que viene mantenga la tónica actual: una economía trabada y una imagen presidencial en desgaste. Frente a eso, Horacio busca instalar un discurso nítido con una identidad marcada, sin correrse de ahí según la conveniencia del momento. Sabe que si el clima de época exige polarización radicalizada no tendrá margen, y por eso suele repetir que si la Argentina se limita a elegir entre Javier Milei y Cristina Kirchner, él no tiene nada que hacer allí.
