Ajuste. Tarifazos. Inflación. Desempleo. Devaluación. Deuda. Fuga. Pobreza. No es ninguna novedad que Argentina hoy atraviesa una grave crisis económica, política y social. Palabras sueltas que se interrelacionan entre sí y que encierran algo mucho más profundo en su interior que cualquier variable: el malestar del pueblo.

A lo largo de este mandato los argentinos hemos sido rehenes de la política económica de este gobierno que nos dejará como saldo, de mínima, una estrepitosa baja del 17% en el poder adquisitivo del salario registrado.

El paro general de hoy, al que desde el Frente Productivo Nacional adherimos, es una expresión democrática en defensa propia, frente a la crisis que venimos advirtiendo desde múltiples y diversos sectores. Y es, sobretodo, un freno a una forma de hacer política. Un paro a la mentira y la financiarización de la economía que representa Cambiemos.

No hace falta ir demasiado atrás en el tiempo para saber que el Ejecutivo que hoy nos gobierna es el mismo que repetía como lorito que “creció la economía, bajó la inflación” y creó “700.000 puestos de trabajo”, en la Apertura de Sesiones Ordinarias. Un absurdo fácilmente contrastable con todas y cada una de las variables macroeconómicas del país.

Muchos de los que interpretamos la realidad desde el amplio abanico que representa el sector productivo en nuestro país advertimos, desde el 10 de diciembre de 2015, que el modelo que proponía Cambiemos venía a implosionar el mercado interno y, con tamaño desguace, se llevaría puestas a todas las pequeñas y medianas empresas que viven del poder de compra de los trabajadores. Hoy aquél pronóstico se plasma en los hechos y gran parte del pueblo empieza a notar que fue engañado.

Estamos inmersos en una coyuntura en la cual cierran 40 pymes por día, como efecto colateral de las políticas ejecutadas por el gobierno de la alianza Cambiemos. A los que nos desempeñamos en el sector toda nuestra vida, este panorama nos tiene muy preocupados: al ser responsables del 80% de la mano de obra del país, somos un sector dinamizador de la generación de empleo, de ingresos y de agregaduría de valor. Sin pequeñas y medianas empresas no hay modelo de país posible.

A Cambiemos se le acaba la nafta. Pierde elecciones. Mauricio Macri empieza a ser cuestionado, incluso internamente. El mercado olfatea la debilidad política. El dólar y el riesgo país se disparan desorbitadamente. Los costos de los platos rotos los pagamos los mismos de siempre: el conjunto de los trabajadores del pueblo argentino.

Desarrollar la industria nacional es una decisión política. Porque cuando una pyme tiene trabajo genera un círculo virtuoso del empleo: paga sueldos, compra mercadería a proveedores del barrio, mejora instalaciones, adquiere nuevas máquinas, contrata fletes o volquetes. El dinero pasa de mano en mano y amplía el abanico de las oportunidades para los que trabajan y no para los que especulan. Y es el Estado quien debe velar por que esto suceda. Lo que sucedió, claro, cuando en posición de gobierno estuvo un proyecto de crecimiento e inclusión. Caso contrario, como el actual, prima el interés por la especulación financiera, que destruye literalmente, la producción y el trabajo nacional.

La unidad para enfrentar a Cambiemos es lo que la mayoría de la gente demanda en cada rincón del país, para poder volver a vivir dignamente. Para frenar la mentira y la especulación de bancos, financieras y empresas que nada tienen que ver con el bienestar del pueblo argentino. Frenarlas de una vez por todas y recuperar un Estado activo que implemente políticas de consumo interno, con altos salarios y desarrollo de la producción nacional. Es tarea de los dirigentes y militantes estar a la altura de ese reclamo.

El círculo virtuoso de la producción y el empleo es la única forma de generar inclusión nuevamente en nuestro país. La única garantía para recuperar nuestra soberanía como nación y salir de esta crisis se llama Cristina Fernández de Kirchner.

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