Mujeres y política, historias para visibilizar

Breve historia para reivindicar a Cristina Liprandi, militante popular. 

09 de marzo, 2020 | 08.49

Somos muchas las que estamos viviendo en estos años una mezcla de entusiasmo y esperanza por el presente que estamos transitando y el futuro que estamos construyendo como sociedad. Presente que nos convoca a un trabajo arduo de reflexión, introspección y análisis, porque está claro que la tarea del feminismo popular y disidente requiere repensarnos en términos individuales y colectivos permanentemente, es un ejercicio cotidiano. El empoderamiento femenino no hace más, ni menos, que poner sobre el tapete la discusión de la igualdad, sobre las bases de una sociedad patriarcal que no termina de ceder, pero empieza a agrietarse, en pos de un nuevo orden que deberemos arrancar lucha a lucha, conquista tras conquista. El punto de inflexión sucedió hace varios años, cuando advertimos que el machismo nos mataba a mansalva y decidimos salir a las calles, pero lo cierto, es que históricamente hubo femineidades que no cumplieron con el rol asignado por el sistema y debieron pagar las consecuencias de su “osadía”. Una de las consecuencias fue la invisibilidad , el “no lugar”, el agujero negro de la historia en el que se perdieron sus figuras. Desde Juana Azurduy, María Remedios del Valle, Martina Chapanay, Macacha Güemes, cada una atravesada por su realidad y arrastrada a la exclusión por su condición de género y por las transversalidades que cada una cargaba sobre su historia personal (la pobreza, el gauchaje, descendencia).

Impuesto a las Grandes Fortunas

Durante el siglo pasado y éste, como hijas y nietas de esa historia, cientos son los ejemplos de las mujeres que vienen de manera silenciosa dando esa batalla en cada ámbito, en universidades y fábricas, en sindicatos y unidades básicas, en los ámbitos profesionales y académicos, y también, en la vida política real, a medida que vamos ocupando lugares de toma de decisiones. El Peronismo, sobretodo para las que nos sentimos parte,  ha sido tierra fértil para nuestro desarrollo desde su origen,  si contextualizamos época, luchas y logros. Lxs trabajadorxs transformándose en sujeto político, por primera vez en la historia, marcaron el cambio de paradigma dentro de la vida institucional y social y, siempre que cayeron las viejas estructuras que sostuvieron el status quo, las mujeres habíamos sido la deuda pendiente. Pero para el peronismo no fue así, y acá es donde  cierra el círculo de la Revolución: La irrupción de Eva Perón en la vida política argentina, (con toda su transversalidad: mujer pobre de Los Toldos e hija de un matrimonio “no legítimo”) puso de manifiesto el rol clave de las mujeres en la cosa pública. Aquel rol secundario y marginal de “las primeras damas” relegadas a coordinar las damas de beneficencia, fue roto para siempre en el campo popular democrático. El liderazgo de Evita dinamitó ese rol pre-asignado por una estructura social machista, para liderar - no sin costos personales -las luchas políticas en pie de igualdad. Veníamos de no acceder a las Universidades, de no votar, de dedicarnos únicamente al cuidado de niñxs y maridos. En ese contexto histórico de época, el voto femenino y el Partido Peronista Femenino , fueron la revolución necesaria para que hoy podamos discutir con anclaje histórico propio, y para que una mujer como Cristina Fernández de Kirchner pudiera conducir los destinos de la Patria en dos oportunidades, y sea hoy la Vicepresidenta de la Nación. Era impensado, hace veinte años un escenario en el que el tablero político regional sea  manejado por una mujer, que no sólo tiene extraordinarias capacidades como Estadista, sino que además, conduce al mismo Movimiento Nacional que la parió, con destreza única- otra vez, no sin costos personales-.

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En las siguientes líneas, nos vamos a encontrar y a reivindicar a nosotras mismas en las “anónimas”, aquellas luchadoras que vienen desde nuestra historia del siglo veinte y hoy, continúan sus luchas y se acoplan a las de nuestro tiempo de manera silenciosa, pero con testimonios de vida para revisar y visibilizar.

Ejemplo que ha pasado desapercibido es el de Cristina Liprandi, militante que nació en el seno de una familia conservadora de la oligarquía cordobesa y fue fundadora de uno de los movimientos revolucionarios más destacados del siglo veinte en América Latina. Ella, con sólo diecinueve años fue una de las pocas mujeres que estuvo en el seno fundacional de la organización político- militar Montoneros en la Provincia de Córdoba.

Una de las primeras acciones que contó con su participación fue el robo al Banco de Córdoba de la localidad de La Calera, realizado el 26 de diciembre de 1969, la cual además, fue la primera acción conjunta de las células porteñas y cordobesas del Grupo Fundador. Junto con Susana Lesgart y Norma Arrostito, Cristina Liprandi fue una de las tres mujeres que participaron en aquella acción política-militar. Lo sucedido en La Calera, sirvió no solo como operativo recaudatorio de dinero y armamentos para las posteriores operaciones, sino, por sobre todas las cosas, para aceitar los vínculos entre el Grupo Fundador Porteño y el Grupo Córdoba. La Calera tenía, de por sí, un valor simbólico ya que había sido el último foco de resistencia del peronismo durante la Revolución Libertadora. El 1 de Julio de 1970 a las siete de la mañana, unos veinticinco guerrilleros identificados con brazaletes del color de la bandera nacional y con la leyenda Montoneros, ingresaron a La Calera en varios vehículos. Estaban divididos en los comandos: “Eva Perón”, “Comandante Uturunco”, “General José de San Martín” y “29 de Mayo”. Durante una hora se apoderaron de: la central telefónica, la sucursal del Banco Córdoba, la comisaría, el correo y la Municipalidad. Se llevaron documentos, armas y dinero. Los comandos dejaron La Calera en un convoy de autos, esparciendo clavos “miguelito” a su paso, detrás de un falso patrullero. El dato pintoresco, fue la confección de una “bomba” que en realidad resultó ser un alto parlante que se dejó encendido a todo volumen con la “Marcha de los Muchachos Peronistas”. Ésta peculiaridad hizo que se ganaran la simpatía de muchos lugareños. Cristina Liprandi, también fue una de las dos mujeres que participó del copamiento de La calera en 1970. Resultado de este copamiento fue la prisión que sufrió durante un año en el penal de mujeres “El Buen Pastor” de Córdoba, del cual se fugaría un año después, en la primera fuga de cinco presas políticas de esa cárcel. La cárcel, por cuestiones políticas la volvió a encontrar durante 1973, ya radicada en Buenos Aires.

El 25 de mayo de 1973 fue indultada mediante el Decreto 11/73 del Presidente Héctor Cámpora y retomó la libertad. Continuó con su militancia política y luego del Golpe de Estado Genocida de 1976, ya con un hijo a cuestas, optó junto a su compañero de vida y militancia, Alfredo Labarta, por el exilio interno en una pequeña localidad del noroeste bonaerense, General Villegas. En 1979 tuvo su segundo hijo y permaneció oculta e indocumentada hasta el retorno democrático. Volvió a militar a fines de los años 80, pero el Menemismo acabó con su entusiasmo rápidamente. Durante esa etapa se desempeñó como docente rural hasta que un día, con la llegada del Kirchnerismo retomó la militancia política y sindical. Actualmente es la Secretaria General de SUTEBA en General Villegas, gremio de docentes bonaerenses que conduce Roberto Baradel. También milita en la Organización Nacional Peronismo Militante y asumió como Concejala por el Frente de Todxs en General Villegas. Su primer cargo electivo, le llegó a los 73 años de edad.

Son éstas mujeres, las anónimas de ayer, hoy y siempre las que, ladrillo a ladrillo, construyeron esa gloriosa resistencia en la que se luchaba cuerpo a cuerpo por el modelo económico, el modelo cultural, el industrial, el social, en una etapa histórica donde todo se puso en discusión pero en la que las imposiciones llegaron rápido y no perdonaron, las que han estado durante años ocultas porque el relato machista de la sociedad no podía concebir la presencia y, mucho menos, el lugar de mando en algunos casos, de mujeres que no fueron sumisas y no aceptaron el lugar que el mundo les guardaba para ellas, relacionado exclusivamente al cuidado de los héroes varones.  Tiraron todo abajo, se forjaron  heroínas, rompieron con el techo de “lo permitido” y fueron castigadas doblemente, porque el olvido es una forma de castigo atroz.  

En tiempos de reconocernos entre nosotras, recordar a Cristina Liprandi es vital, porque gracias a que ayer  tomó una ciudad como La Calera, hoy nosotras tomamos las calles.

Nunca más, la historia se hará con la sangre de las valientes y se escribirá con la pluma de los cobardes. 

Ahora sí nos ven. Ya nada volverá a ser como antes.

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