El título de la nota recuerda una frase que, con el ingenio e ironía que lo caracterizaba, Roberto Fontanarrosa ponía en boca de una de sus personajes más emblemático: Inodoro Pereyra, “El Renegau”. Que tanto se ajusta a los disparates que hoy declaman desde el oficialismo.

 

Sin límites

 

La búsqueda de causas que expliquen la abrupta caída de la imagen del Presidente, que tuvo una manifestación explícita en las PASO, no puede prescindir de las políticas adoptadas por el Gobierno y de sus perniciosos efectos en la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, los funcionarios como los referentes de la Alianza Cambiemos no toman nota de cuestión tan evidente, limitándose a la formulación de enunciados vacíos de todo contenido y carente de la menor autocrítica.

Como antes se apelaba a pesadas herencias, fenómenos climáticos o problemas coyunturales cuya solución se auguraba de semestre en semestre, ahora se pretende responsabilizar a la oposición –y por ende, al electorado que le brindó masivamente su apoyo- de la agudización del desastre económico que vive la Argentina.

Más aún, aducen que el futuro de la República afronta un serio riesgo de ratificarse esas preferencias electorales en octubre, que sólo ellos podrían sortear manteniendo y profundizando el rumbo asumido.

 

 

No se ven, se rompió el espejo

 

La mentira ha sido el rasgo más saliente, no sólo por el incumplimiento de las promesas de campaña del 2015, sino porque se constituyó en un método para perseguir opositores, estigmatizar la protesta social y sindical, inventar conspiraciones, multiplicar denuncias valiéndose de complicidades judiciales, atribuirse obras de infraestructura y mejoras institucionales inexistentes.

Si bien es cierto que la farsa montada les ha rendido frutos, por la enorme ayuda con que han contado para sostenerla, instalando la idea de que venían a restaurar los valores republicanos y a colocar al país en el mundo dejando atrás un pasado que identificaban con los 70 años que le precedieran, esa falsa imagen especular se ha desvanecido por una realidad que ya es perceptible hasta para el más desprevenido.

Los Mercados fueron el lugar donde depositaban su mirada, otro tanto los organismos financieros internacionales, allí era donde se reflejaban y encontraban el beneplácito para arrogarse la condición de refundadores de una próspera Nación.

Por su parte, los medios de comunicación hegemónicos y un periodismo mercenario cumplía un rol fundamental para dar por cierto que, efectivamente, el Presidente era un estadista y su Equipo el mejor de los últimos 50 años.

Hoy asisten desencantados, aunque se esfuerzan en disimularlo, a un derrumbe que era previsible, tanto como a la imposibilidad de verse reflejados en esos espejos que han desaparecido.

 

No tienen propuestas, ni destino

 

Ni en la pobreza discursiva de Macri, ni en los ininteligibles mensajes de Gabriela Michetti, ni en la ingenuidad apostrofada de María Eugenia Vidal, ni en la verborragia irascible de Carrió, aparecen planteos propositivos que definan alternativa alguna para superar la crisis que han provocado.

Tampoco el flamante Ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, brinda indicio ninguno de un camino cierto en tal sentido, limitándose a centralizar su accionar en la contención del dólar que no es más que un emergente y que no excede de un objetivo puramente electoralista.

La convocatoria a los equipos económicos de las otras fuerzas políticas, que exhiben como propio de una vocación de diálogo que nunca han demostrado en más de tres años, persigue comprometer a la oposición en las consecuencias esperables en orden al creciente descontento de la población, como al descrédito que han promovido de la clase política en general y con ello a una indiferenciación que sirva para disimular las responsabilidades del Gobierno.

No insisten ya en referencias explícitas a las medidas aplicadas, que dieron como resultado indicadores negativos en materia de institucionalidad, pobreza, empleo, salud, educación, junto a elevadísimas tasas de inflación combinadas con el estancamiento de la actividad económica y un endeudamiento del Estado sin precedentes. Es lógico que así procedan, porque no tienen otro Programa para un futuro Gobierno que no sea más de lo mismo y eso, está claro, no suma votos.

 

Buscando una salida decorosa

 

Si se guiaran por los pasos de su gurú Jaime Durán Barba, la salida deberían buscarla por Ezeiza. Pero por el momento han optado por montarse en una épica triunfalista que desmienten sus antecedentes, como las proyecciones electorales y las lecturas que de las mismas hacen los representantes del poder económico.

La sollozante convocatoria de Luis Brandoni (desde España) para que salgan a las calles y se movilicen los macristas en defensa de la República, no llegó a empalidecer la heroicidad de Elisa Carrió al afirmar que de Olivos nos van a sacar muertos.

Frase que entrelíneas podría entenderse como que, en términos políticos, están moribundos y con presunción de un pronto fallecimiento.

El escenario glorioso que plantean desde Juntos por el Cambio bien podría interpretarse a la luz de una de las historias que relataba Fontanarrosa, cuando Inodoro Pereyra rodeado por decenas de milicos que lo asediaban dice: Venderemos cara la derrota y su perro Mendieta, reflexivo, le señala: Una derrota… y cara, Don Inodoro: ¿Quién la va a comprar?