Una apariencia normalidad se materializó en muchas partes de Venezuela el lunes tras la captura por parte de Estados Unidos del derrocado presidente Nicolás Maduro el fin de semana, aunque las calles y las tiendas estaban más vacías de lo habitual.
Muchos venezolanos dijeron que todavía estaban procesando los acontecimientos del sábado, cuando una operación militar sacudió Caracas y otras áreas, y esperan un período prolongado de incertidumbre política y económica.
Mariela González, de 52 años, propietaria de un negocio de belleza y maquillaje en la ciudad de Barquisimeto, al oeste del país, dijo que había conversado con otros comerciantes vía WhatsApp y optó por reabrir el lunes después de cerrar el fin de semana. "Tenemos temor, pero no podemos paralizarnos", destacó.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dicho que su país "gobernará" Venezuela en espera de una transición política, al tiempo que ha amenazado con más acciones militares si un nuevo gobierno interino liderado por quien fuera la vicepresidenta de Maduro no coopera con las demandas de Washington.
Después de un aumento de compras por la incertidumbre durante el fin de semana, el tráfico de clientes fue más lento de lo habitual el lunes, dijeron los empleados de una tienda.
"Abrimos porque tenemos que trabajar y también porque hay alimentos perecederos que se pueden dañar. Sin embargo, las personas vienen a comprar lo básico", dijo Rosendo Linárez, de 38 años, encargado de un supermercado en Barquisimeto.
En Maracaibo, la segunda ciudad más grande de Venezuela, en el estado occidental de Zulia, los conductores de taxis y autobuses estimaron que más de un tercio de sus colegas se quedaban en casa por miedo y por falta de clientes.
"Hoy me tocó madrugar para sacar a los pasajeros, por fin la gente que vino a pasar navidades, que se quedó varada, pudo salir", dijo Marielys Urdaneta, una conductora de 41 años, quien dijo que se presentó a trabajar porque necesitaba el dinero para sus gastos en alimentación.
Douglas Sánchez, quien vende bocadillos en un quiosco en Caracas, coincidió.
"Uno siente angustia, desesperación, todo eso, pero tenemos que salir a trabajar, salir a ganar nuestro dinerito para comprar comida y cosas. Porque si uno no sale a trabajar, no tiene nada", dijo.
Daniel Morillo, de 30 años, quien emigró a Perú hace cinco años, estaba visitando su ciudad natal, Maracaibo, durante las vacaciones de Navidad. Tras los sucesos del fin de semana, dijo que planeaba acortar su viaje y usar el dinero que le quedaba para comprar medicamentos y comida para sus padres.
"Pensé que me iría triste solo por la despedida de mis padres (...) no con este nudo en el pecho por dejarlos en esta incertidumbre", señaló Morillo.
(Redacción Reuters. Escrito por Brendan O'Boyle, editado por Javier Leira)
