En México, cualquier rincón puede ser un estadio

09 de junio, 2026 | 15.18

En ​México, uno de los países coanfitriones del Mundial, se habilitan campos de fútbol allá donde las comunidades encuentran espacio. En las afueras ‌de las ciudades, en los pasos ‌subterráneos de las autopistas e incluso en el cráter de un volcán, se despejan espacios que permiten a jóvenes y mayores compartir el sueño del deporte rey.

En un barrio empobrecido de Monterrey, en el norte de México, Humberto Guadalupe, de 14 años, al que amigos y familiares llaman "Messi", pasa los fines de semana en el único campo de fútbol de la comunidad, rodeado ​de coches abandonados y ⁠caminos de tierra.

Al igual que el legendario jugador argentino que inspiró su ‌apodo, sueña con convertirse algún día en futbolista profesional, animado ⁠por su abuela. "Yo sé que lo voy ⁠a lograr sí o sí", dice. "Aunque perdamos un partido, tenemos que tener nuestras cabezas altas".

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En el centro del país, en un distrito rural a las afueras de ⁠Ciudad de México, las familias llegan en coche, moto, bicicleta y ​a pie para ver los partidos en el "Campo de ‌los Dioses", una cancha de fútbol ‌situada en el cráter del extinto volcán Teoca.

La niebla flota entre los ⁠pinos y los huertos frutales que rodean el campo en el antiguo cráter, casi 700 metros por encima de la extensa capital, ubicada a más de 2,200 metros de altura sobre el nivel del mar. Construido por la ​comunidad hace ‌más de 60 años, lo utilizan los equipos locales aficionados los domingos.

En la cercana Xochimilco, en el sur capitalino, los futbolistas navegan por los canales en las tradicionales trajineras, barcas de madera, y cruzan las chinampas, las antiguas parcelas agrícolas o jardines flotantes que ⁠ayudaron a sustentar la capital azteca hace siglos.

Se dirigen a jugar en algunos de los últimos campos de césped natural que quedan en Ciudad de México.

Situados dentro de un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, los campos son un importante centro social, pero su creación puede ser perjudicial para la ecología de la zona y el hábitat del ajolote, una salamandra endémica de la zona, ‌según los científicos.

Aunque separados por el paisaje y la distancia, estos partidos comparten el mismo ritmo: comunidades que construyen espacios en torno al fútbol en lugares marcados por las dificultades, la geografía y la memoria.

La fotógrafa de Reuters Raquel Cunha pasó unos tres meses tomando fotos de partidos de fútbol amateur por todo ‌Ciudad de México y más allá; trabajó principalmente los domingos, cuando los jugadores salen en masa.

Seleccionó la mayoría de sus sujetos examinando de cerca la ciudad en aplicaciones ‌de mapas y luego ⁠eligiendo una lista de 15 lugares para fotografiar con un dron.

De entre ellos, eligió dos en la ciudad y uno ​en el norte industrial para fotografiarlos también desde el suelo, con entornos contrastantes: la cruda Monterrey; un suburbio verde y montañoso; y un barrio histórico de canales.

Con información de Reuters