Los Estados Unidos: un territorio en disputa

18 de julio, 2020 | 19.00

La propagación del virus COVID-19 ha generado turbulencias económicas y sociales hacia el interior de las naciones, popularizando la frase “territorio en disputa”. Las tensiones se agudizan de un modo singular y se vaticinan potentes cambios una vez superada la pandemia.

Desde el mes de marzo hasta el presente, el derrotero seguido por los Estados Unidos lo convirtieron en un emblema de la colisión de poderosas fuerzas internas que pugnan por impartir un rumbo estructural a la principal potencia del orbe pero que, a la vez, exteriorizan una sociedad lacerada y confusa por años de desestructuración de su tejido constitutivo.

La ausencia de un sistema de salud pública quedó en evidencia con los casi 140.000 fallecidos por la peste. A su vez, convergió con el desmadre provocado por un sistema laboral precarizado que llevó velozmente a 39 millones de estadounidenses a demandar el seguro de desempleo. Este cuadro de situación fue rematado por el brutal asesinato de George Floyd a manos de la policía estadual, lo que puso en la superficie la falta de garantías constitucionales para los humildes. 

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En pocas semanas, los Estados Unidos mostraron que no todos los ciudadanos cuentan con los mismos derechos. Muy lejos está el presente de la potencia global triunfante en la Segunda Guerra Mundial y luego en la Guerra Fría, que exhibía el “estilo de vida americano” como modelo incuestionable de sociedad.

De Obama a Trump: subsidio a las acciones 

Mientras esta tragedia se despliega, la Reserva Federal lanza el “Flexibilidades cuantitativas 5-QEV”, mediante el cual se compran títulos, valores públicos y privados, en forma masiva para inyectar liquidez en el mercado. El volumen volcado en esa modalidad de préstamos hacia las instituciones financieras fue, hasta ahora, de casi u$s 3 billones, a una tasa de interés reducida del 0,25%.

Repitiendo el comportamiento de la crisis del 2008, la Reserva Federal interviene con emisión monetaria para rescatar las acciones del sector privado en crisis. La política monetaria actúa como un motor de la actividad bursátil y financiera para sostener el valor de las acciones corporativas, fondos que esas empresas usan para recomprar sus propias acciones y consolidar su capital. De este modo, no financia el déficit de las cuentas públicas ocasionado por las políticas de recuperación de la demanda efectiva, sino que subsidia el valor de los paquetes accionarios de las grandes empresas.

El analista financiero German Fermo escribió en el Cronista Comercial: “Desde el 2009 hasta la actualidad la economía de Estados Unidos creció en promedio nominal anual solamente un 3,75%. Sin embargo, el Nasdaq lo hizo con un promedio nominal anual de 20,16%, el S&P con un 11,43% anual y el Dow con un 9,45%. Claramente se observa que el mercado de equity norteamericano creció muy por encima del promedio nominal de su respectiva economía lo que nos permite una conclusión razonablemente obvia: los dólares emitidos en las Facilidades Cuantitativas I, II y III (del 2008/2009) por la Reserva Federal terminaron comprando activos financieros de valor intrínseco”. Divorcio entre la economía real y la política monetaria si los hay, alentado con fondos públicos. Desde febrero, la historia vuelve a empezar.

El presidente de los EE.UU., Donald Trump, cuando declaró la emergencia nacional por el COVID-19. Crédito: Agencia Xinhua

Este mecanismo de liquidez para recompra de acciones dispuesto por la Reserva Federal apunta a resguardar a las empresas núcleo del desarrollo de la “inteligencia artificial”: Google-Apple-Facebook-Amazon-Microsoft (grupo GAFAM), las cuales compiten con sus similares chinas lideradas por Huawei. Esta política es leída como una contraofensiva de los sectores de poder impulsores del sostenimiento de los EE.UU. como potencia global en detrimento del proyecto continentalista-industrialista desplegado por el gobierno de Donald Trump desde su asunción de la presidencia en 2017.

El golpe de los mercados financieros, utilizando el marco de deterioro socio-económico producido por la pandemia y apropiándose de las políticas de salvataje, procura producir un cambio de gobierno en las elecciones del próximo 4 de noviembre, a fin de retomar el rol planetario de los EE.UU.

Hasta ahora, el gobierno republicano se ha mostrado impotente para torcer el rumbo impuesto por la Reserva Federal al programa de facilidades cuantitativas, viendo diluirse el trienio de recuperación económica y baja del desempleo. El partido demócrata, con su candidato presidencial Joe Biden, mantiene sus críticas a la situación general pero guarda un prudente silencio sobre el rumbo de la política monetaria.

La emisión monetaria sin límite, tal como se ha planteado, desencadena un problema a futuro que es la pérdida de cotización del dólar como moneda de reserva internacional. El desafío se lo vuelve a plantear China que, como segunda economía mundial, pretende otorgarle al yuan también status de divisa global. 

La disputa entre el modelo industrialista-continental inaugurado por Donald Trump y el financiero-globalista se despliega sobre una sociedad fragmentada y golpeada económicamente durante años, sin liderazgos capaces de representarla.

El capitalismo financiero no genera una economía de crecimiento y la emisión de dólares para sostener sus valores puede deteriorar severamente la capacidad de EE.UU. de solventar sus déficits externo y fiscal. El modelo industrialista-continental se ha revelado como extremadamente débil política y económicamente frente al escenario desafiante del virus, aprovechado al extremo por los financistas y sus sostenes políticos.

Los líderes de nuestra región, y en particular de la Argentina, deben sopesar adecuadamente el devenir de la principal potencia mundial, hoy convertida en territorio en disputa.

 
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Roberto Feletti

Actualmente es secretario administrativo del Senado de la Provincia de Buenos Aires. Desde 2015 hasta 2019 se desempeñó como secretario de Economía y Hacienda del Municipio de La Matanza. Anteriormente ha ocupado diversos cargos y funciones, entre los que se destacan: diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires y presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara baja (2011-2015);  viceministro de Economía de la Nación (2009-2011); vicepresidente del Banco de la Nación Argentina (2006-2009); ministro de Infraestructura y Planeamiento de la Ciudad de Buenos Aires (2003-2006) y presidente del Banco de la Ciudad de Buenos Aires (200-2003). Además es docente en la materia Administración Financiera en la Universidad Nacional de Moreno, tarea que ha desarrollado en otras universidades.

 

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