El encarecimiento habitacional en la Ciudad de Buenos Aires consolidó una realidad crítica: el salario mínimo ya no alcanza para costear un techo propio, según las cifras de junio. La drástica brecha entre el parámetro que marca el salario mínimo y el mercado inmobiliario empuja a los trabajadores a situaciones de vulnerabilidad, transformando el derecho al alquiler en un privilegio inalcanzable dentro del territorio porteño.
La brecha habitacional: los números detrás de la crisis
La odisea de buscar un lugar donde vivir en la Capital Federal dejó de ser un problema de garantías para convertirse en un factor de exclusión estrictamente económico.
Los valores actuales del mercado impiden de forma generalizada que una parte sustancial de la población activa pueda cubrir de forma autónoma el costo de su residencia, obligando a los inquilinos a destinar recursos extras o migrar hacia zonas periféricas con menor infraestructura.
De acuerdo con el último relevamiento del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso), la mediana para el alquiler de un monoambiente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se posicionó en los $600.000 mensuales. Si se contrasta este valor con el salario mínimo vital y móvil fijado para el mismo mes en $367.800, queda en evidencia que dicho ingreso apenas llega a cubrir el 61,3% del valor total de la locación.
El costo real de mantener un techo en la Ciudad
La problemática no concluye con el pago neto del canon mensual al propietario. Quienes logran acceder a una vivienda deben afrontar una serie de costos asociados que terminan por pulverizar los salarios:
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Incidencia de las expensas: Los gastos comunes de mantenimiento edilicio representan, en promedio, un 22,7% adicional sobre el valor de oferta del inmueble.
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Dolarización del mercado: Un 26% de las ofertas vigentes se publican directamente en moneda extranjera, dificultando la previsibilidad de los contratos.
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Evolución de las unidades más grandes: Un departamento de dos ambientes tiene una mediana de $700.000, mientras que las unidades de tres ambientes alcanzan el $1.000.000 mensual.
Pese a que las estadísticas del Ceso reflejan que la oferta general de inmuebles registró una suba del 44% en comparación con el año anterior, este incremento en el stock disponible no se tradujo en un alivio real para el bolsillo de los trabajadores.
La estabilidad nominal mensual contrasta con una variación interanual en los monoambientes que trepó al 33,3%, un porcentaje que continúa ensanchando la brecha con los ingresos de la población.
