¿Corre riesgo el Mundial 2026 por el ataque de Estados Unidos a Venezuela? El antecedente de FIFA

El ataque de Estados Unidos a Venezuela reavivó dudas sobre el Mundial 2026 y el rol de la FIFA ante conflictos armados que involucran a países anfitriones.

03 de enero, 2026 | 15.38

Luego de que de que Gianni Infantino le entregara a Donald Trump el Premio de la Paz de la FIFA, una decisión del presidente de Estados Unidos volvió a sacudir el escenario internacional. El bombardeo sobre Venezuela, con el secuestro de Nicolás Maduro, abrió un debate inesperado: si el Mundial 2026, que tendrá a Estados Unidos como anfitrión, podría verse afectado por un conflicto de alcance geopolítico.

La orden de Trump de lanzar una ofensiva militar contra Venezuela generó una fuerte repercusión internacional. Según la información disponible, la operación tuvo como objetivo el secuestro de Maduro y fue interpretada como una violación directa de la Carta de las Naciones Unidas, al tratarse de un acto bélico en territorio soberano.

Este hecho reavivó interrogantes sobre la postura que podría adoptar la FIFA frente a un país que, además de protagonizar una acción militar, será sede central del Mundial 2026 junto con México y Canadá. El debate no tardó en trasladarse al ámbito deportivo, donde los antecedentes pesan.

¿Está en peligro el Mundial 2026?

Por el momento, la respuesta oficial es clara: no. La FIFA no emitió ningún comunicado que sugiera la cancelación del Mundial 2026 ni un cambio de sede. Sin embargo, la falta de pronunciamiento no impide que el tema genere inquietud, sobre todo si se observan los antecedentes recientes del organismo frente a conflictos armados

El caso más cercano en el tiempo ocurrió en 2022, cuando tras la invasión de Rusia a Ucrania, la FIFA y la UEFA resolvieron suspender a la selección rusa y a todos los clubes del país de sus competencias “hasta nuevo aviso”. Esa decisión dejó a Rusia fuera del Mundial de Qatar 2022 y la marginó del fútbol internacional.

La diferencia clave: anfitrión versus participante

La comparación con Rusia introduce una diferencia central. En aquel caso, se trataba de un país participante, no organizador. Estados Unidos, en cambio, será anfitrión del Mundial 2026, lo que cambia radicalmente el escenario. La FIFA históricamente ha mostrado mucha mayor cautela a la hora de sancionar a países sede, debido al enorme impacto logístico, económico y político que implicaría retirar o modificar una organización ya adjudicada. 

Un cambio de sede implicaría reestructurar estadios, calendarios, contratos comerciales y acuerdos gubernamentales, algo que el organismo rector del fútbol mundial evita salvo en situaciones extremas.

Antecedentes que la FIFA no puede ignorar

Más allá de la prudencia, existen antecedentes que alimentan el debate. En 1992, Yugoslavia fue excluida de las eliminatorias rumbo al Mundial de Estados Unidos 1994 como consecuencia de las sanciones impuestas por la ONU durante la guerra en los Balcanes. También fue apartada de la Eurocopa de ese año, torneo que terminó ganando Dinamarca tras ocupar su lugar. 

En el caso ruso, además de la suspensión de selecciones y clubes, la UEFA retiró la sede de la final de la Champions League a San Petersburgo y trasladó el partido a París, argumentando razones de seguridad y coherencia institucional. Estas decisiones se alinearon con las recomendaciones del Comité Olímpico Internacional para preservar la integridad de las competiciones.

Un escenario extremo, pero poco probable

Si el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela se profundizara o derivara en una crisis de seguridad regional, la FIFA podría verse presionada a revisar el rol estadounidense como anfitrión del Mundial 2026. No obstante, especialistas coinciden en que una medida extrema como retirar la sede resulta altamente improbable, salvo que la situación escale a niveles que comprometan directamente la seguridad internacional. 

Por ahora, el torneo sigue en pie y avanza según lo previsto. Sin embargo, el episodio vuelve a dejar en claro que, en el fútbol moderno, la política y la geopolítica están mucho más cerca del balón de lo que suele admitirse.