Más de dos siglos después de su publicación, Sensatez y Sentimiento vuelve al cine con una nueva adaptación que busca acercar el universo de Jane Austen a otra generación. Protagonizada por Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles, la película dirigida por Georgia Oakley recupera la historia de las hermanas Dashwood, pero pone especial atención en la complejidad de sus vínculos, el humor de la escritora y la vigencia de sus observaciones sobre las relaciones humanas.
Detrás del proyecto hay decisiones creativas, coincidencias entre las actrices y una novela que, pese a haber sido escrita en el siglo XIX, todavía ofrece situaciones reconocibles para el público actual.
Jane Austen publicó la novela sin revelar su nombre
Una de las curiosidades más llamativas se encuentra en el origen de la obra. Cuando Sensatez y Sentimiento llegó a las librerías, el 30 de octubre de 1811, Jane Austen no figuraba como autora. La portada presentaba el libro como una obra escrita «por una dama».
La decisión respondía a las restricciones sociales de la época. Para una mujer de clase alta, dedicarse a una actividad remunerada podía resultar cuestionable, mientras que la lectura de novelas también despertaba sospechas entre algunos sectores moralistas. Sin embargo, el anonimato no impidió que la escritora consiguiera reconocimiento. La novela recibió elogios de la crítica y llegó a tener entre sus admiradores al príncipe regente, quien posteriormente se convertiría en el rey Jorge IV.
El libro fue un éxito desde sus primeros años
El recorrido editorial de la novela demuestra que su popularidad no es un fenómeno reciente. En julio de 1813, apenas dos años después de su publicación, el editor Thomas Egerton ya había vendido los 750 ejemplares de la primera edición y avanzaba con una segunda impresión. Desde entonces, la obra continuó reeditándose y se convirtió en uno de los títulos fundamentales de la literatura de Austen.
Los romances de Austen tienen algo del amor en tiempos de redes sociales
La guionista Diana Reid encontró una conexión inesperada entre las experiencias sentimentales de los personajes y los vínculos contemporáneos. Al releer la novela para escribir la adaptación, reconoció comportamientos que hoy podrían describirse con términos como love bombing -una demostración excesiva de afecto para generar un vínculo intenso- o ghosting, cuando alguien interrumpe repentinamente el contacto sin dar explicaciones.
Aunque los personajes viven en una sociedad muy diferente de la actual, sus decepciones, expectativas y malentendidos siguen resultando familiares. La película recupera esa dimensión de la escritura de Austen: detrás de los vestidos de época y las convenciones sociales hay personas que desean ser amadas, temen equivocarse y deben aprender a convivir con las decisiones ajenas.
La verdadera historia de amor también es la de dos hermanas
Elinor y Marianne Dashwood representan dos maneras opuestas de afrontar la vida. La primera intenta controlar sus emociones y prioriza las necesidades de los demás; la segunda expresa lo que siente sin demasiados filtros y persigue sus deseos con intensidad. La nueva película no reduce esa diferencia a una simple oposición entre razón y pasión. Su directora, Georgia Oakley, quiso destacar cómo ambas fuerzas conviven dentro de muchas personas y pueden entrar en conflicto.
La directora quiso mostrar mujeres que no esperan sentadas a sus pretendientes
Oakley buscó alejarse de la imagen de las mujeres de época confinadas a interiores elegantes, esperando visitas y organizando encuentros matrimoniales. En esta versión, las protagonistas recorren campos, se despeinan con el viento y aparecen realizando actividades cotidianas. La intención es presentarlas como personas con una vida propia, deseos y una relación concreta con el mundo que las rodea.
La cineasta ya había demostrado su atención al contexto y a los detalles en Blue Jean (2022), su ópera prima sobre una profesora que oculta su homosexualidad en la Inglaterra de Margaret Thatcher.
