Ricardo Barreda pasó a la historia de la criminología argentina como uno de los mayores femicidas. Si bien su crimen ocurrió el 15 de noviembre de 1992, en los últimos días volvió a estar en boca tras el estreno de una película sobre el caso en Prime Video. Protagonizada por Luis Machín, el film reconstruye los hechos, el juicio y se embarca en la intimidad del asesino que se cobró la vida de su mujer, hijas y suegra en La Plata. En este sentido, muchos espectadores se preguntan qué fue real y qué es un invento en pos de la ficción.
Qué es real y qué no en la película de Barreda
La escopeta que le regaló su suegra
En la película, Elena le regala a su yerno la escopeta con la que después él asesinó a las cuatro mujeres de su familia: una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma llegada desde España que Barreda utilizaba para ir de caza. Durante el juicio, el propio femicida declaró que el arma había sido un regalo de su suegra, un dato que también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Después de los asesinatos, se deshizo de la escopeta arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también reconstruye.
La vidente "Pirucha" y su influencia sobre Barreda
María de las Mercedes Guastavino, conocida como "Pirucha", fue una vidente cercana a Barreda que declaró en el juicio de 1995. Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer le hablaba de magia negra y le hacía creer que las mujeres de su familia querían matarlo, algo que la película retrata fielmente. También muestra que, después de los asesinatos, Barreda pasó por la casa de Pirucha para pedirle ayuda, un episodio que también habría ocurrido: según el relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el femicida le dijo al llegar "me mandé una macana". Su influencia sobre Barreda fue incluso discutida durante el proceso judicial, aunque nunca se probó que hubiera instigado los asesinatos.
La relación con sus hijas
La película muestra a Cecilia y Adriana como dos jóvenes con proyectos de vida en marcha. Pero en verdad, en la vida real, poco y nada trascendió sobre ellas, ya que durante años el relato del caso se concentró casi exclusivamente en la figura del asesino. Sí hay registro de que el novio de Cecilia declaró como testigo en las audiencias contra Barreda, y su abogado, consultado por El Día en 2014, confirmó que el hombre relató haber encontrado varias veces al odontólogo en confiterías o teatros con distintas mujeres, algo que generaba un clima de aislamiento y asfixia en la familia. Además, las amigas de Cecilia habían declarado en 1992 al periodista Enrique Russo que evitaban ir a la casa "porque era mano larga".
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La venta de la casa y el pedido de divorcio
La película muestra que Gladys y Elena tenían intención de vender la casa familiar, y que Gladys había comunicado su deseo de separarse de Barreda. A diferencia de otros elementos de la trama, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando la venta de la propiedad. Sí está documentado que Barreda y Gladys habían atravesado una separación previa al crimen, aunque seguían casados legalmente y él ocupaba parte de la vivienda, hasta que en algún momento volvieron a convivir bajo el mismo techo.
El origen del apodo "Conchita"
Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban "Conchita" como una forma de humillarlo, y ese apodo terminó quedando asociado para siempre al caso. La película muestra el origen de ese sobrenombre como una construcción propia del femicida, en línea con lo que planteó su abogado en ese momento: que necesitaban un argumento fuerte para denunciar a las víctimas. No hay, sin embargo, una prueba definitiva sobre si las mujeres realmente lo llamaban así. El periodista Rodolfo Palacios investigó el caso en profundidad en su libro Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres (2011), y puso en duda la existencia real del apodo.
