La dimensión afectiva en el ámbito del trabajo doméstico

26 de febrero, 2022 | 16.46

Cuidado de niños y ancianos así como el trabajo doméstico son parte de una dimensión afectiva que se establece en paralelo al vínculo contractual entre empleador y empleada, y es un tema que suele atravesar la vida de la mayoría de las personas y las décadas, algo en lo que trabajó el sociólogo Santiago Canevaro en su libro "Como de la familia", con Buenos Aires como campo de investigación.

¿Cómo se caracteriza el tipo de implicación que las empleadas domésticas entablan con el mundo material y emocional de sus empleadores? "Tiendo a pensar que la implicación es al mismo tiempo ambigua, compleja y necesaria, porque las trabajadoras domésticas tienen que cuidar de los objetos personales de los empleadores y al mismo tiempo tienen que realizar un trabajo de una determinada manera, e implicarse afectivamente en el caso de que cuiden niños, y cuando no cuidan niños también, porque a veces la manera de limpiar tiene que ver con la forma en que se relacionan con sus empleadores", reflexiona Canevaro en diálogo con Télam.

También indica que la ambigüedad está en "conocer e implementar los procedimientos y las maneras específicas de cada uno de los hogares donde trabajan", y el de sus propios hogares. "Hay una ambigüedad entre lo que tienen que hacer adentro y en sus hogares, o cómo aprender lo que tienen que hacer en el espacio laboral/privado de los empleadores", señala.

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"Al mismo tiempo, cuando se trata de cuidados, lo complejo y ambiguo es que a mayor implicancia afectiva o mayor grado de cercanía, se podría leer que está mejor hecho el trabajo, porque el trabajo de cuidado supone eso", dice el investigador. Y agrega: "la mayor implicancia da un mejor trabajo de cuidado en este caso, pero muchas veces eso va en detrimento o se pone en tensión con las propias dinámicas afectivas, tanto de maternidad como de cuidado de los propios empleadores".

Canevaro menciona desde una afectividad positiva el caso de "niños que reconocen mayores cuidados por parte de las trabajadoras que de los propios padres", o la relación afectiva de los ancianos y sus cuidadores que lleva a veces a que los primeros reconozcan derechos y otorguen compensaciones monetarias a los que cotidianamente cuidan de ellos, ante el desacuerdo de los propios familiares, algo que puede llevar a disputas judiciales.

"La implicancia tiene que ser de alguna manera equilibrada pero si o si hay una especie de ontología del espacio que supone que tiene que haber una implicancia para que el trabajo sea realizado de una manera positiva, o eficiente o eficaz, entonces ahí está la tensión", afirma.

¿En qué medida la dimensión afectiva entre empleada y empleadores permite atenuar o diluir las asimetrías económicas y sociales que definen el vínculo y en qué medida, la ausencia de este tejido afectivo magnífica esas diferencias? "La dimensión afectiva no termina atenuando o diluyendo las asimetrías que se sostienen, pero sí permiten procesar la desigualdad o la relación de diferencia de clase de manera distinta, tomando en verdad los elementos, la gramática, el lenguaje, los instrumentos o todo lo que se condensa en el espacio del hogar como lugar de trabajo; entonces allí el vínculo pasa a ser parte de la manera en cómo se regula esa relación laboral y al mismo tiempo de desigualdad o de diferencia de clase", explica.

Como ejemplo, Canevaro describe la preferencia por parte de las trabajadoras en tener como empleadores a buenas personas antes que buenos patrones, porque las buenas personas les permiten acceder a ciertos beneficios, favores, compensaciones que "les permite sostenerse en el mercado de trabajo y mejorar sus condiciones sociales, comparativamente con otros trabajos que puedan conseguir dentro del universo laboral en el que participan" -explica- un tipo de relación que algunos estudios califican como negativos.

"Esta dimensión afectiva cuando no está presente es en trabajos más fríos o desapegados en donde por ejemplo el patrón no considera la situación personal, marital o de hijos que puede tener una trabajadora, que en el caso del servicio doméstico por ser un trabajo de mucha implicancia afectiva -por tratarse de un lugar como el hogar-, siempre está presente esta pregnancia o cercanía, no solo física sino afectiva entre unos y otros, sobre todo en el caso de los trabajos de cuidados", concluye el investigador.

Con información de Télam

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