Con la llegada de la menopausia, es normal que los brazos pierdan firmeza debido a la pérdida progresiva de masa muscular que se produce con el paso de los años. Sin embargo, entrenar esta zona del cuerpo no debería entenderse únicamente como una forma de combatir la flacidez: el trabajo de fuerza también ayuda a mejorar la postura, el equilibrio y la capacidad para realizar actividades cotidianas con mayor seguridad e independencia.
“Si a los 50 entrenas los brazos, mejoras todo: postura, toma de decisiones, independencia, autoestima…”, asegura el entrenador Álvaro Puche en declaraciones a CLARA. Aunque conseguir unos brazos más tonificados pueda ser la motivación inicial para empezar a entrenar, los beneficios van mucho más allá de lo que vemos frente al espejo. Músculos como bíceps, tríceps, hombros, espalda y antebrazos intervienen en numerosos movimientos del día a día y mantenerlos fuertes puede marcar una diferencia importante a medida que pasa el tiempo.
Por qué los brazos pierden firmeza durante la menopausia
Con el envejecimiento, el organismo tiende a perder masa muscular de forma natural, un proceso conocido como sarcopenia. La entrenadora Camilla Monguzzi explica que, a partir de los 50 años, “el cuerpo empieza a perder masa muscular de forma natural si no se estimula con entrenamiento de fuerza”.
Esta pérdida de músculo puede hacer que los brazos se vean menos firmes, pero también puede repercutir en la fuerza necesaria para realizar tareas tan sencillas como levantar objetos, cargar una maleta o colocar algo en un estante. Por eso, incorporar ejercicios de fuerza a la rutina puede ser una herramienta clave para conservar la funcionalidad y la autonomía.
Entrenar los brazos también mejora la postura
La falta de fuerza en el tren superior puede favorecer que los hombros se adelanten y que el pecho tienda a cerrarse, una postura que puede verse acentuada por pasar muchas horas frente al ordenador o mirando el teléfono. Trabajar la musculatura de brazos, hombros y espalda puede ayudar a mantener una posición corporal más estable y erguida.
Según explica Puche, trabajar correctamente la cabeza larga del bíceps “nos ayuda a abrir el pecho y que la persona no se cierre”. Por eso, ejercicios como los remos, las elevaciones laterales y los empujes pueden ser tan importantes como aquellos dirigidos específicamente a combatir la flacidez de la parte posterior del brazo.
¿Cuántas veces por semana hay que entrenar?
No es necesario pasar horas en el gimnasio para empezar a notar los beneficios. La instructora de Pilates Laura Cabral asegura que, para comenzar a ver cambios, el trabajo de fuerza debería realizarse al menos dos veces por semana. Como señala la entrenadora Rosa Fernández, “el músculo responde a cualquier edad si lo entrenas con progresión y buena técnica”.
Por eso, si la flacidez es lo que te lleva a coger unas mancuernas por primera vez, puede ser un buen punto de partida, pero no debería ser el único objetivo. Después de los 50, ganar fuerza significa también moverse con mayor seguridad, mejorar la postura, conservar la autonomía y sentirse capaz de seguir haciendo por una misma todas esas pequeñas cosas que forman parte de la vida cotidiana.
