El momento del paseo debería ser disfrutable tanto para el perro como para su tutor. Sin embargo, para muchas personas ocurre todo lo contrario: el perro sale alterado, tira de la correa, ladra o parece incapaz de relajarse. Para Alberto Sanz, este comportamiento no surge de la nada ni es culpa del animal.
“Nuestro perro no se vuelve loco en la calle, se vuelve loco antes de salir de casa y muchas veces somos nosotros los que los provocamos”, explica el adiestrador. La clave, entonces, está en revisar qué sucede en los minutos previos al paseo.
Uno de los fallos más frecuentes tiene que ver con la rutina previa a la salida. Desayunar rápido, agarrar llaves y correa, dar la orden y salir corriendo es una escena habitual. Pero, según Sanz, este ritual acelera al perro incluso antes de abrir la puerta.
“Con este ritual lo único que se consigue es acelerar y sobreexcitar al perro”, señala. Por eso, propone invertir la lógica: “Yo siempre recomiendo hacerlo al revés: poner la correa a nuestro perro, decirle que se tumbe en su sitio y, de mientras, hacemos lo que tengamos que hacer”. De esta manera, el perro aprende a bajar revoluciones antes del paseo, lo que reduce tirones, reacciones exageradas y estrés.
La anticipación: cuando el perro se activa antes de tiempo
El segundo error tiene que ver con la repetición exacta de los gestos previos a salir. Los perros aprenden rápido a asociar acciones como ponerse zapatillas, agarrar llaves o buscar la correa con la salida inmediata. Para evitar esta activación automática, Sanz recomienda desactivar esas señales: “Colocar las llaves encima de la mesa, la correa en otro sitio o ponernos las zapatillas sin salir inmediatamente”.
Con el tiempo, el perro deja de estar en estado de alerta constante y aprende que no siempre esos movimientos significan salir ya, lo que contribuye a una mayor calma.
El mito del paseo largo: por qué no siempre es la solución
El tercer error rompe con una creencia muy instalada: que un paseo largo siempre es mejor. Para el adiestrador, no es así. “Un paseo largo no siempre ayuda; con esto lo que estás consiguiendo es reforzar lo que no te viene bien a ti ni a él”, advierte.
En lugar de cansar al perro, lo recomendable es priorizar la calidad del paseo. Elegir zonas tranquilas, reducir estímulos y trabajar la conexión entre tutor y perro suele ser más efectivo que caminar durante horas.
“Cuando el perro se empieza a relajar y nos presta atención, reforzamos lo que queremos que siga repitiendo”, explica Sanz, y concluye: “Se trata de crear un hábito nuevo, no de cansarlo”.
