El envejecimiento también forma parte de la vida de perros y gatos, aunque muchas veces cuesta detectarlo. Los cambios suelen aparecer de manera lenta y silenciosa, y no siempre resultan evidentes a simple vista. Conductas que se interpretan como caprichos o falta de ganas pueden ser, en realidad, señales de que la mascota está entrando en una nueva etapa y necesita algunos cuidados distintos.
Si bien cada animal es único, hay referencias generales, por ejemplo, los perros pequeños suelen entrar en la adultez mayor cerca de los 8 o 9 años, los medianos y grandes desde los 6 o 7, y los gatos alrededor de los 7 u 8 años. A partir de ese momento, el organismo comienza a funcionar a un ritmo más lento y aparecen transformaciones físicas y conductuales.
Cambios físicos y sensoriales
Una de las señales más frecuentes es la reducción de la actividad. Mascotas que antes eran inquietas ahora prefieren descansar más tiempo o se fatigan con paseos cortos. En los gatos, puede notarse una menor agilidad para saltar o trepar.
También son habituales los cambios en el cuerpo, como la aparición de canas, el aumento de peso, la pérdida de masa muscular o la rigidez en las articulaciones, especialmente después de estar mucho tiempo en reposo. A esto se suma, en muchos casos, una disminución de la vista o del oído, que puede generar confusión o mayor dependencia del entorno conocido.
El paso de los años también puede reflejarse en el comportamiento diario. Problemas para dormir, desorientación, cambios en el apetito o accidentes dentro del hogar son señales que merecen atención. En los gatos, puede observarse menos higiene personal; en los perros, mayor ansiedad o dificultad para adaptarse a nuevas rutinas.
Lejos de ser algo “normal”, muchos de estos cambios están relacionados con dolencias o patologías propias de la edad, que pueden tratarse o aliviarse si se detectan a tiempo.
Claves para una mejor calidad de vida
Acompañar a una mascota senior implica ajustar algunos aspectos de la rutina. Los controles veterinarios periódicos son fundamentales para prevenir y tratar enfermedades. La alimentación adecuada, pensada especialmente para animales mayores, ayuda a cuidar las articulaciones, el sistema cardiovascular y la función cognitiva.
El entorno también cumple un rol central, ofrecer superficies cómodas para descansar, facilitar el acceso a la comida y al agua, y mantener una rutina previsible contribuye al bienestar general. La actividad física moderada y la estimulación mental, adaptadas a cada caso, ayudan a mantener la movilidad y el equilibrio emocional.
