La escritora chilena Isabel Allende, que recientemente cumplió 84 años, es una de las autoras más leídas de la lengua española y reflexionó sobre el paso del tiempo, la vejez y la búsqueda de la paz interior durante la tercera edad. Una de las frases claves que dejó fue a descubrir los años que le quedan por delante: "Veo el resto de mi vida como un calendario antiguo, cada hoja que arrancas, no la vuelves a vivir nunca más", apuntó.
La mirada tranquila de Isabel Allende sobre el paso del tiempo
La íntima declaración la dio durante una entrevista a la revista Mundo Mayor. Con más de 25 novelas traducidas en 42 idiomas y 77 millones de copias vendidas en todo el mundo, la autora de La casa de los espíritus abordó, con su característica franqueza, cómo vive el envejecimiento y aseguró disfrutarlo plenamente.
"Uno siempre se siente más joven de lo que dice el calendario. Soy capaz de enamorarme como a los 20. Soy capaz de trabajar como cuando tenía 50. Pero estoy consciente de que no es mucho lo que me queda por vivir", expresó en declaraciones hace dos años.
Y explicó que todos los días le pregunta a su marido, el abogado Roger Cukras, si se encuentra feliz. "Le parecía raro, pero ahora lo entiende. Veo el resto de mi vida como un calendario antiguo. Cada hoja que arrancas, no la vuelves a vivir nunca más”, aseguró. La imagen es una forma diferente de entender la vejez, donde el tiempo que resta se mira con aceptación de la finitud y sin temerle al paso del tiempo.
La autora señaló que tuvo varios aprendizajes en la vejez, entre ellos, la capacidad de poner límites y de rechazar compromisos sociales que antes aceptaba por obligación. Según explicó, ese aprendizaje llegó recién a los 80 años, un hallazgo tardío que de todas formas ahora celebra.
Lo que verdaderamente teme Isabel Allende sobre la vejez
Durante la entrevista, la icónica autora fue consultada sobre si alguna vez sintió miedo sobre el paso del tiempo y admitió que fue algo a lo que no le dio mucha trascendencia: "No pensaba en la edad. Estaba embolinada criando hijos, escribiendo, luchando, exilio, divorcio, muertes", apuntó. Sin embargo, admitió: "Le tengo terror a la dependencia. Pero tengo que superarlo. Todos vamos a terminar dependientes”.
Sobre la llegada de la tercera edad añadió: “Vivimos en una cultura orientada a la belleza, el éxito y la juventud. Todas esas cosas se te van con la edad, pero cuando ya estás aquí, hay otra percepción de la belleza”.
"He adquirido con mucha lucha, en muchos años. Pero primero me considero feliz, porque no quiero nada más que lo que tengo, que ya me parece demasiado. Tengo amor, salud, a mi hijo, a Roger, a mi nuera, Lori, que ha sido mi segunda Paula. Tengo trabajo, un propósito. No puedo pedir más”, expresó al concluir.
