Cada 16 de octubre se conmemora el Día Mundial del Pan, una fecha para revalorizar a este ancestral de la gastronomía global y destacar el trabajo artesanal. En la Ciudad de Buenos Aires, la escena culinaria atraviesa un resurgimiento en el que la masa madre, los procesos de fermentación natural y los ingredientes seleccionados vuelven a ser protagonistas. Hoy en día, la experiencia de salir a comer ya no empieza solo con la carta de platos principales, sino también con el aroma a pan recién horneado que emana de las propias cocinas. Diversos espacios gastronómicos porteños apuestan a elaborar sus panificados puertas adentro, transformando la panadería en un sello distintivo de identidad y frescura.
Tres propuestas porteñas con masa propia y sello artesanal
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Sifón Sodería (Chacarita) y Sifoncito (Paseo La Plaza): con sedes en Jorge Newbery 3881 y Av. Corrientes 1660, la panadería propia ocupa un lugar central en su propuesta culinaria. La ciabatta artesanal es la estrella de sándwiches como el de gírgolas con hummus o el de ternera braseada con provoleta y alioli (exclusivo de Sifoncito). Por su parte, la casa madre de Chacarita ofrece un suave brioche de calabaza pensado para acompañar su popular sándwich de pollo frito con pepinillos, sriracha y repollo, integrando la panadería artesanal a una carta de platitos ideada para maridar con vermuts y cócteles.
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L’ancienne (Bonus Track - Florida): encabezada por el chef Francisco Ponce de León, esta panificadora boutique ubicada en Ombú 1641 abastece al canal gastronómico profesional y mayorista. Especializada en la producción a partir de harinas orgánicas y huevos de campo, su catálogo incluye panes de hamburguesa, ciabatta, figacitas, philly, batard y pancho brioche. Su reconocido pan de papa marcó el crecimiento de la marca, que busca posicionar al pan no como un mero acompañamiento, sino como un elemento fundamental que aporta carácter a las cocinas más exigentes.
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Alicia y el Gato (Caballito): en este restaurante temático ubicado en Espinosa 79, los panificados se elaboran en el propio local, prescindiendo de aditivos y respetando rigurosamente los tiempos de fermentación. Su producción incluye opciones de masa madre como brioche, pan de campo y centeno, además de ciabatta, bagels y croissants que se pueden adquirir por gramaje para llevar. Para consumir en el salón, ambientado entre pasadizos, paredes de rosas y piezas de ajedrez gigantes, destacan sandwiches como el bagel de salmón ahumado con palta y crema de queso, o el de jamón crudo en brioche caliente con stracciatella y pesto.
