Mantenerse activo a partir de los 50 años no consiste únicamente en conservar la fuerza o trabajar la resistencia. También es clave entrenar la potencia muscular, una capacidad que permite generar fuerza con rapidez y que interviene en numerosos movimientos de la vida diaria. Para desarrollarla, no siempre es necesario levantar grandes pesos ni realizar ejercicios de alto impacto.
"A partir de los 50, recomiendo levantarse de una silla con rapidez cómoda y sentarse lentamente para entrenar la potencia muscular", aconseja Javier Abreu, entrenador especializado en alto rendimiento, en TELVA. Esta sencilla práctica permite trabajar la velocidad del esfuerzo y el control del movimiento sin necesidad de utilizar equipamiento deportivo.
Cómo entrenar la potencia muscular después de los 50
La potencia muscular combina fuerza y velocidad. Ambas capacidades pueden experimentar cambios con el envejecimiento, aunque su evolución depende de factores como la actividad física, el estado de salud y los hábitos de entrenamiento. Por eso, incorporar ejercicios específicos puede ser útil para mantener la autonomía y desenvolverse con mayor seguridad en las tareas cotidianas. La clave está en realizar el esfuerzo con rapidez, pero sin perder la estabilidad ni el control.
Además de levantarse de una silla, Abreu propone una alternativa sencilla, las flexiones contra la pared. Para hacerlas, hay que apoyar las manos a la altura del pecho, flexionar los codos para acercar el cuerpo y empujar con intención rápida para volver a la posición inicial. El regreso debe ser lento y controlado. El entrenador recomienda comenzar con una o dos series de cinco repeticiones, descansando lo necesario para mantener una buena técnica. No se trata de acumular movimientos, sino de ejecutarlos con calidad.
Los ejercicios que conviene incorporar a la rutina
Otra opción consiste en subir un escalón bajo con agilidad y bajar de manera controlada, siempre cerca de una barandilla o un apoyo estable. En todos los casos, es importante adaptar la dificultad a las posibilidades de cada persona. Antes de empezar, conviene dedicar unos minutos al calentamiento, por ejemplo, caminando y realizando movimientos suaves. También es recomendable trabajar la potencia al principio de la sesión de fuerza, cuando todavía no hay demasiada fatiga.
Por último, el entrenador plantea empezar con una sesión semanal breve y si la respuesta es buena, avanzar a dos días no consecutivos. Este trabajo complementa el entrenamiento de fuerza habitual, pero no lo reemplaza. La técnica y la seguridad deben ser prioritarias: si aparece dolor, se pierde estabilidad o el movimiento deja de ser fluido, es mejor detenerse y descansar. Si existe un antecedentes de caídas, mareos o molestias persistentes, conviene consultar con un profesional sanitario o fisioterapeuta antes de incorporar estos ejercicios.
