Una pared que se convierte en el escenario de una storie, una vidriera que dispara una experiencia de realidad aumentada, una fotografía monumental que termina circulando por cientos de perfiles. La frontera entre lo físico y lo digital cada vez se nota menos, y ese fenómeno ya tiene nombre propio.
Se llama phygital (físico + digital), y describe cómo la impresión de gran formato dejó de ser solo una forma de cubrir una fachada o un escaparate para convertirse en un espacio diseñado para que la gente se detenga, interactúe y comparta lo que ve.
Qué es el phygital y por qué funciona
El respaldo de esta tendencia tiene números concretos detrás: según IMOP Insights, la publicidad exterior alcanza un 84% de recordación de marca entre los transeúntes, mientras que el Estudio Valor Total Media de IAB México calcula que las marcas del país invierten cerca de 10.000 millones de pesos en publicidad exterior impresa. El cambio de fondo es de enfoque: el espectacular tradicional, pensado para mirarse a gran velocidad desde el auto, quedó atrás frente a instalaciones a nivel de cancha, pensadas para la interacción directa del peatón.
Cómo se diseña una experiencia phygital
Para que una pieza funcione tanto en el mundo real como en la pantalla de un celular, hay varios elementos que tienen que estar alineados:
- Concepto y narrativa conectados con el entorno urbano y la identidad local.
- Escala y perspectiva calculadas tanto para la vista presencial como para el encuadre fotográfico.
- Composición bifocal, pensada para impactar a simple vista y también a través de la cámara.
- Calidad técnica, con color, alta resolución y acabados cuidados.
- Interactividad, con elementos que inviten a tocar, recorrer o participar.
"La escala es importante, pero también lo son el color, el soporte y los acabados, porque estos elementos determinan cómo se integra la imagen al lugar y cómo será observada por las personas", explica Jaume Carrera, especialista en soluciones de impresión digital de Roland DGA.
De la pared al smartphone
Cuando la impresión de alta resolución se combina con códigos QR dinámicos, realidad aumentada o etiquetas interactivas, un muro de concreto o un gráfico en una ventana se transforma en la puerta de entrada al contenido de una marca: el usuario escanea la imagen, accede a contenido exclusivo, prueba un filtro interactivo o directamente compra en el lugar. Cada selfie o story que se comparte termina, además, funcionando como una forma orgánica de viralizar esa instalación mucho más allá de la calle donde está ubicada.
