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Søren Kierkegaard: “La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero debe ser vivida hacia adelante”

El filósofo danés del siglo XIX indagó en la angustia existencial, la libertad de elección y la tensión temporal que enfrenta el ser humano. Los antecedentes conceptuales en San Agustín y el cruce con la visión de Friedrich Nietzsche.

01 de octubre, 2026 | 05.00
Estatua de Kierkegaard

La condición humana se encuentra atravesada por una paradoja temporal ineludible: el tiempo avanza en una sola dirección. Frente a esa fugacidad, el filósofo danés Søren Kierkegaard, considerado uno de los referentes fundacionales del existencialismo, dedicó gran parte de su obra a analizar la distancia entre la vivencia inmediata y la interpretación del sentido de la existencia.

Esa tensión quedó sintetizada en una de sus máximas más difundidas: "La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero debe ser vivida hacia adelante". La premisa plantea que el individuo se ve obligado a tomar determinaciones en tiempo real sin certezas previas, logrando otorgar un significado a sus actos únicamente a través del ejercicio de la memoria.

La angustia ante la libertad y el valor interpretativo de la memoria

Para el pensador del siglo XIX, la necesidad de actuar en la incertidumbre genera una angustia inevitable. En sus escritos, el intelectual sostuvo que «elegir es ponerse a sí mismo en juego; al elegir, el individuo se compromete consigo mismo», vinculando de forma directa la toma de decisiones con la responsabilidad personal.

Bajo este prisma, el acto de revisar el pasado no responde a un impulso nostálgico, sino a un proceso de construcción de sentido:

  • Incertidumbre en el presente: La toma de decisiones se ejecuta sin un manual previo, asumiendo el riesgo de la equivocación.
  • Comprensión a posteriori: La memoria permite ordenar los acontecimientos confusos y comprender el alcance de lo vivido una vez concluidas las etapas.

La filosofía de Kierkegaard se traduce en algo reconocible: tomamos decisiones sin saber del todo sus consecuencias y solo después entendemos lo que significaban.

Obras fundamentales

Kierkegaard publicó gran parte de sus escritos bajo diversos seudónimos para plantear diferentes perspectivas de vida sin que el lector las asociara de inmediato a su persona:

  • O lo uno o lo otro (1843): Explora las tensiones entre la vida estética (orientada al placer) y la vida ética (orientada al deber).
  • Temor y temblor (1843): Utiliza el pasaje bíblico del sacrificio de Isaac por Abraham para desglosar la paradoja y la soledad de la fe absoluta.
  • El concepto de la angustia (1844): Análisis psicológico y filosófico sobre cómo el ser humano experimenta la libertad antes de tomar una decisión.
  • La enfermedad mortal (1849): Tratado sobre la desesperación humana, la pérdida del "yo" y la desconexión con lo divino.

Antecedentes y reflexiones sobre el tiempo en la filosofía

El debate sobre la percepción temporal y la búsqueda de propósito cuenta con precedentes dentro de la historia del pensamiento occidental:

  • San Agustín: El pensador romano abordó el tiempo como una experiencia de la conciencia, señalando que «el presente de las cosas pasadas es la memoria; el presente de las cosas presentes es la visión; el presente de las cosas futuras es la expectativa».

  • Friedrich Nietzsche: En Crepúsculo de los ídolos, el filósofo alemán aportó una mirada complementaria sobre la capacidad de resistencia humana al afirmar que «quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».

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