Clonar una mascota puede permitir obtener un animal con un ADN prácticamente idéntico al de otro que ya murió, pero eso no significa que su comportamiento vaya a ser exactamente igual. La ciencia encontró similitudes en determinados rasgos, aunque también dejó claro que la personalidad se construye a partir de una combinación mucho más compleja de genética y experiencias.
El tema volvió a cobrar protagonismo a partir de los casos de personas que decidieron clonar a sus perros y gatos después de perderlos. Uno de ellos es el de Kelly Anderson, quien recurrió a la clonación luego de la muerte de su gata Chai, a la que consideraba su compañera inseparable. El resultado fue Belle, una nueva gata genéticamente relacionada con la original, pero con características propias.
La clonación permite reproducir gran parte de la información genética de un animal, pero la personalidad no está determinada únicamente por el ADN. Las experiencias durante las primeras etapas de vida, el ambiente, la socialización y otros factores también intervienen en la manera en que cada mascota desarrolla su temperamento.
Los estudios disponibles son todavía limitados y no permiten establecer que un clon vaya a comportarse como el animal original. De hecho, las investigaciones realizadas hasta ahora sugieren que algunos rasgos generales, como el nivel de actividad o la sociabilidad, pueden presentar similitudes, mientras que otros vinculados con el aprendizaje y el entorno son mucho más variables.
El investigador James Serpell, de la Universidad de Pensilvania, comparó esta situación con la de los gemelos idénticos, aunque comparten el mismo ADN, las experiencias que atraviesan pueden hacer que desarrollen personalidades y preferencias diferentes.
Qué dicen los estudios sobre los animales clonados
Una investigación realizada en 2025 con cerdos miniatura clonados encontró que ciertos rasgos de personalidad parecen tener una relación más fuerte con la genética, mientras que otros presentan diferencias incluso entre animales clonados.
Entre los comportamientos que mostraron mayor consistencia apareció el nivel de actividad. En cambio, características como la audacia resultaron menos estables. Los investigadores concluyeron que la personalidad surge de la interacción entre los genes y el ambiente en el que vive cada animal.
También existe evidencia en perros. Un estudio de 2017 observó que los cachorros clonados presentaban temperamentos generales más estables a lo largo del tiempo que los perros utilizados como grupo de control. Las similitudes aparecían especialmente en aspectos relacionados con la interacción con las personas, el entrenamiento y la respuesta frente al estrés o el miedo.
Sin embargo, eso no significa que todos sus comportamientos fueran idénticos. Frente a determinadas situaciones, como el miedo, los perros podían reaccionar de maneras diferentes. Además, factores relacionados con el aprendizaje, la curiosidad y las experiencias sociales mostraron variaciones.
El caso que demuestra la diferencia
La historia de Chai y Belle resulta especialmente ilustrativa. Aunque ambas gatas compartían características de temperamento, Belle resultó ser mucho más sociable e independiente.
Chai había atravesado problemas de salud y pasó sus primeros meses prácticamente aislada, una experiencia que influyó en su comportamiento posterior. Belle, en cambio, tuvo un comienzo diferente y rápidamente se mostró más abierta al contacto con otras personas y a salir de casa.
El caso muestra por qué dos animales con una genética prácticamente idéntica pueden terminar teniendo personalidades diferentes: el entorno también forma parte de quiénes son.
Entonces, ¿vale la pena clonar una mascota? La respuesta depende de qué se espere del procedimiento. Si el objetivo es obtener un animal genéticamente muy similar al original, la clonación puede lograrlo. Pero si la expectativa es recuperar exactamente al perro o gato perdido, la ciencia indica que eso no es posible.
