En las jornadas barriales que arrancan a las diez de la mañana, el equipo de peluqueros de Tijeras Solidarias despliega sus herramientas para cortar el pelo de forma 100% gratuita, aunque la dinámica rápidamente trasciende la estética. Hay mates compartidos, tortas fritas preparadas por los vecinos, charlas que construyen red e incluso pequeños talleres donde enseñan a los chicos hábitos de cuidado, como la forma correcta de lavarse la cabeza. Pero, sobre todo, hay una búsqueda por devolver el derecho a elegir.
"Nosotros no imponemos nada. Hacemos el corte que ellos quieran, porque queremos que decidan sobre su propia cabeza. Los nenes vienen mucho con la foto de Messi o de algún jugador de fútbol, y uno intenta darles el gusto", señala el coordinador.
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Cambiar la mirada: la autoestima en el espejo
Un corte de pelo en cualquier peluquería de barrio puede rondar los diez mil pesos. Para una familia con tres o cuatro hijos, ese número no es solo una cifra: es un gasto inaccesible frente a la urgencia de parar la olla. En ese cruce donde las prioridades se reducen a lo indispensable, una tijera puede transformarse en una herramienta de dignidad.
"Vienen las familias y te dicen: '¿Sabés por qué vengo? Cada corte me sale diez mil pesos y tengo cuatro chicos, no me puedo hacer nada'.”, relata Agustín Quevedo, director de la Fundación Tijeras Solidarias Buenos Aires (Ig/@tijerassolidariasbsas).
Para los chicos que crecen en contextos de extrema vulnerabilidad o alojados en hogares de menores, la jornada se convierte en una pausa de afecto y contención. "Llegas a un hogar de niños y chicos de cuatro años que están solos no te dejan de abrazar. Te parte el alma. A veces el corte ayuda directamente a la autoestima: nenitos muy introvertidos, que se ven al espejo con su corte nuevo y descubren que son lindos. Ese cambio es mutuo, nos ayuda a todos".
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Frente al individualismo, Agustín reafirma la identidad de un oficio atravesado por la escucha: "El peluquero es muy social, nos dicen que somos como psicólogos porque estamos acostumbrados a hablar y escuchar. Hacemos esto porque tenemos ganas y empatía. Ese es nuestro pago: la sonrisa del nene".
Cómo nació Tijeras Solidarias y cómo funciona en la Argentina
La semilla de esta red no germinó en un salón de belleza de alta gama, sino en medio del drama de la crisis humanitaria de los refugiados en España. Allí, la estilista cordobesa Andrea Godoy conoció a un peluquero que utilizaba su oficio como una herramienta de contención para quienes lo habían perdido todo. Conmovida por la experiencia, decidió importar la idea a la Argentina. Lo que comenzó como una acción puntual en Córdoba pronto cobró alcance masivo a través de la televisión, sumando profesionales de la estética en todo el territorio nacional.
Hoy, la Fundación Tijeras Solidarias se despliega en 17 provincias. Sin una sede física ni financiamiento corporativo, el 90% de los integrantes son peluqueros voluntarios que hoy coordinan toda su logística por un grupo de WhatsApp.
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El último domingo de cada mes se movilizan en transporte público o autos particulares cargados de máquinas y tijeras hacia comedores, hogares y geriátricos de distintos puntos de la provincia.
La crisis en la mesa y las persianas que se bajan
La labor de la fundación no es ajena a la marea socioeconómica que atraviesa el país. En los últimos dos años, el mapa sobre el que intervienen sufrió transformaciones drásticas: la retirada del apoyo estatal y la inflación golpearon de lleno a los espacios comunitarios.
“Muchos comedores que sí funcionaban de repente dejaron de recibir ayuda. Muchos se basan en casas de familias que deciden ayudar al vecino con sus propios vasitos y su cocina, y de repente ya no reciben más ayuda. Obviamente no pueden solventar todos los días un gasto así, mientras la necesidad va aumentando", advierte Agustín.
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A la par de la caída de los espacios de contención, las donaciones que la fundación solía juntar entre sus propios clientes también sufrieron el impacto de los bolsillos flacos. "Antes llevábamos cajas llenas de mercadería. Hoy las donaciones se redujeron a ropa o algún juguete. Nuestra tarea principal es cortar el pelo, pero al estar ahí ves la necesidad. Con un juguete un nene se va más feliz, y nos apena no poder llegar con algo más".
Cabellos que curan: la alianza por las pelucas oncológicas
El trabajo social de la red no se agota en las jornadas dominicales en los barrios. Tijeras Solidarias tejió una alianza con "Un Pelito Más Fácil" (Ig/@unpelitomasfacil), una organización dedicada a la confección de pelucas oncológicas gratuitas para pacientes en tratamiento contra el cáncer.
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"Nos acompañamos mucho. Ellos necesitan peluqueros y nosotros lo somos, así que participamos activamente de sus eventos", explica Agustín. La iniciativa busca aliviar el impacto psicológico y económico que implica la pérdida de cabello durante la quimioterapia: "La problemática de la gente con cáncer es la enfermedad misma, donde la sola palabra ya te dice mucho. Nos encontramos con historias muy duras, por eso estamos ahí para dar una mano con lo que sabemos hacer".
