Uno de los recursos botánicos más representativos del centro del país sumó un reconocimiento formal de alcance nacional. La tradicional peperina serrana de Córdoba y San Luis logró la certificación oficial de Indicación Geográfica (IG), un sello que distingue la procedencia y resguarda la identidad aromática de la especie frente a variedades provenientes de otras latitudes geográficas.
La medida, oficializada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, corendió el trabajo técnico impulsado de manera conjunta por el INTA, universidades nacionales, dependencias provinciales, cooperativas y recolectores locales con el objetivo de jerarquizar el producto y ordenar su aprovechamiento económico.
Delimitación territorial y perfil aromático distintivo
El área geográfica protegida bajo esta normativa abarca una superficie estimada en más de 77.000 kilómetros cuadrados, comprendiendo los cordones de las Sierras Grandes, las Sierras Chicas y los Comechingones, además de numerosos departamentos en territorio cordobés —como Punilla, Calamuchita y San Javier— y los distritos puntanos de Junín y Chacabuco.
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Los análisis técnicos que fundamentaron la denominación comprobaron que las poblaciones vegetales asentadas en ambas provincias exhiben una composición química particular en sus aceites esenciales, donde predominan la mentona y la pulegona. Dicha concentración otorga un aroma característico, intensamente mentáceo, herbal y fresco, diferenciándose de los ejemplares recolectados en provincias del norte argentino.
Cosecha responsable y sustentabilidad del recurso
El otorgamiento de la Indicación Geográfica no solo busca posicionar comercialmente a la hierba en infusiones, licores y mezclas de yerbas, sino que establece un protocolo estricto para evitar el desgaste de las poblaciones silvestres, afectadas históricamente por la presión extractiva intensiva y los incendios forestales.
Entre las exigencias obligatorias para utilizar el sello de calidad figuran:
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Prácticas de recolección: Prohibición absoluta de arrancar los ejemplares de raíz y obligación de conservar ramas laterales que garanticen la regeneración natural del arbusto.
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Procesamiento y trazabilidad: Pautas rigurosas de secado y empaque, estipulando que el producto comercializado bajo esta denominación contenga como mínimo un ochenta por ciento de hojas y flores puras, limitando los tallos tiernos al veinte por ciento restante.
De este modo, la iniciativa oficial busca compatibilizar el desarrollo de las economías regionales y el agregado de valor con la preservación ambiental de los ecosistemas serranos.
¿Cómo un aceite de oliva patagónico conquistó España, la meca mundial del olivo?
En Añelo, un rincón del corazón petrolero argentino conocido como Vaca Muerta, un campo verde de 650 hectáreas rompe con el paisaje seco y rojizo típico de la zona. Allí, Servicios Neuquinos (SeNeu) lleva adelante un proyecto agropecuario diversificado donde, entre forestación, ganadería y viñedos, brilla con luz propia la olivicultura.
Este proyecto, que se despliega sobre unas 1.200 hectáreas, logra rendimientos y calidad de aceite de oliva que le permiten exportar a España, el país más exigente y reconocido mundialmente en el rubro. El ingeniero agrónomo Pablo Roldán, gerente del proyecto, aseguró que “la que mejor se expresa es el olivo. Es una producción pareja, estable y con una calidad de aceite muy alta”.
