Tal como se anticipaba, poco a poco la incertidumbre a que nos somete el comportamiento endemoniado de la atmósfera terrestre dio paso a la certeza: El Niño dejó de ser una posibilidad y ya es un evento en desarrollo. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que el fenómeno, que se venía monitoreando desde hacía meses, no solo se instaló, sino que podría convertirse en uno de los más intensos de las últimas décadas. Para la Argentina, el dato central es que desde este mes crece la probabilidad de que se registren lluvias por encima de lo normal, sobre todo en el este del país y el noreste de la Patagonia, de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional. En otros continentes se asocia con fuertes sequías que favorecen incendios.
“Si bien no hay una agencia específica que se encargue de esto por sobre otras, varias dijeron que ya están trabajando bajo un escenario de El Niño. La Organización Meteorológica Mundial también. Desde mediados de julio estamos viendo [que esta oscilación] está empezando a influir en la Argentina –afirma Marisol Osman, investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, UBA/Conicet), que estudia la variabilidad climática en el Hemisferio Sur–. ¿Qué intensidad va a alcanzar en la primavera y el verano, que es cuando alcanza la madurez en su desarrollo? No queda tan claro, aunque todo indica que va a ser fuerte. El tema ahí tiene que ver con el cambio climático, que ‘mete un poco la cola’. Todavía no estamos seguros de qué tanto ese calentamiento del océano se traduce en una respuesta de la atmósfera. Los pronósticos dan muchas chances de que sea fuerte. Posiblemente lo sea mucho, pero su mayor fuerza no se ve aún, se espera para noviembre. Podría ser comparable con el de la temporada 97-98”.
Por su parte, Christian Garavaglia, licenciado en ciencias de la atmósfera en la UBA, pronosticador del Servicio Meteorológico Nacional y redactor jefe de Meteored Argentina, agrega que “El Niño presenta actualmente categoría fuerte y se incrementó al 95 % la probabilidad de que alcance categoría muy fuerte hacia el último trimestre del año. Nunca antes se habían registrado anomalías de temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial tan cálidas y tan temprano en el año. Ya se están superando los 2 °C respecto de lo normal y podrían alcanzarse valores jamás registrados de 3 a 4 °C”.
El Niño es la fase cálida de un ciclo climático natural conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), que ocurre de manera irregular cada dos a siete años. Se origina por el calentamiento de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, frente a las costas de Ecuador y Perú. Ese exceso de calor modifica la circulación atmosférica global, y altera los patrones de lluvia y temperatura en buena parte del planeta.
Según el último Global Seasonal Climate Update, el boletín mensual que publica la OMM, el fenómeno continuará fortaleciéndose. Los principales centros internacionales de predicción climática proyectan que la anomalía de temperatura en la superficie del mar, en las zonas del Pacífico que se usan para monitorear el fenómeno y en un contexto de océanos con temperaturas excepcionalmente altas, podría superar los 2,9° C respecto de valores históricos.
“Debe ser el primer Niño que se desarrolla en el contexto de un océano tan caliente, así que es difícil predecir cómo va a responder, qué tan efectiva va a ser la atmósfera para reaccionar –detalla Osman–. Porque lo que ésta necesita, sobre todo, es que el calor del este del océano sea claramente mayor que el del oeste. Es esa diferencia la que cambia los vientos, la presión, etcétera. Y también hay que tener en cuenta que la influencia es directa en la zona tropical, ahí se ve el cambio bastante lineal del viento y la presión, que hace que los efectos sean más fuertes. En nuestra región, la influencia es más bien indirecta. A mí me gusta decir que las tormentas pueden elegir diferentes caminos. Cuando El Niño es más fuerte, les ‘pavimenta la ruta a las tormentas’, les agrega varios carriles. Las tormentas pueden seguir eligiendo otros caminos, pero en general van a preferir la ruta pavimentada. Y a todo esto se suma el contexto del cambio climático, con una atmósfera más cálida y más húmeda, y ya vimos que incluso sin Niño tuvimos tormentas muy fuertes que nos encontraron poco preparados”.
Los datos que apuntaban a un evento particularmente intenso empezaron a confirmarse recién en julio, una vez superada lo que los meteorólogos llaman la "barrera de predictibilidad" de la primavera boreal, un período del año en el que resulta especialmente difícil anticipar cómo va a evolucionar el fenómeno.
Según Osman, el monitoreo muestra que no solo el océano está caliente, sino que desde mediados de junio la atmósfera ya respondió modificando los patrones de viento y lluvia en la zona tropical. En regiones alejadas de los trópicos, como la Argentina, esos cambios recién empiezan a reflejarse ahora. En el territorio nacional, destaca, los eventos intensos de El Niño aumentan fuertemente las probabilidades de que se registren más lluvias en el este del país, en áreas cada vez más amplias. “Pensemos que normalmente el Litoral argentino suele registrar más precipitaciones en primavera”, explica la investigadora en una nota de NEXCiencia, la revista de divulgación científica de Exactas/UBA.
El Pronóstico Climático Trimestral que el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) publicó para el período agosto-septiembre-octubre de 2026 coincide con estas predicciones. El informe, elaborado sobre la base del consenso de los principales modelos climáticos globales y estadísticos nacionales, ubica las mayores probabilidades de precipitaciones superiores a lo normal en el sur del Litoral, La Pampa, el sudoeste bonaerense y el este de la Patagonia. En términos de temperatura, anticipa valores por encima de la media en buena parte del centro y el norte del país. El resto del territorio se mantendría dentro de los rangos normales para la época.
Osman subraya que los episodios puntuales de lluvias torrenciales que ya se registraron en la cuenca del Plata en las últimas semanas no guardan relación directa con El Niño, ya que sus consecuencias concretas recién empezarían a notarse en las próximas semanas.
Pero Garavaglia destaca que en la Argentina ya se observa un cambio marcado de circulación desde hace aproximadamente un mes y medio, que dio paso a que una mayor cantidad de perturbaciones de mal tiempo avancen desde el Océano Pacífico, provocando entre otras cosas sucesivos temporales de nieve en alta cordillera y precipitaciones más frecuentes en el centro y noreste de Argentina. Se espera que los próximos meses, al menos hasta el próximo verano, se presenten con mayores volúmenes de precipitación sobre el centro y especialmente el noreste de Argentina. “Durante estos eventos, el Litoral en particular suele mostrar las señales más claras de lluvias abundantes en provincias como Misiones, Corrientes y Entre Ríos. Esto históricamente dio lugar a grandes crecidas de los principales ríos de la Cuenca del Plata, de modo que es prioritario hacer un monitoreo permanente de la situación para anticiparse y tratar de mitigar impactos en la sociedad”, advierte el especialista.
La importancia de la prevención es algo en lo que también insiste Osman, con medidas como la revisión de la infraestructura hídrica, capacitación de defensa civil y seguimiento semanal de las condiciones climáticas que permita identificar, dentro del pronóstico de corto plazo, los momentos de mayor riesgo de eventos meteorológicos intensos. “A veces no hace falta ni que El Niño sea muy intenso para que ocasione impactos fuertes si somos vulnerables”, destaca Osman.
Según las proyecciones de la agencia estadounidense NOAA y el programa europeo Copernicus, 2026 podría ubicarse entre los cinco años más cálidos desde que existen registros. Si El Niño efectivamente alcanza la intensidad que anticipan los modelos, 2027 podría convertirse en el año más caluroso de la historia y con eventos de precipitaciones más severos que en ocasiones anteriores.
Fuera de las inundaciones, el calor y la humedad son un combo que podría favorecer la circulación de enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue, pero todavía es imposible anticipar la magnitud de un posible brote. “Es difícil de predecir –comenta la viróloga y referente internacional en dengue Andrea Gamarnik, de la Fundación Instituto Leloir y el Conicet–, ya que dependerá de múltiples factores; entre ellos, la circulación del virus en los países limítrofes, principalmente Brasil. Las lluvias son favorables para la proliferación del mosquito, pero un brote dependerá también de la inmunidad de la población, serotipos o genotipos de dengue que estén circulando, etcétera. Así que no sabemos, pero es muy importante estar preparados para la prevención”.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que "El Niño ya no está a la vuelta de la esquina, sino que ha entrado en casa y ha subido la calefacción” en un contexto que –advirtió– agrava incendios forestales y el calentamiento oceánico.
“El Niño es uno de los fenómenos climáticos sujetos a un monitoreo más estrecho. Pero los pronósticos por sí solos no evitan los peligros, eso solo pueden hacerlo las personas. Este evento se está desarrollando en un contexto de calor oceánico sin precedentes y de un aumento inédito de las temperaturas. Gobiernos y comunidades tienen la oportunidad de anticipar riesgos y actuar antes de que se manifiesten sus impactos. Las decisiones que tomemos hoy determinarán las consecuencias que experimentaremos mañana”, sostuvo Celeste Saulo, exprofesora e investigadora de Exactas UBA, actualmente Secretaria General de la OMM.
