Desde que en septiembre de 1998 uno de sus trabajos deslumbró a tal punto a decenas de físicos reunidos en un congreso sobre teoría de cuerdas en Santa Barbara, California, que se pusieron a bailar y corear su nombre al ritmo del estribillo de “Macarena” (una canción popular de la época), el físico argentino Juan Martín Maldacena, nacido en el barrio de Caballito y graduado en el Instituto Balseiro, de Bariloche, es una luminaria de la ciencia mundial. Gracias a un elegante atajo, su hipótesis, hoy conocida como la “conjetura de Maldacena” , logró vincular dos teorías matemáticamente irreconciliables: la de la relatividad (que explica el comportamiento de los objetos muy grandes, como estrellas y planetas) y la mecánica cuántica (que describe el comportamiento del zoológico subatómico) y mereció una extensa nota en The New York Times y ostenta el récord de la física teórica con más de 15.000 citas.
El mayor de tres hermanos, fue el profesor vitalicio más joven de la historia de Harvard, en la actualidad integra el staff de "elegidos" del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y fue uno de los nueve ganadores de la primera edición del Premio Yuri Milner a la Física Fundamental (dotado de tres millones de dólares). Inmediatamente después de recibirlo hizo una generosa donación al Balseiro para el desarrollo de un programa de profesores invitados, muestras de divulgación sobre física, la construcción de un museo de ciencias o el estímulo a la transferencia de conocimiento. Entre sus múltiples reconocimientos, también se destacan las medallas Lorentz (que se otorga una vez cada cuatro años), Galileo y Einstein. Thomson Reuters lo incluyó en el grupo de las mentes científicas más influyentes del mundo.
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Es padre de tres hijos de 25, 23 y 19 años, ninguno de los cuales siguió la carrera científica. Lo atribuye a que, aunque nunca fue de hablar mucho sobre su trabajo en familia, “los aburrió un poco” con la física. De respuestas breves (y suele bromear diciendo que "calla en todos los idiomas"), estuvo hace unos días en la Argentina para participar en la conferencia Advances in Quantum Gravity & Strings (Avances en Gravedad Cuántica y Cuerdas) realizada en el Instituto de Física de la Plata y que este año honró las destacadas carreras científicas del que fuera su profesor y director de tesis de licenciatura, Gerardo Aldazabal, y de Carmen Núñez, del Instituto de Astronomía y Física del Espacio. Aldazabal suele decir que ya de estudiante, Juan Martín lo superaba ampliamente y sus colegas, que siempre tiene una forma diferente de enfocar las cosas. Con su proverbial humildad, él lo niega.
–¿Tenés algún método, alguna forma particular de encarar los problemas?
–No… creo que uso el mismo método que todos, tratar de entender, tratar de ir avanzando, no pienso que haga algo cualitativamente distinto...
–Vivís en Princeton, en cuyos senderos bordeados de árboles se dice que Einstein paseaba a diario con el matemático Kurt Gödel entre 1940 y 1950. ¿Sentís que algún ámbito particular favorece en vos la génesis de nuevas ideas?
–Ninguno, sólo me siento en mi oficina, hablo con los demás, simplemente eso. A veces, puede ser que suceda en circunstancias especiales, pero no tengo ninguna historia. Princeton es un lugar muy propicio más que todo por todos los colaboradores que tenemos.
–Te hiciste célebre en el mundo por tu trabajo en teoría de cuerdas [que propone que los componentes más pequeños de la materia no son puntos fijos, sino diminutas hebras de energía en vibración y, dependiendo de cómo vibre cada cuerda, se genera una partícula diferente]. ¿Dejaste un poco de lado ese campo? ¿Te parece que no lleva a respuestas satisfactorias?
–No, sigo trabajando más o menos en la misma área: tratar de entender la gravedad cuántica [que busca vincular la mecánica cuántica, que estudia lo infinitamente pequeño, con la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, que estudia lo muy grande y la gravedad, en una sola fórmula matemática]. La teoría de cuerdas es un ejemplo de un modelo concreto de gravedad cuántica. Depende un poco de cómo uno la defina. Por ejemplo, un artículo que estamos terminando ahora tiene que ver precisamente con teoría de cuerdas. Yo creo que todavía tiene interés. Es el modelo más concreto que tenemos de la gravedad cuántica. Lo que ocurrió es que se expandió un poco el área de investigación y hay temas que no son súper específicos de la teoría de las cuerdas, pero están relacionados con la gravedad cuántica, que también los estamos estudiando. Se podría explicar de esta forma: para cuantizar la gravedad hay un método aproximado, que funciona bien cuando el espacio-tiempo es suficientemente grande, y está el método más exacto que sería la teoría de las cuerdas. El haber entendido algunos aspectos de esta última nos lleva a tratar de entender aspectos del método aproximado, que tiene una validez un poco más grande. Por un lado es más amplio, en el sentido de que no tenés que asumir nada sobre la teoría de las cuerdas, pero por otro lado es más restringido, ya que sólo sirve para espacios-tiempos que son grandes. Pero esos métodos sirven para agujeros negros, por ejemplo, y para aspectos de cosmología también, entonces entender mejor eso también es interesante.
–En este momento, los agujeros negros parecen haber ocupado el centro del escenario en materia de astrofísica. ¿Por qué atraen tanto?
–Yo siempre trabajé en aspectos cuánticos de los agujeros negros, pero la razón por la cual ahora hay tanto interés en estos objetos es porque hay nuevas observaciones, nuevos métodos para observarlos. El más importante es la detección de ondas gravitatorias que nos llegan de la colisión de estos astros. Eso nos permite entenderlos mejor porque se producen muy cerca del horizonte [la región de no retorno, más allá de la cual la gravedad es tan fuerte que nada, ni la luz puede escapar]; o sea, nos dan información de un área donde el espacio-tiempo tiene gran deformación, y eso es muy interesante. Las señales que obteníamos antes eran más indirectas. Ese es uno de los motivos. Lo otro es que a través del Event Horizon Telescope (EHT) se han obtenido fotos de la materia que está muy cerca de los agujeros negros, a distancias de tres o cuatro veces su tamaño. Estamos recibiendo información sobre ellos que viene de la región muy cercana al horizonte. Desde hace mucho se sabe que el colapso de estrellas puede llevar a la formación de agujeros negros, pero no había evidencia tan directa y tan fuerte como la que tenemos ahora. Eso es básicamente lo que está cambiando. La detección de ondas gravitatorias [en la primera de las cuales participó en un rol protagónico la física argentina Gabriela González] fue una revolución.
–Se habla también de agujeros blancos, ¿se detectaron o son una predicción teórica?
–Bueno, las leyes de la gravedad son invariantes ante la reflexión temporal: las podemos mirar para adelante y para atrás. El agujero blanco sería el resultado de revertir el tiempo en un agujero negro. Así como en un agujero negro tenés materia que cae [hacia adentro], de un agujero negro blanco sale materia. Eso es imposible desde el punto de vista termodinámico, como que se vuelva a formar un huevo que se había roto. No es algo que se da naturalmente, solo se da con condiciones iniciales muy especiales... Yo en mis charlas a veces hablo de agujeros negros-blancos, que es distinto de un agujero blanco: son agujeros negros que por la radiación de Hawking [una débil radiación predicha por el físico británico] se ven blancos. Esos son posibles, pero todavía no se observaron.
–Para un lego, es inevitable no ver la analogía entre un agujero blanco y el Big Bang… Un lugar en el cual nada entra y todo sale. ¿Podría el Big Bang ser un agujero blanco?
–En cierto sentido, sí. Dentro del agujero negro está la singularidad, lo que podríamos llamar un Big Crunch. O sea, una gran implosión, una región donde el espacio-tiempo colapsa. En el Big Bang ocurre lo contrario: el espacio-tiempo se expande. Sin embargo, no es exactamente igual, porque en el caso del agujero negro-blanco o la singularidad del agujero negro [punto central en el que el espacio-tiempo tienen una densidad y una curvatura infinita], no es “isotrópica”, no es la misma en todas las direcciones. Mientras que en el caso del Big Bang creemos que es más o menos lo mismo en todas las direcciones. Pero sí, conceptualmente son un poco parecidos y por eso es que nos interesa entender el interior de los agujeros negros desde el punto de vista cuántico, para eventualmente tratar de explicar también el Big Bang. Los dos problemas están relacionados. Aclaremos que el punto que llamamos singularidad no es un punto en el interior, sino un momento en el futuro. Es una región en el futuro donde el espacio-tiempo colapsa.
–En términos poco académicos, si el Big Bang fuera un agujero blanco o un agujero negro “al revés”, y dado que en su singularidad no valen las leyes de la física, ¿alguna vez será posible entenderlo?
–Bueno, la idea es encontrar nuevas leyes. O sea, creemos que las leyes de la física que tenemos ahora son incompletas, porque no estamos describiendo la gravedad en forma cuántica. Una vez que se logre, esa teoría probablemente también podrá describir el Big Bang.
–¿Y si el agujero blanco fuera algo así como “la salida” de un agujero negro, conectaría con otro universo?
–Se ha especulado con esa idea, que se forme un agujero negro y del otro lado haya un Big Bang. Algo que colapse, y como que rebota y vuelve a expandirse. No lo sabemos y no tenemos ninguna teoría que lo prediga o pueda calcularlo. Como posibilidad filosófica o poética podría ser, pero no tenemos una teoría consistente que pueda describirlo. Hay otras [hipótesis] que son especulaciones con ecuaciones, con más probabilidad de tener sentido.
–En tus trabajos vos también abordaste la posibilidad de viajar en el tiempo y llegaste a la conclusión de que sí se podría, pero solo al futuro, algo que incluso desde el punto de vista lógico tiene un sentido, porque el futuro está abierto; en cambio, viajar al pasado implicaría modificar toda la intrincada red de causas y consecuencias que se abre después de cada hecho. ¿Qué se necesitaría para hacerlo, alcanzar la velocidad de la luz?
–Esa es la manera más sencilla: viajar a velocidades muy rápidas. Y a esas velocidades, además, no envejeceríamos. No sé si tendría muchas ventajas, porque después uno no podría volver atrás para contarlo (se ríe). A los muy curiosos, sí, por ahí les conviene.
–La astrofísica actual de frontera lleva a concebir ideas que parecen un poco locas, insospechadamente cercanas a la ciencia ficción. ¿En tu caso, te atraen o encontrás inspiración en esas tramas literarias o cinematográficas?
–No, lo veo más como un entretenimiento. Pero hay cosas interesantes. El tema es que muchas veces para volver atractiva la ciencia ficción hay que tomarse ciertas libertades, entonces termina siendo no muy consistente con lo que uno cree que es cierto. Cuando veo esas películas, no critico si está bien o mal la parte de ciencia, es una obra de arte, una obra poética.
–¿Qué opinás sobre la irrupción de la inteligencia artificial en la ciencia y, en particular, en tu campo de trabajo, tiene limitaciones?
–No veo en principio por qué debería haber algún límite. En general, todas las predicciones anteriores sobre sus límites resultaron no ser correctas, pero es algo que estamos tratando de aprender a usar. No sabemos exactamente cómo va a afectar lo que hacemos. En matemática, está influyendo en qué tipo de problemas se pueden resolver y en muchos es útil. La matemática tiene la ventaja de ofrecer problemas bien definidos y uno puede realmente ver si los resuelve o no. En la física teórica se empezó a usar, se encontraron algunos resultados y sí, resultó útil. Tenemos que aprender sobre cómo utilizarla.
–¿No contemplás la posibilidad de que estos sistemas desplacen a los humanos?
–Y… es algo que podría llegar a ocurrir, sí, pero bueno, yo creo que es más probable que sea una herramienta más que podamos usar de alguna manera. Tal vez tengamos que cambiar el tipo de preguntas que hacemos. En los últimos cuatro años se avanzó mucho. Ahora, uno puede poner los papers que uno escribe [bajo la óptica de] la inteligencia artificial y te da sugerencias.
–¿Y esas sugerencias son interesantes?
–Sí. Encuentra pequeños errores. Eso es lo mínimo que hace. El artículo que estamos escribiendo ahora se basa en uno anterior que había encontrado la inteligencia artificial. Es un cambio que lo obliga a uno a adaptarse. Hay cierto tipo de problemas que ahora podemos resolver con inteligencia artificial que por ahí antes ni siquiera hubiéramos intentado atacarlos, porque… no sé, tal vez exigían hacer cuentas muy largas y aburridas. En cambio, con inteligencia artificial sí podemos hacerlo. Por ahí, esa es una aplicación demasiado sencilla, pero quizá en el futuro haya nuevas preguntas que podamos resolver con estos métodos. Creo que la inteligencia artificial nos va a abrir más puertas y el progreso va a ser más rápido. ¿Quién lo va a hacer, la inteligencia artificial o nosotros? No sabemos. Es probable que ambos en conjunto.
–A pesar de vivir hace muchos años en los Estados Unidos, seguís vinculado con el Instituto Balseiro y con investigadores argentinos. ¿Cómo ves la formación de físicos en el país?
–Yo creo que hay lugares donde uno se puede formar muy bien y hay grupos muy buenos, Por ejemplo, el Grupo de Física de Partículas de Bariloche, con el cual me mantengo en contacto, es excelente. Pero sé que es un momento difícil, ciertamente no ayuda. Esperemos que sea transitorio.
–¿Qué preguntas querrías contestar en el futuro próximo?
–La meta (tal vez para el futuro no tan próximo) es tratar de entender mejor el interior de los agujeros negros y eventualmente el principio del Big Bang. Ese es el objetivo de largo plazo. Creo que [con los distintos medios de observación con que contamos ahora], vamos a aprender muchas cosas sobre aspectos clásicos de los agujeros negros, pero para mí no es obvio que vayan a responder el tipo de preguntas que nos hacemos sobre el interior de los agujeros negros, porque el interior no es visible. No podemos ir del interior al exterior. Podemos ir del exterior al interior, pero no viceversa. El interior está en el futuro, podemos ir hacia allí, pero no volver para atrás. Si un viajero estelar se acercara al horizonte de sucesos y diera el último paso, podría ingresar en un agujero negro y ver lo que hay, pero después no se lo podría contar a nadie, al menos no de ninguna manera que conozcamos.
