En pleno invierno de 1925, cuando el frío extremo convertía a Alaska en un territorio casi inaccesible, un pequeño pueblo quedó al borde de una tragedia sanitaria. La difteria, una enfermedad temida por su alta mortalidad, comenzaba a expandirse en Nome, una comunidad aislada por tormentas de nieve y temperaturas extremas.
Sin vuelos disponibles y con el puerto completamente congelado, la única esperanza eran los trineos tirados por perros. Así surgió la historia de Togo, el perro que salvó a su pueblo.
Togo fue un Husky Siberiano que nació en 1913. Era más pequeño que sus compañeros, difícil de controlar y con problemas de salud recurrentes. Su dueño, el reconocido conductor de trineos Leonhard Seppala, incluso llegó a pensar que aquel cachorro jamás serviría para el trabajo. Intentó regalarlo más de una vez, pero Togo siempre lograba escapar y regresar, como si entendiera que su destino estaba junto a su equipo.
En poco tiempo, el perro pasó de ser el más problemático al líder natural del grupo. Sin embargo, su prueba definitiva llegaría años después, cuando la difteria obligó a organizar una posta de emergencia que pasaría a la historia como la “Gran Carrera de la Misericordia”.
Veinte equipos de perros y conductores se distribuyeron a lo largo de casi 1.100 kilómetros para trasladar el suero vital. Aunque el nombre de Balto quedó grabado en la memoria popular por completar el último tramo, la parte más dura y peligrosa recayó sobre Togo. Con 12 años, una edad avanzada para un perro de trabajo, lideró al equipo de Seppala en el segmento más extenso y brutal de la travesía.
Mientras la mayoría de los relevos cubría distancias cercanas a los 50 kilómetros, Togo recorrió aproximadamente 420. Cruzó el temido Norton Sound, un tramo sobre hielo quebradizo donde un error significaba la muerte. Navegó tormentas de nieve, oscuridad absoluta y sensaciones térmicas cercanas a los -40 °C. Pero su resistencia extraordinaria permitió que el suero llegara a destino y frenara la epidemia antes de que se cobrara cientos de vidas.
Cómo terminó la historia de Togo
Tras la misión que salvó a Nome, Togo se retiró y Seppala lo llevó a Maine, Estados Unidos, donde vivió sus últimos años rodeado de cuidados y tranquilidad hasta 1929. Su cuerpo preservado puede visitarse en el museo de la sede de la Iditarod en Wasilla, Alaska. Allí, miles de visitantes conocen la historia del perro que, contra todo pronóstico, pasó de ser un cachorro indisciplinado a convertirse en símbolo de resistencia, valentía y lealtad.
