Hay edificios de Buenos Aires que parecen guardar varias ciudades dentro de sus paredes. El Palais de Glace, ubicado en Posadas 1725, es uno de ellos: nació hace más de un siglo como una pista de patinaje sobre hielo, fue escenario de bailes y orquestas de tango, atravesó la transformación cultural de Buenos Aires durante las primeras décadas del siglo XX y terminó convertido en una de las instituciones fundamentales para el desarrollo de las artes visuales argentinas.
Ahora, su historia vuelve a quedar en el centro de la escena por una decisión del Gobierno de Javier Milei. A través del Decreto 1106/2026, publicado este lunes en el Boletín Oficial, el Poder Ejecutivo estableció que el edificio del Palacio Nacional de las Artes, con nombre oficial del Palais de Glace, será objeto de una concesión para su puesta en valor, explotación, administración, reparación, conservación y mantenimiento. El proceso deberá concretarse mediante una licitación pública nacional e internacional dentro de los próximos 12 meses.
El decreto también contempla la posibilidad de incorporar “nuevas explotaciones complementarias o accesorias” siempre que sean compatibles con el carácter cultural del inmueble y contribuyan a su sostenibilidad económica. El Gobierno sostiene que ese esquema permitirá financiar la recuperación del edificio y garantizar la continuidad de su uso público.
La medida adquiere una dimensión particular por el lugar que ocupa el Palais de Glace en la historia cultural porteña. No se trata solamente de un edificio que necesita ser restaurado: es un espacio que fue pista de hielo, salón de baile, escenario del tango, sede de exposiciones y casa del Salón Nacional de Artes Visuales.
De pista de hielo a escenario del tango
El Palais de Glace fue inaugurado en 1910, durante los años del Centenario, cuando el patinaje sobre hielo era un entretenimiento asociado a los sectores más acomodados de Buenos Aires. El edificio fue concebido para albergar una pista, pero también contaba con confitería, palcos y espacios reservados. En el subsuelo funcionaban las maquinarias destinadas a producir el hielo.
Pero aquella pista tuvo una vida relativamente breve. A comienzos de la década de 1910, el lugar empezó a transformarse, también, en un espacio de encuentro social y baile. En 1912, por iniciativa del barón Antonio De Marchi, se organizó allí una velada destinada a llevar el tango a los salones de la alta sociedad porteña. La propuesta tuvo éxito y el Palais comenzó a funcionar como un elegante salón de baile.
Por sus salones pasaron algunas de las figuras centrales del tango de aquella época. Allí tocaron las orquestas de Francisco Canaro, Roberto Firpo y Julio de Caro, además del pianista Juan Carlos Cobián. El Palais de Glace se convirtió así en uno de los escenarios de la transformación del tango, que pasó de ser una expresión vinculada a sectores populares y espacios marginales a incorporarse progresivamente a otros circuitos sociales de Buenos Aires.
La propia historia oficial del edificio lo ubica dentro de aquel proceso de cambio cultural: después de haber nacido como pista de hielo, su salón central se convirtió en escenario de bailes y en uno de los lugares relacionados con la incorporación del tango a la vida ciudadana.
El día que el Palais de Glace dejó de ser un lugar para bailar
La historia del edificio volvió a cambiar en 1931, cuando pasó al dominio nacional y quedó vinculado a la Dirección Nacional de Bellas Artes. Un año después comenzó una nueva etapa: el Palais de Glace se convirtió en sede del Salón Nacional de Bellas Artes, el certamen que con el tiempo se transformaría en el actual Salón Nacional de Artes Visuales.
Para adaptarlo a su nueva función, el arquitecto Alejandro Bustillo intervino el edificio entre 1932 y 1935. La transformación fue profunda: las antiguas rotondas fueron convertidas en salas de exposición y el exterior abandonó parte de su lenguaje Beaux-Arts para adoptar los rasgos del neoclasicismo asociado a la arquitectura de Bustillo.
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Desde entonces, el Palais quedó estrechamente ligado al desarrollo del arte argentino. El Salón Nacional se convirtió en una institución central para la promoción y formación de artistas y público, y su colección fue creciendo con las obras obtenidas mediante los premios adquisición. Actualmente, el acervo vinculado al Palais de Glace supera las 1.200 piezas, según la información oficial.
Durante buena parte de su historia, además, el edificio de Posadas 1725 fue la sede física del Salón Nacional. Entre 1932 y 1954 funcionó allí de manera ininterrumpida; después atravesó distintas etapas y, desde 1960, volvió a utilizarse como sala de exposiciones hasta el cierre de 2017, con algunas excepciones.
El vínculo del Palais de Glace con el patrimonio argentino también está respaldado legalmente. En 2004, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 570/2004. Un año después, la denominación oficial “Salas Nacionales de Exposición” fue reemplazada por “Palacio Nacional de las Artes”.
Sin embargo, desde diciembre de 2017 el edificio permanece cerrado debido a obras de restauración, puesta en valor y adecuación tecnológica. Según información publicada actualmente por el Gobierno nacional, una "intervención quedó inconclusa y alcanzó apenas un 7% de ejecución".
Durante estos años, la actividad institucional del Palais no desapareció por completo. Las exposiciones temporales se trasladaron a otros espacios y el acervo fue conservado en el Complejo Histórico Cultural Manzana de las Luces, mientras que el Salón Nacional de Artes Visuales continuó realizándose en otras sedes, entre ellas el actual Palacio Libertad.
