Federico Fernández se mueve por los pasillos del Teatro Colón con la familiaridad de quien entra a su casa. El recorrido desde la puerta de Cerrito es una coreografía que ensayó 22 temporadas: sabe de memoria qué escaleras usar, qué giros dar, qué puertas abrir y los atajos clave para llegar hasta el escenario.
Los tiempos de los desplazamientos también los lleva internalizados: cruzó las puertas del icónico teatro por primera vez cuando tenía solo 17 años. Antes había sido becado por el Ballet Argentino de Julio Boca, el Ballet Concierto de Iñaki Urlezaga y contratado como solista y primer bailarín en el Ballet del Teatro Argentino de La Plata. “No soy de un apellido con palco, ni soy de familias patricias. Soy un pibe que pudo porque tuvo una familia que acompañó, porque hubo recursos culturales, diferentes becas y tuve suerte”, explica en diálogo con El Destape.
Sin embargo, la coreografía que repite todos los días hoy la pasa sin música porque el teatro está casi vacío. Después de un fin de semana de función, los lunes gran parte del staff descansa y solo quedan algunas bailarinas en las salas de ensayo, estudiantes del instituto y algunos trabajadores. A quienes se cruza, Federico los saluda por su nombre y con una sonrisa amable, mientras se termina un café. Tiene un andar elegante —es un bailarín de esos reconocibles entre la multitud—, pero lejos de marcar distancia, ofrece una mirada cálida.
Lo único que interrumpe el silencio de la sala principal es una visita guiada que no tendrá la oportunidad de desplazarse por aquellos lugares que Federico sí conoce: desde los jardines internos, las salas de maquillaje y peluquería, hasta los metros y metros de los talleres donde se guarda la escenografía, restos de utilería y se pintan los telones de fondo.
El telón principal del Colón se encuentra cerrado. De un lado, acomodan el escenario para la ópera del próximo sábado; del otro, una trabajadora revisa una por una las 632 butacas de las 22 filas de la platea: sacude los respaldos y mueve asientos antes de pasar a la siguiente para asegurarse de que estén perfectas para el público. “Es un trabajo antiguo que se mantuvo”, explica el primer bailarín.
Federico no solo aprendió los pasos para recorrerlo, sino que conoce todos los secretos del antiguo teatro, habla con molestia de los agujeros que hicieron en los techos en 2010 para que pase el aire acondicionado y señala cuál es el mejor palco para disfrutar de un espectáculo. Pasaron 22 años, varias gestiones, cumplió 40 años y, si bien los adornos dorados, mármoles antiquísimos y esculturas no parecen sorprenderlo, conserva la pasión por detalles únicos y la historia de su lugar de trabajo.
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Cumpliste 22 temporadas en el Teatro Colón. ¿Qué balance hacés de esta trayectoria?
-El balance siempre es positivo. Haber vivido siempre de lo que elegí de chico es un privilegio. No solamente en nuestro país, en el mundo. Así que el balance es bueno, mi carrera acá también fue, es y continuará un poco más siendo muy buena. Con altibajos como tenemos todos.
Empezaste de muy pequeño. ¿Qué sentís que cambió entre ese niño bailarín y el Federico de hoy?
-Todo, cambió todo. No el entusiasmo, pero sí el sentido. Lo primero que me nació fue moverme a través de la música, fue mi mamá la que descubrió que me gustaba bailar y la que me empujó a la danza. Cuando me profesionalicé, cuando entendí que no era mi hobby, sino mi trabajo, y pasé a los espacios públicos, entendí la importancia del lugar que ocupábamos dentro de la cultura y de la identidad de nuestra ciudad. Ahí todo cambió. Sentirme en mi lugar, querer quedarme acá, querer devolver todo lo que me dio. Los que estamos en este teatro damos lo mejor de nosotros porque nos dan el espacio para crecer. Entendí a los 18-19 años que la danza era mi profesión, mi vida, pero desde el Estado, desde lo público, desde mi lugar para otro. Eso me cambió para siempre: ese niño que solo tenía la ilusión pasó a tener ilusión y responsabilidades.
¿Por ese sentido de “devolución” elegiste quedarte en Argentina?
-Cuando era niño, no estaba en mi ilusión irme del país y vivir afuera. Había un poco más de mandato de mis maestros, un poco de “acá las cosas no funcionan, nos gustaría que vos triunfes en otro lugar”. No era esta una opción que me brindaran, eso lo descubrí yo. Tiene que ver también con lo familiar, con lo que a mí me enseñaron de chico, de entender la Argentina desde lo propio, desde lo identitario, y que si había que modificar algo, quizás había que hacerlo desde acá. Elegí quedarme acá. Este es mi lugar.
La necesidad de que las puertas del Teatro Colón “estén abiertas para todos”
Al ser director del Buenos Aires Ballet, la compañía independiente, y primer bailarín de un teatro considerado elitista, ¿crees que el Teatro Colón debería ser más accesible?
-Hay un discurso muy bien armado de un teatro para todos. Después de más de 100 años de apertura, hay mucha gente que se sigue sintiendo excluida del Teatro Colón, no porque no quiera venir, sino que directamente cree que no puede o piensa: “¿Por qué iría una persona que no entiende nada de música, ballet, de orquesta u ópera?” y ¿por qué iría si no se lo invita desde una política cultural? Tiene que haber un cambio mucho más profundo que poner un día más barata la entrada o para jóvenes.
Lo que falta es una decisión política de apertura del teatro, es algo histórico, no es esta gestión. Por alguna razón, está asociado a un sector social que es el que termina muchas veces excluyéndonos a todos nosotros, porque yo soy de ese otro sector, no soy de un apellido con palco. Creo que se puede fomentar y modificar más desde la política cultural para que la puerta esté abierta para todos, incluso para esa persona que cree que no va a entender, que no se sienta excluida por el dorado de la sala o por ver una bailarina en zapatillas de punta.
Y a nivel nacional, ¿Cómo ves la realidad de la cultura argentina?
-Es un momento complejo para la cultura, más cuando solamente se la entiende como una distracción, que lo es también. Me refiero a las artes escénicas, las plásticas; cuando todo eso se resume solamente a “el que puede lo hace y el que no tiene que bueno, no te tocó, andá a laburar”, es complejo vivir el momento que estamos pasando. Me parece que hay una apatía en todo sentido y, obviamente, en lo cultural se nota muchísimo la diferencia de ser acompañados por el Estado. Me refiero a toda esa malinterpretación que hay de los presupuestos y le queda a la gente que “son todos chorros” o “era una cuna de ladrones” y quizás sí había que modificar cosas, pero cerrar, anular o cancelar no es bueno para nadie y mucho menos para un país.
También muchas personas piensan que los artistas no deben opinar de política…
-Esa crítica es constante. Al artista que se vincula con lo político o con lo partidario ya se lo cancela, sea del lado que sea. Yo recibí muchísimas cancelaciones en estos años. Tuve que cerrar las redes sociales muchas veces.
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¿Sentís que a los propios artistas les falta la sensación de sentirse trabajadores?
-Sí, porque sigue existiendo la pregunta "¿de qué vivís?". A mí me lo siguen preguntando. Nos señalan como vagos, que no laburamos, y ya con un Gobierno nacional que nos apunta, es muy complejo poder hablar y que la gente valorice tu laburo, que no es ni más ni menos que cualquier otro. Sí, es el privilegio de poder vivir de lo que quise.
Tras 22 temporadas en el Teatro Colón, Federico Fernández ve "incierta" su despedida
En noviembre, la carrera de Federico completará un círculo al volver a interpretar uno de sus ballets favoritos: Manon. Aquel que protagonizó por primera vez hace 16 años, junto a Nadia Muzyca, y que lo ayudó a entender que “la danza podía pasar también por historias más humanas”. Sin embargo, a sus 40 años, el primer bailarín no lo ve como un cierre porque no tiene una fecha exacta para bajarse del escenario.
¿En qué momento se retira un bailarín del Teatro Colón?
-Todos llegamos distinto. Depende mucho de cómo trabajaste toda tu vida y hoy todo se extendió un poco más. Tenemos alrededor nuestro equipos multidisciplinarios de kinesiólogos, nutricionistas, un gimnasio especializado con un instructor que nos acompaña. Todo hace que nuestra vida en la danza sea no solamente más saludable, sino más larga. Yo pasé montones de cosas, periodos buenos, malos, no tan malos. Ahora cumplí 40 años, que siempre sentí que era el momento de bajarme del escenario, y me estoy sintiendo mejor. Los vamos sintiendo, estaba planificado que yo me despidiera en el próximo ballet, que es Manón, pero algo en lo físico y emocional me hizo empezar a sentirme mejor y que mis lesiones se fueran recuperando. Que todo este equipo multidisciplinario esté acompañándome me hace llegar hoy a esta edad mejor que hace unos años.
Entonces, ¿todavía no tenés planeado bajarte del escenario?
-No voy a extender mi carrera mucho tiempo más, por lo menos no en los príncipes, esos protagónicos requieren una técnica que se va diluyendo un poco y no termina siendo la más afilada como en los 20-30 y pico. Pero sí creo que hay un escénico que se logra a esta edad que no lo va a tener una persona más joven, no porque no pueda, sino por la vida misma, por la edad y la experiencia. A mí me gustaría retirarme el año que viene si encontrara un ballet que me identifique o la dirección que me acompañe a esa salida. Sería una salida del escenario y no del teatro todavía, porque no sé si puedo irme con retiro voluntario y no sé si va a estar la jubilación. Creo que puedo estar un año o unos 6 meses más porque siento que tengo con qué todavía. Mi salida del escenario es incierta y mi salida del teatro también.
¿En qué otro rol te ves dentro del Teatro Colón?
-Como maestro, ensayista. Llevo casi 15 años con Buenos Aires Ballet dirigiendo esa compañía independiente que creo que también me formó a la hora de estar al frente de compañeros y de artistas diversos, clásicos, contemporáneos, de jazz, tener un equipo técnico, asistentes. Me fui formando sin recursos, con lo justo para poner el tapete, meternos en un motorhome, llegar, ayudar a poner luces, sonido y hacer una función. Imagínate teniendo los recursos del Teatro Colón... me formo para que ese día llegue alguna vez. Siento que tengo mucho para aportar desde el lugar del bailarín argentino atravesado por las cuestiones argentinas, por el conocimiento real y tangible de lo que se vive y se vivió acá siempre. A veces el que viene de afuera no lo tiene porque no lo atravesó y no lo vivió.
Al mirar en retrospectiva tu carrera, ¿crees que hay algo que te falta hacer?
- A mí se me cumplió hasta lo que no soñé. Bailé las cosas que jamás pensé bailar. Bailé con bailarinas que yo veía de chico, como Silvina Perillo, que me formó hasta que me eligió para ser su bailarín en su despedida. Son cosas que yo no me imaginé jamás que iban a pasar. No sé si me falta algo. Siento que estoy cumpliendo todo y más.
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Dónde disfrutar a Federico Fernández: sus próximas funciones
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Jueves 24 de septiembre: Teatro Roma San Rafael
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Viernes 25 de septiembre: Auditorio Municipal de Tunuyán
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Sábado 26 de septiembre: Teatro Mendoza
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Domingo 27 de septiembre: Cine Teatro Municipal de San Juan
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Noviembre: Manón en el Teatro Colón
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Diciembre: El Cascanueces en el Teatro Colón
