En el noreste de Brasil, en el estado de Maranhão, se encuentra Lençóis Maranhenses, un parque nacional que desafía toda lógica y parece sacado de otro planeta. Sus dunas de arena blanca alcanzan hasta 30 metros de altura y se extienden por una superficie de 1.500 km², creando un paisaje de montañas imposibles y curvas infinitas.
Pero lo que realmente hace especial a este lugar son sus miles de lagunas naturales que brotan entre las dunas durante la temporada de lluvias, aproximadamente de mayo a octubre. Estas piscinas de agua dulce, de un intenso color turquesa, parecen espejos pintados a mano que contrastan con la arena blanca, formando un espectáculo visual único en el mundo.
Lençóis Maranhenses no es un desierto común. Entre la exuberante vegetación del interior y el océano Atlántico que lo bordea, los fuertes vientos empujan la arena hacia adentro, creando un ecosistema singular. La capa impermeable de sedimentos hace que el agua de lluvia quede atrapada en las cuencas naturales, dando lugar a estas lagunas temporales donde los visitantes pueden nadar, flotar y disfrutar de un entorno casi mágico.
Cómo llegar al desierto de Brasil que es una joya de la naturaleza
Este lugar fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 2024, un reconocimiento que llegó justo cuando el parque batió récords de visitantes. Según Cristiane Figueiredo, directora del parque nacional, "con este reconocimiento, se ganó una nueva atención mundial". En 2024, más de 552.000 personas lo visitaron, y para septiembre ya superaban las 580.000.
Los viajeros que recorren Lençóis Maranhenses coinciden en que la mejor forma de explorar este paisaje es a pie y descalzos, para conectar con la arena y las lagunas vírgenes. Muchos inician su aventura en Lagoa Bonita, cerca de Barreirinhas, y caminan hasta Atins, un pueblo costero que funciona como base para los excursionistas. Este trayecto incluye 36 km de arena y dos noches en pueblos locales, una experiencia que combina naturaleza y cultura.
Para quienes viajan desde Argentina, la logística comienza con un vuelo a São Luís, la capital de Maranhão, con escalas habituales en São Paulo o Río de Janeiro. Desde allí, la mejor opción es un traslado terrestre en bus o transfer privado hacia Barreirinhas, el punto de partida ideal para descubrir el parque.
Es fundamental planificar el viaje en la época correcta para disfrutar de las lagunas llenas. La mejor temporada es entre mayo y agosto, justo después de las lluvias, cuando el agua alcanza su nivel máximo. Se recomienda pasar al menos tres o cuatro días para recorrer tanto los circuitos clásicos como Lagoa Azul y Lagoa Bonita, como para aventurarse en los rincones menos transitados de Atins, asegurando así una experiencia completa en uno de los destinos más instagrameables de América Latina.
