Fiambalá pasó de ser una tranquila localidad agrícola del oeste catamarqueño a convertirse en uno de los grandes polos turísticos de la provincia. El impulso que significó el paso del Rally Dakar desde 2009 -que le valió el apodo de Capital Mundial del Dakar- ayudó a que miles de viajeros descubrieran un destino que combina paisajes desérticos, aguas termales, volcanes y patrimonio histórico.
Ubicada en el departamento Tinogasta, esta localidad es hoy la puerta de entrada a algunos de los escenarios naturales más impactantes de la Cordillera de los Andes. Desde allí parten excursiones hacia los Seismiles, el Paso Internacional San Francisco y un conjunto de atractivos que la consolidaron como una parada obligada para quienes recorren el oeste de Catamarca.
¿Dónde queda Fiambalá y cómo llegar?
Fiambalá está ubicada en el departamento Tinogasta, en el oeste de la provincia de Catamarca, a unos 320 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca.
El pueblo está ubicado a 1.500 metros sobre el nivel del mar, sobre la base del Valle del Abaucán, rodeado por la Sierra de Fiambalá al este y la Sierra de Narváez al oeste. El río Abaucán atraviesa la región y permitió históricamente el desarrollo de oasis agrícolas dedicados principalmente al cultivo de vid y olivo.
Para llegar desde la capital provincial hay que tomar la Ruta Nacional 38 hasta Chumbicha y luego continuar por la Ruta Nacional 60, atravesando la Cuesta de La Cébila y distintas localidades del departamento Tinogasta hasta arribar a Fiambalá. Todo el recorrido está pavimentado y en buenas condiciones.
Qué hacer en Fiambalá: termas, dunas y la Ruta del Adobe
Uno de los principales atractivos son las Termas de Fiambalá, ubicadas a apenas 14 kilómetros del centro por la Ruta Provincial 136. El complejo cuenta con 17 piletones naturales escalonados, cuyas aguas oscilan entre los 30 y más de 40 grados, alimentadas por surgentes termales que alcanzan temperaturas cercanas a los 75 grados en la parte alta de la quebrada. Además del valor paisajístico, las aguas son visitadas por personas que buscan aliviar afecciones reumáticas, articulares y musculares.
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Otro de los grandes emblemas es la Ruta del Adobe, un recorrido de unos 50 kilómetros que une Tinogasta con Fiambalá y permite conocer antiguas iglesias, casonas y construcciones realizadas con adobe, una técnica ancestral adaptada a las condiciones climáticas del oeste catamarqueño. Entre ellas sobresale la Iglesia Nuestra Señora de Andacollo, una de las más representativas de la región.
Los amantes del vino también encuentran en Fiambalá un destino ideal. El clima árido, la intensa radiación solar y la amplitud térmica favorecen la producción de uvas de alta calidad, lo que impulsó el desarrollo de bodegas reconocidas por sus vinos premiados tanto en Argentina como en el exterior.
La duna más alta del mundo y la puerta de los Seismiles
Fiambalá también es sinónimo de aventura. A pocos kilómetros del pueblo se encuentran algunos de los campos de dunas más impresionantes de Sudamérica.
En las cercanías de Medanitos, al norte de la localidad, se levanta la denominada Duna Federico Kirbus, considerada por numerosos especialistas como la duna de mayor desarrollo vertical del mundo, con 1.234 metros entre su base y su cima.
La región también funciona como acceso privilegiado al circuito de Los Seismiles, donde se concentran algunos de los volcanes más altos del planeta, todos por encima de los 6.000 metros sobre el nivel del mar. Este corredor andino, que conduce hacia el Paso Internacional San Francisco, ofrece paisajes de alta montaña, salares, quebradas y volcanes que convierten al oeste catamarqueño en uno de los destinos más impactantes del país.
Con una población de poco más de cuatro mil habitantes, Fiambalá logró posicionarse como uno de los grandes referentes del turismo de naturaleza en Argentina. Entre aguas termales, desiertos, viñedos, patrimonio histórico y montañas imponentes, el pueblo ofrece una combinación difícil de encontrar en otro lugar del país.
