Una escena que es cada vez más común: en el grupo de WhatsApp familiar, alguien pregunta quién lidera el podio de pasos del día. Una pareja de jubilados canjea sus pasitos por una medialuna. En otra parte, un grupo de jóvenes revisa si les alcanzan los puntos para tomar algo antes de entrar a la oficina. Detrás de esa pequeña revolución en las rutinas está Pasito, la app que te regala beneficios por salir a caminar y busca que los vecinos vuelvan a habitar las calles de su ciudad.
Santiago Schamberger (26), Lisandro Comentino (29) y Renata Poletti (25) son los creadores de la app que busca innovar con una acción cotidiana. Su idea principal era motivar a la gente a caminar, con una recompensa a cambio: “Es una actividad saludable a la que uno no le da mucha bolilla a veces, y la pueden hacer personas de todas las edades y con cualquier estado físico”, aseguró Lisandro. Cuanto más caminás, más pasitos acumulás para canjearlos en cafés, cine, centros de estética, gimnasio, bares y restaurantes.
Pasaron seis meses de ajustes hasta que lanzaron la app. Para que la espera no sea tan larga, fueron mostrando lo que se venía en las redes sociales, donde acumularon seguidores en muy poco tiempo y, solo a algunos, les compartieron el acceso para que pudieran probarla. “Así, de a poquito, entre prueba y error, fuimos mejorándola”, explicó.
Cuando llegó el lanzamiento, la reacción fue inesperada: “Nos dimos cuenta que pasó algo grande a los días, cuando mucha gente nos empezó a hablar y la app apareció como la más descargada de Argentina. No lo podíamos creer, estábamos muy contentos”, contó Lisandro. Los videos de sus redes se volvieron virales, muchas personas les preguntaron cómo podían usarla y los comercios empezaron a recibir a sus primeros clientes de Pasito.
Pero el camino no fue sencillo. Ese mismo día, con la euforia a flor de piel y tras meses de pruebas, se toparon con su peor pesadilla: un error en Android hizo que la aplicación dejara de funcionar. “Prácticamente a nadie le contaba los pasos, fue un bajón”, recordó Lisandro. Si bien enviaron la actualización rápido, Google tardó en aprobarla. “Esas horas parecía que no pasaban más”, confesó, cuando las redes se llenaron de comentarios sobre el problema.
Cada pasito que ellos daban perseguía un mismo objetivo: que más personas reconecten con sus propios barrios y con quienes los atienden. “Veíamos a la gastronomía un poco golpeada, con las puertas llenas de motos de delivery pero con el local vacío”, comentó Lisandro. Para reactivar a esos comercios y también para fomentar que las personas salgan de sus casas, se decidieron a crear la aplicación.
“Está bueno que la gente vaya, consuma, conozca el café, escuche la música y observe su entorno. La idea es que vivan la experiencia en el lugar”, remarcó. No es casual: la mayoría de los canjes son exclusivos para consumo en el local, en un intento de recuperar el ritual del encuentro. “Hay gente que fue una vez a canjear y le gustaron tanto las medialunas que ahora va todos los días a buscar una”, relató y agregó: “Se generan lindas dinámicas entre los locales y la gente”.
Pero ese fue otro de los grandes desafíos: lograr que los comercios quieran otorgar premios. Lisandro, que hace años crea contenido en gastronomía, fue contando la idea a quienes visitaba. “Era el desafío más complicado de todos pero por suerte se logró”, sostuvo.
El enfoque fue sencillo: darle toda la libertad de decisión a cada comercio, tanto el manejo del stock, los horarios y hasta bloquear días donde no se puede canjear. Hoy funciona como una plataforma de marketing, para que los más de 470.000 usuarios conozcan lugares nuevos alrededor de sus casas, de sus trabajos o de los barrios donde suelen pasear. “Ellos se sorprenden por la cantidad de gente que empieza a llegar. Mucha ya vivía cerca y nunca había conocido el lugar”, indicó. Así inicia su idea de reactivación: el usuario que va por su café de regalo termina tentándose con algo para comer, deja una reseña positiva en Google o, simplemente, regresa al día siguiente porque le encantó la atención y el producto.
Los tres confiaron a ciegas en Pasito desde el primer momento. Santiago, desarrollador web, repartió sus horas para crear la app, mientras mantenía su trabajo part-time. Lisandro, quien trabaja en un banco y sigue la rutina de oficina, encontró tiempo para alimentar su pasión por la gastronomía. Renata decidió dar el salto de fe y, frente al abrupto crecimiento, renunció a su trabajo para dedicarse tiempo completo a construir la identidad de esta aplicación que hoy forma parte de la rutina de miles de personas.
Sus familias estuvieron presentes en todo el proceso: probaron la app, les hicieron consultas y experimentaron sus primeros canjes. “Hoy ellos están re enganchados. Tenemos grupos para ver quién camina más, están todos muy activos”, dijo entre risas Lisandro al explicar una de las funcionalidades de Pasito. Cada usuario puede crear un grupo con amigos o familia, competir, apostar pasitos e ir viendo cada día quien logra acumular la mayor cantidad de pasos.
Pasito ya traspasó los límites de la Ciudad de Buenos Aires, porque la misma demanda hizo que rápidamente se sumaran comercios del conurbano, Córdoba, Rosario y otras ciudades. Incluso concretaron su primer encuentro de pasiteros en el Rosedal de Palermo. También cruzó fronteras: a tan solo una semana de haber habilitado la aplicación en Uruguay, ya eran más de 50.000 usuarios.
“Nos escribe mucha gente. Una señora nos contó que logró que su esposo salga a caminar con ella porque quiere ganar la recompensa e ir a comerse una medialuna”, rió Lisandro. Con eso, quedaron convencidos de que alcanzaron su meta: alentar a la gente a salir de sus casas y conseguir, mediante un hábito saludable, una recompensa para disfrutar en un nuevo lugar.
El mensaje es claro. Los creadores de Pasito quieren que la gente se anime a salir: “Hay un montón de experiencias esperándolos a un pasito de distancia. Hay lugares y gente muy buena”, concluyó Lisandro y agregó: “Porque caminando pasan cosas lindas, y encima ahora tiene recompensa”.
