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Científicos argentinos entrenarán a entre 200 y 400 profesionales para prevenir epidemias

Un equipo del IECS liderará una red de 14 países de Latinoamérica y el Caribe para entrenarlos en modelado matemático de brotes. La meta es que la región pueda anticiparse y contar con herramientas propias

08 de octubre, 2026 | 21.10
Cuando llegó la última pandemia, los ministerios de salud de buena parte del mundo descubrieron que necesitaban muchas cosas que no tenían a mano. Insumos hospitalarios, oxígeno, mascarillas, vacunas… pero también una en la que no suele pensarse tanto: profesionales capaces de desarrollar, interpretar y aplicar modelos matemáticos para decidir cuándo distanciar, a quién vacunar primero o cuántas camas preparar, entre muchas de las acciones indispensables para enfrentar mejor estas situaciones que se repiten periódicamente.
 

Por supuesto, América Latina no escapó a esa situación y, en el mejor de los casos, tuvo que adaptarse a herramientas  desarrolladas en otras latitudes… aunque no fueran las más adecuadas a la cultura y contexto socioeconómico local para controlar los brotes. El impacto se hizo sentir: “Tuvimos el 8% de los casos mundiales, pero bastantes más muertes que países mejor preparados”, destaca Federico Augustovski, director del Departamento de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Economía de la Salud del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) e investigador del Conicet.

Esa falta de capacidad instalada y la dependencia de los centros del Norte que la acompañó, inspiró el programa Global South Leaders in Epidemic Analytics and Response Network (GS LEARN), una red internacional impulsada por la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), financiada con apoyo de la Fundación Gates y otros donantes. Tiene como meta reforzar la preparación para la prevención de epidemias en el Sur Global. Recientemente se lanzaron en Kigali, Ruanda, un conjunto de proyectos que serán financiados durante los próximos tres años. Después de una rigurosa evaluación entre cientos de presentaciones, y una extensa etapa de ajustes técnicos y presupuestarios, el desarrollado por el equipo de Augustovski en el IECS fue el único elegido en América latina. También fueron seleccionados dos de África y uno de la India.

Misión 100 días 

Cada proyecto funciona en dupla. Una institución lo implementa (en este caso, el IECS) y un “facilitador” acompaña, que en nuestra región es la Organización Panamericana de la Salud. A ellos se suman investigadores del Centro de Dinámicas de Enfermedades Transmisibles de la Escuela de Salud Pública de Harvard, que darán clases y mentorías. El comité científico asesor lo presidirá el epidemiólogo norteamericano Marc Lipsitch.

“Durante tres años, unos 15 investigadores del IECS capacitarán a profesionales de la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay –detalla el científico–. Los candidatos deben contar con el aval del ministerio de salud de su país y trabajar en organismos públicos, agencias sanitarias o universidades”.

La formación se divide en tres niveles. El primero es para quienes construyen los modelos y programan las herramientas. El segundo, para mandos medios que tienen que saber qué preguntas plantear y cómo interpretar los resultados. El tercero, para gestores de alto rango que deciden, por ejemplo, si corresponde imponer un aislamiento en una región o hacia qué grupo orientar una campaña de vacunación. Los ministerios están nominando candidatos en estos días y los cursos se inician a comienzos de 2027.

Los modelos matemáticos exigen información fidedigna, y allí puede estar uno de los puntos débiles con los que se encuentren. “Carecer de datos precisos es un knock-out para lo que sigue –explica Augustovski–. Si los sistemas de vigilancia son flojos, faltos de personal o se discontinúan, no hay modelo que se pueda construir sin datos para alimentarlo”. Aclara, de todos modos, que la región tiene bastante experiencia en vigilancia epidemiológica y que el problema es más amplio: también hace falta capacidad propia para usar esos datos.

Como ejemplo virtuoso, cita lo que ocurrió en Colombia el año pasado a partir de un brote de fiebre amarilla. La OPS y equipos locales diseñaron un modelo de alerta temprana por municipio, y como el Instituto Nacional de Salud poseía el equipo para manejarlo, ya tienen disponible la herramienta. “Es la visión que este proyecto quiere multiplicar”, destaca.

La idea detrás de esta iniciativa es la llamada “Misión 100 Días” de CEPI: que pasen cien días o menos entre la detección de una epidemia y la vacunación de la primera persona. Para llegar a ese objetivo, dice el investigador, “tiene que estar todo muy aceitado. Y si no mejoramos las capacidades de base en tiempos de ‘paz’, no podemos responder bien en tiempos de ‘guerra’”.

En la práctica, esos tiempos de paz aluden a los períodos en los que los casos se mantienen dentro de los márgenes habituales, se realizan monitoreos y análisis continuos que van estableciendo una línea de base. Cuando los casos suben, la tendencia cambia o aparece algo nuevo, como una mutación en algún patógeno, la señal se desvía y funciona como alerta temprana. En ese caso, los modelos permiten proyectar qué tan transmisible puede ser un virus, dónde existe más riesgo de que se concentre, cuál será su letalidad y a qué proporción de la población habrá que internar”.

Mucho más que biología

El equipo que lleva adelante esta iniciativa, de 15 a 20 personas, incluye epidemiólogos, médicos, estadísticos, politólogos, sociólogos, científicos sociales y comunicadores. No es casual. “Las epidemias, contrariamente a lo que suele pensarse, no son solo un fenómeno biológico. Involucran aspectos psicológicos, económicos, sociales, culturales, por lo que exigen una mirada muy multidisciplinaria para analizarlas y tomar decisiones”, afirma Augustovski.

La urgencia no es retórica. Hoy nuestra región lidia con el regreso del sarampión y con el dengue, el chikungunya, el zika, la fiebre amarilla y la tuberculosis, para nombrar solo algunas de las patologías que causan brotes preocupantes. Y los especialistas no dudan de que, antes o después, habrá otra pandemia. En ese sentido, el especialista estima que el retiro de la Argentina de la Organización Mundial de la Salud no es una buena noticia: “Si se trabaja menos en redes internacionales, las capacidades inevitablemente se reducen”, advierte.

El plan incluye tejer una red latinoamericana de preparación epidemiológica (EMAN-LAC), que se lanzaría hacia la mitad del segundo año, pensada como comunidad de aprendizaje y vinculada a GS LEARN. Todos los materiales, programas y herramientas serán de acceso abierto, y quedarán a disposición de los interesados cuando el proyecto termine.

Para el IECS, que ya había desarrollado modelos de proyección con el apoyo del BID y la OMS durante el COVID, se trata de un reconocimiento a su trayectoria en enfermedades infecciosas, vacunas y capacitación, además de una oportunidad. Para que  la próxima vez que ocurra nos encuentre mejor preparados.

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