Un equipo de científicos de Argentina, Canadá y Japón descubrió en la Patagonia restos de huevos de titanosaurios de unos 68 millones de años. El hallazgo fue realizado en la Formación Chorrillo, en la provincia de Santa Cruz, y además de ser único en el mundo, arrojó nuevas pistas sobre cómo estos gigantes se reproducían y adaptaban a las condiciones extremas de la zona durante el Cretácico tardío.
Los investigadores encontraron 255 fragmentos de cáscaras fósiles, que fueron recuperados en expediciones realizadas entre 2020 y 2024. El sitio se encuentra a unos 322 kilómetros al norte del estrecho de Magallanes y, hace 68 millones de años, estaba ubicado aproximadamente entre los 55 y 60 grados de latitud sur. Para entonces, la Patagonia austral presentaba un clima considerablemente diferente al actual, con temperaturas más moderadas y un ecosistema en el que convivían distintos tipos de dinosaurios y otros animales.
Cómo fue el hallazgo y qué significa para la ciencia
Los restos hallados corresponden a cáscaras del tipo Fusioolithus, asociado a huevos de titanosaurios. Estos dinosaurios pertenecían al grupo de los saurópodos, caracterizados por sus cuellos y colas largas, cuerpos enormes y alimentación herbívora. Podían alcanzar alrededor de 25 metros de largo, mientras que algunos ejemplares de titanosaurios llegaron a estimarse en hasta 75 toneladas. En la propia Formación Chorrillo se identificó, por ejemplo, Nullotitan glaciaris, un titanosaurio que podía alcanzar unos 25 metros.
Al analizar las cáscaras de los huevos encontrados, los investigadores observaron que tenían numerosos poros. Estos permitían el ingreso de oxígeno mientras permanecían enterrados, dado que el gran tamaño de los titanosaurios les impedía empollar, por lo que enterraban los huevos bajo sedimentos y plantas, cuya descomposición generaba el calor necesario para incubarlos.
La hipótesis es que la descomposición de la vegetación generaba calor, de una manera similar a lo que ocurre en una pila de compost, y permitía mantener una temperatura adecuada para el desarrollo de los embriones. Los poros de las cáscaras, a su vez, permitían el intercambio de oxígeno mientras los huevos permanecían enterrados.
El descubrimiento también permitió conocer mejor cómo era la vida de estos reptiles en la Patagonia. Hasta ahora solo se sabía que los titanosaurios habían habitado regiones muy australes, pero no estaba claro si también se reproducían allí. Gracias al hallazgo de los huevos, se supo que -al menos en esa zona- podían llevar adelante su ciclo reproductivo.
