Mar del Sud, un punto de la costa bonaerense ubicado a unos 17 kilómetros al sur de Miramar, representa una de las escapadas cortas más atractivas y pocos la conocen. A fines del siglo XIX este lugar fue creado en el marco de un ambicioso proyecto inmobiliario y turístico, que pretendía convertirse en un balneario de categoría que compitiera con Mar del Plata.
El proyecto se apoyaba en un paisaje privilegiado, con playas extensas, médanos y sectores de arena y piedras frente al mar del Atlántico. Pero había una pieza fundamental para que aquel plan pudiera prosperar, que era el ferrocarril. Justamente por ello, la historia nunca se concretó como esperaban.
El tren que nunca llegó
El ferrocarril era sinónimo de progreso a finales del siglo XIX. Mar del Plata había recibido el tren en 1886 y esa conexión había sido decisiva para su crecimiento como destino turístico, por lo cual los impulsores de Mar del Sud esperaban que las vías facilitaran la llegada de visitantes desde Buenos Aires y toda la provincia.
Pero el tren llegó hasta Miramar y nunca continuó hacia Mar del Sud. Sin ello, llegar al balneario era mucho más complicado porque los viajeros debían completar el trayecto por caminos difíciles, atravesando zonas rurales y médanos. A esa frustración se sumó la crisis económica de 1890, que golpeó los proyectos de inversión y terminó de complicar el desarrollo del emprendimiento.
Aquella aparente derrota terminó moldeando el presente de Mar del Sud. Al quedar al margen del crecimiento turístico masivo, la localidad conservó buena parte de su paisaje natural y un ritmo tranquilo, que hoy hace a su diferencial.
El hotel que pone en valor el sueño inconcluso
Uno de los grandes símbolos de aquella época es el Hotel Boulevard Atlántico, que fue construido a fines del siglo XIX para recibir a familias acomodadas que buscaban pasar sus temporadas frente al mar. El edificio tenía una escala imponente para un pueblo que todavía estaba lejos de convertirse en una gran ciudad turística.
El hotel recibió durante sus primeros años a inmigrantes judíos que habían llegado a la Argentina escapando de la persecución en Europa oriental. Con el paso del tiempo, el edificio atravesó períodos de abandono, incendios y deterioro, alimentando numerosas leyendas.
Hoy, Mar del Sud ofrece justamente aquello que su proyecto original no había imaginado: playas amplias, tranquilidad y contacto con la naturaleza, lejos de las multitudes. Se puede caminar frente al mar, pescar, disfrutar de los atardeceres y recorrer un paisaje que todavía conserva buena parte de su carácter agreste.
