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Alzheimer: la diferencia entre los olvidos propios de la edad y una señal de alerta

La memoria puede fallar con la edad, pero algunos olvidos frecuentes pueden ser una señal para consultar con un especialista.

22 de septiembre, 2026 | 13.31
Qué es el Alzheimer.

En el marco del Día Mundial del Alzheimer, especialistas explican qué cambios en la memoria pueden formar parte del envejecimiento y cuáles deberían motivar una consulta médica. Olvidar dónde se dejaron las llaves, entrar a una habitación y no recordar qué se iba a buscar o tener dificultad para encontrar una palabra son situaciones que pueden ocurrirle a cualquier persona pero eso no significa que toda falla de memoria deba atribuirse naturalmente a la edad o el paso del tiempo.

“Más que un olvido aislado, lo que debería llamar la atención es un cambio respecto de cómo funcionaba habitualmente esa persona”, explica el Dr. Facundo Frissia, neurólogo del CMC de Salta de Boreal Salud (MP 3830). De acuerdo con el especialista, algunas señales que justifican una consulta son comenzar a repetir preguntas de manera frecuente, presentar dificultades para realizar tareas conocidas o experimentar problemas de memoria que terminan afectando la autonomía.

Cuándo un olvido puede ser una señal de alerta

Perder las llaves ocasionalmente o tardar unos segundos en recordar un nombre puede ser algo habitual. La situación cambia cuando estos episodios se vuelven reiterados o empiezan a interferir con la vida diaria. Por ejemplo, olvidar dónde se dejaron algunos objetos puede ser algo cotidiano. En cambio, si una persona comienza a guardarlos sistemáticamente en lugares extraños y después no puede reconstruir qué hizo con ellos, puede ser conveniente prestar atención.

Algo similar ocurre con las citas, los nombres y las conversaciones. No recordar ocasionalmente el nombre de alguien y recuperarlo más tarde no necesariamente representa un problema. Pero olvidar información reciente de manera reiterada o formular varias veces la misma pregunta es una situación que merece ser evaluada.

También puede suceder que una persona tenga dificultades puntuales para encontrar una palabra. Sin embargo, perder con frecuencia el hilo de una conversación, presentar problemas persistentes para expresarse o utilizar términos que dificultan la comprensión puede constituir otra señal para consultar.

La orientación también es un aspecto importante. Confundirse alguna vez con el día de la semana y luego corregirlo puede ocurrir. Distinto es desorientarse repetidamente en lugares conocidos o perder la noción del tiempo. Las dificultades para resolver actividades habituales también pueden marcar una diferencia. Un error ocasional al hacer una cuenta no necesariamente es preocupante, mientras que empezar a tener problemas para pagar facturas, seguir una receta conocida o completar tareas que antes se realizaban sin inconvenientes puede requerir una evaluación profesional.

Tener problemas de memoria no significa necesariamente Alzheimer

Una falla de memoria no equivale automáticamente a un diagnóstico de Alzheimer. Existen diferentes situaciones que pueden afectar la concentración y el funcionamiento de la memoria, entre ellas el estrés, la depresión, los trastornos del sueño, algunos medicamentos y determinados problemas de salud.

Por este motivo, ante cambios persistentes resulta importante realizar una consulta médica en lugar de intentar determinar por cuenta propia cuál es la causa. La evaluación puede contemplar no solamente la memoria, sino también otras funciones cognitivas como el lenguaje, la atención, la orientación y la capacidad para resolver problemas.

Una falla de memoria no equivale automáticamente a un diagnóstico de Alzheimer, pero si es necesario visitar a un profesional de la salud.

Además, en algunos casos quienes rodean a la persona pueden advertir cambios antes que ella misma. “Muchas veces es la familia la primera que detecta cambios que la propia persona no registra, y esa observación también es importante”, señalan desde Boreal Salud.

Mantenerse físicamente activo, evitar el tabaquismo y el consumo perjudicial de alcohol, sostener vínculos sociales y actividades que impliquen un estímulo cognitivo son algunas de las medidas asociadas con el cuidado de la salud cerebral. También resulta importante controlar factores de riesgo cardiovascular como la presión arterial, el colesterol y la glucemia, ya que la salud de los vasos sanguíneos está relacionada con el funcionamiento cerebral.

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