La vigilancia sobre las lagunas glaciares de la cordillera de los Andes volvió a ocupar un lugar central en las estrategias de prevención de desastres naturales.
En Perú, diversos organismos especializados se encargan de monitorear de manera permanente tres cuerpos de agua identificados como de alto riesgo, mientras que en Argentina se trabaja en la instalación de sensores de alerta temprana en el área de El Chaltén, provincia de Santa Cruz.
El objetivo en ambos casos es similar: obtener información con anticipación ante eventuales movimientos de agua, hielo o materiales que puedan afectar a las poblaciones ubicadas en zonas de montaña.
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El caso peruano permite dimensionar cómo funcionan estos sistemas de prevención. El Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), a través del Centro Nacional de Monitoreo de Glaciares y Ecosistemas de Montaña (CENMGEM), cuenta con estaciones que registran variables hidrometeorológicas y transmiten información de manera remota. Entre los datos que pueden seguirse se encuentran el nivel del agua y las precipitaciones.
Cuáles son las lagunas bajo vigilancia
En Perú, las autoridades identificaron 58 lagunas en condición de alto riesgo, pero actualmente tres cuentan con sistemas de monitoreo en tiempo real: Palcacocha, en Áncash; Gangrajanca en Huánuco; y Upiscocha en Cusco. La vigilancia está coordinada con el Instituto Geofísico del Perú (IGP) y el INAIGEM.
A partir de este seguimiento se intenta detectar modificaciones que puedan anticipar un desborde u otros fenómenos asociados a la dinámica de las zonas glaciares. La información obtenida permite evaluar la evolución de las condiciones y aportar datos técnicos para los organismos responsables de la gestión del riesgo.
Monitoreo continuo y antecedentes
Uno de los ejemplos es la laguna Gangrajanca. El repositorio científico oficial del INAIGEM registra datos obtenidos mediante una estación automática instalada en el lugar. El sistema realiza mediciones continuas y transmite la información de manera remota. Los registros incluyen el nivel del agua de la laguna y las precipitaciones, además de valores procesados como el nivel promedio diario y la precipitación acumulada.
Pero el seguimiento no se limita sólo a las lagunas. En la región peruana de Áncash, el IGP también implementó el denominado Sistema de Monitoreo de Flujos para la Generación de Alertas (MOFLU-IGP), destinado a cinco quebradas priorizadas: Cojup, Llaca, Mancos, Tinco y Llanganuco.
La finalidad es contar con información que permita mejorar la capacidad de respuesta ante posibles fenómenos donde las condiciones geográficas pueden favorecer la generación de aluviones.
El antecedente de Áncash explica parte de la importancia que tienen estos sistemas. La región registra una historia vinculada con este tipo de fenómenos y uno de los episodios más graves ocurrió tras el terremoto de 1970, cuando un desprendimiento en el nevado Huascarán generó un alud que sepultó el distrito de Yungay.
A partir de esa experiencia, el monitoreo de las condiciones de montaña se convirtió en una herramienta relevante para reducir la exposición de las poblaciones ubicadas en los valles y quebradas.
El nuevo sistema MOFLU-IGP está previsto para fortalecer las capacidades tecnológicas de prevención y, según la información difundida sobre el proyecto, su inauguración está prevista para octubre.
