¿Me hacés...?

Un logo, una remera, la cara de la querida madre para tatuarse en el brazo... Todos encargos para el dibujante que tiene naturaleza de esclavo y bolsillos de croto. Así que ya sabe, en la próxima convención, pandemia mediante, ahórrese sus inmundos elogios y solo deje su billetera y alimentos no perecederos sobre la mesa.

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