La derecha, aunque vista de jeans...

28 de marzo, 2021 | 00.05

El miércoles pasado se cumplieron 45 años desde el último golpe de Estado cívico-militar, el más exitoso de todos. Más allá de una cierta imagen candorosa, los militares golpistas no llegaron en un plato volador ni fueron orcos sanguinarios que derrocaron al gobierno constitucional de Isabel Perón para asesinar indiscriminadamente. Como explicó CFK en el acto por Memoria, Verdad y Justicia en Las Flores: “Necesitaron de la desaparición y tortura para imponer un modelo económico. A los que estatizaron sus deudas y apoyaron a la dictadura no les pasó nada. Terminaron más ricos y nos dejaron ese regalo. Entre ellos, la familia y del grupo económico de ya sabemos quién. Se hicieron los otarios cuando todos los argentinos debimos pagar la deuda de ellos”.

Así fue, los únicos que terminaron en la cárcel fueron los militares golpistas, los perros fieles que nunca denunciaron a sus amos tal vez para no tener que reconocer que lo eran. Los civiles que les dieron letra y apoyo mediático, los financiaron, los proveyeron de un plan económico, de contactos con organismos financieros internacionales y de funcionarios presentables- esos jóvenes exitosos que hoy llamaríamos de latte en mano- y que a cambio se enriquecieron exponencialmente, nunca fueron incomodados por la Justicia. Ledesma, Clarín, Acindar, Molinos Río de la Plata, Mercedes Benz, entre muchas otras empresas, colaboraron con la dictadura y además de recibir recompensas del Estado también beneficiaron del servicio de desaparición de trabajadores, los llamados subversivos de izquierda. Porque no debemos olvidar que la mayoría de los desaparecidos fueron trabajadores.

Lo que frenó la dictadura cívico-militar a sangre y fuego fue un modelo de desarrollo y lo reemplazó por la “miseria planificada”, como escribió en su momento Rodolfo Walsh. La pobreza estructural que tanto indigna a quienes se niegan a relacionarla con la riqueza estructural arranca ahí, con los vuelos de la muerte. Si Argentina hubiera seguido creciendo como en las décadas previas al golpe, hoy estaría al nivel de Nueva Zelanda o de España.

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De eso se trató, de un cambio de modelo social y económico, de una brutal transferencia de riqueza y poder de abajo hacia arriba que se mantiene aún hoy, 45 años después de un golpe que, vaya casualidad, prometía combatir la corrupción y la demagogia de la política. Lo mismo que promete nuestra derecha que se autopercibe moderna aunque comparta con aquellos golpistas el mismo sueño de país con unos pocos ganadores- los meritócratas que tuvieron la precaución de nacer ricos herederos y de nacionalizar sus pasivos- y muchos perdedores. Las mayorías perdedoras son las que deben gozar con la incertidumbre, como recomendó hace algunos años el senador Esteban Bullrich. Ni Martínez de Hoz lo hubiera dicho mejor.

El ex presidente Mauricio Macri, tal vez debido a su ajetreada agenda, no publicó ningún mensaje en referencia al 24 de marzo. Es un poco injusto, teniendo en cuenta que SOCMA, la empresa familiar, se consolidó en aquellos años a la sombra de un Estado que sin embargo los macristas suelen fustigar por gastar demasiado en millones de argentinos. Tal vez prefieran que el Estado se dedique a lo esencial: protegerlos de las inclemencias del mercado.

Juan José Gómez Centurión, ex carapintada y ex funcionario del gobierno de Cambiemos, sí tuvo tiempo de escribir en su cuenta de twitter que los desaparecidos durante la dictadura “no fueron 30.000” y tampoco fueron “víctimas”. Al parecer, ser arrojado desde un avión de la Armada o torturado en un sótano clandestino del Ejército permite eliminar la presunción de inocencia. 

Por su lado, Laura Alonso, la ineludible ex titular de la Oficina Anticorrupción, opinó que el de Alberto Fernández “es peor que un gobierno de facto”. No creo que sus entrevistadores Jony Viale y Alfredo Leuco le pidieran tanto pero, si tenemos en cuenta las políticas que implementó Cambiemos, no debería sorprendernos que la enamorada platónica de Mauricio Macri prefiera la dictadura cívico-militar del general Videla antes que el gobierno del Frente de Todos, elegido en primera vuelta en las últimas elecciones presidenciales.

Nuestra derecha de siempre, de traje y chaleco, solía despreciar el voto popular; nuestra derecha moderna, en jeans y zapatillas, en cambio... ¡Caramba, qué coincidencia!

 

Imagen: Un militante de Juntos por el Cambio intenta voltear un avión que transporta vacunas (cortesía Fundación LED para el desarrollo de la Fundación LED)

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Sebastián Fernández (Rinconet)

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