¿El paso hacia el uso social extensivo e intensivo de la “IA embebida” viene de la China?

El anuncio de Nvidia durante la keynote de Jensen Huang en la ciudad taiwanesa de Taipéi, la capital de la isla que EEUU y China disputan como símbolo máximo de la guerra tecnológica, señala un punto de inflexión, donde la IA está siendo embebida directamente en los dispositivos físicos.

19 de junio, 2026 | 11.35

Paula Giménez, que publica junto con Matías Caciabue semanalmente artículos originales para El Destape, se encuentra secuestrada en Libia oriental por formar parte del Convoy Terrestre Global Sumud Mahgreb que intentó llevar ayuda humanitaria a Gaza.

La presentación de la plataforma robótica Isaac GR00T de Nvidia en Computex 2026 es la expresión material que el mundo atraviesa un nuevo momento económico ó, con mayor precisión, se ha consolidado una nueva fase en el capitalismo (Aguilera, 2023). Esto abre una disputa por el control de la infraestructura tecnológica global, donde la inteligencia artificial está dejando los centros de datos como único medio de procesamiento y migrando hacia procesamiento en las propias máquinas físicas. Y en ese desplazamiento, China ya lleva la delantera.

Durante años, el debate sobre el poder tecnológico giró en torno a quién controlaba los modelos más grandes, los chips más potentes y los centros de datos más impresionantes. Esa era la geografía de la inteligencia artificial en la nube, una arquitectura donde los datos viajan vía internet hacia servidores remotos, se procesan en supercómputos concentrados en pocas corporaciones, y la respuesta regresa al usuario. En esa geografía, el poder era visible y fácil de cartografiar: Microsoft, Amazon, Google, Alibaba, Baidu. Quien controlaba la nube controlaba la inteligencia.

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Pero algo está cambiando. El anuncio de Nvidia durante la keynote de Jensen Huang en la ciudad taiwanesa de Taipéi, la capital de la isla que EEUU y China disputan como símbolo máximo de la guerra tecnológica, señala un punto de inflexión, donde la IA está siendo embebida directamente en los dispositivos físicos. No como sustituto de la nube, sino como un nuevo estrato de infraestructura que transforma radicalmente quién controla qué.

La IA embebida o Edge AI funciona directamente en el chip de un dispositivo local. No necesita enviar todos los datos a servidores externos para procesar información y tomar decisiones. Un automóvil, una cámara de seguridad, un teléfono, una máquina industrial o un robot humanoide pueden operar con cierto nivel de inteligencia sin depender permanentemente de una conexión a internet ni de los centros de datos de ninguna corporación. La respuesta es casi en tiempo real, la latencia de internet desaparece, y la autonomía operativa aumenta.

En la órbita de la política, si la IA en la nube concentra el poder en quien controla los servidores, la energía y la infraestructura de red, la IA embebida desplaza parte de ese poder hacia quien fabrica los chips, diseña los dispositivos y produce las máquinas físicas que llevan esa inteligencia incorporada. Y en esa disputa, la posición de China es radicalmente diferente a la que tiene en los modelos de lenguaje o en la computación en la nube.

 

Nvidia + Unitree: una cadena que revela la contradicción del G2

 

El caso de Isaac GR00T ilustra con precisión esta dinámica. La plataforma combina el chasis del robot humanoide Unitree H2 Plus, fabricado por la empresa china Unitree Robotics, manos mecánicas de cinco dedos de la empresa Sharpa con sede en Singapur, y el módulo de cómputo Jetson AGX Thor T5000 de Nvidia, con GPU de arquitectura Blackwell. Es decir: el cuerpo es chino, el cerebro informático es de diseño estadounidense.

Esta cadena es la materialización de la contradicción estructural del G2 tecnológico: dos bloques (GAFAM/Silicon Valley y BATHX/Shenzhen) que compiten geopolíticamente pero que, en la escala de la producción física, siguen entrelazados en cadenas de valor que ninguno puede cortar sin pagarlo caro. Nvidia necesita la capacidad de fabricación de robots humanoides a escala que tiene China. China necesita los chips de Nvidia para que sus robots sean “inteligentes". Y ambos necesitan a Taiwán, donde se fabrican los semiconductores que hacen posible todo lo demás.

La propia decisión de Nvidia de realizar el anuncio en Taipéi en Computex, no es neutral. Es una declaración simbólica en el epicentro de la disputa territorial y tecnológica más importante del mundo.

Mientras el debate público sobre IA sigue concentrado en los modelos de lenguaje y en quién tiene el “ChatGPT” más potente, China lidera de manera aplastante la producción de robots humanoides. En 2025, casi el 90% de los robots humanoides comercializados en el mundo fueron fabricados en China. Unitree Robotics y Agibot produjeron más de 5.000 unidades cada una ese año. La inversión global en startups del sector superó los 2.650 millones de dólares, más que todo lo acumulado entre 2018 y 2024, y China encabeza el ranking de empresas especializadas con 23 firmas, apenas por encima de Estados Unidos con 22.

Esta ventaja en producción física es el resultado de años de política industrial orientada a dominar la manufactura avanzada, los materiales, la cadena de suministro de componentes y la escala de producción.

Empresas como Huawei, Cambricon, Xiaomi, Biren o Moore Threads diseñan chips capaces de ejecutar inteligencia artificial localmente. Si las restricciones de exportación de semiconductores impuestas por Washington aceleran la sustitución tecnológica, la IA embebida en dispositivos chinos podría consolidarse sin depender de los chips de Nvidia ni de Qualcomm.

En la IA física la infraestructura de inteligencia artificial deja de ser exclusivamente intangible (código, modelos, datos en servidores) y se encarna en objetos físicos, como robots, automóviles, cámaras, sensores industriales, electrodomésticos. Millones de máquinas que “perciben” u obtienen información del entorno sin comando humano, deciden y actúan, y que regresan datos a las corporaciones que controlan los modelos y las actualizaciones.

El propio Nvidia lo explicó con claridad, indicando que las actualizaciones del robot deben pasar por sus chips para verificar que el código sea auténtico. En esa frase hay una declaración de propiedad sobre la infraestructura cognitiva de las máquinas físicas. No es solo vender un chip, sino en convertirse en el guardián del "cerebro" de millones de dispositivos que operarán en fábricas, hospitales, hogares y ciudades.

Esta arquitectura híbrida con entrenamiento en la nube, inferencia en el dispositivo, actualización desde plataformas externas, retorno de datos a las corporaciones, el poder se redistribuye en una nueva topología donde el control de los chips embebidos, los modelos base y las plataformas de actualización se vuelven el nuevo núcleo estratégico.

Para América Latina, que no fabrica chips, no produce robots humanoides a escala y no controla los modelos que corren, la acción es urgente. Se consume la infraestructura celulares con chips Qualcomm o Huawei, cámaras con IA embebida, vehículos eléctricos con sistemas de conducción asistida, y pronto robots en líneas de producción industrial. Definamos entonces qué condiciones de soberanía tecnológica ingresa la región a la etapa de la IA física: como mercado de consumo, como proveedor exfoliado de materias primas críticas (litio, cobre, tierras raras), como enclave de centros de datos donde no ejercerá ningún tipo de jurisdicción, control o desarrollo soberanos (RIGI) ó, esperemos, como actor capaz de definir reglas del juego en los espacios de poder donde esta disputa también se dirime.

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Matías Caciabue

Politólogo y Docente Universitario. Analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE). Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional.