A mediados de julio el dólar se encontraba en 42 pesos, y el FMI autorizaba su quinto desembolso del crédito stand by por 5.400 millones de USD, afirmando nuevamente que la política económica iba en buen camino. Sin embargo, pocas semanas después se fugaba el equivalente a la mitad del préstamo y después de las PASO el dólar llegaba a los 60 pesos. La segunda gran devaluación del gobierno de Macri: caía un 42% el valor de nuestra moneda.

 

La corrida cambiaria de estos días se combinó con el derrumbe de las bolsas, el S&P Merval perdía el 70% y un aumento del riesgo país a más de 1800 puntos. Estos indicadores contribuyen aún más al aumento de la formación de activos externos (fuga) y caída de las reservas del banco central, es decir, un claro deterioro de la posición externa del país producto de una corrida cambiaria.  Corrida que se va a trasladar a precios, principalmente al precio de los alimentos, y que conlleve una inflación interanual de más del 50%, consolidando el escenario de estanflación: inflación con recesión económica.

 

 

Este cocktail no encontró modificaciones en las reglas del mercado de capitales, solo aumentaron las tasas de referencias de las Leliqs y se mantuvo el status quo de la timba financiera. Es más, el gobierno no dudo en echarle la culpa a la democracia misma, al proceso electoral y a la supuesta “inestabilidad” que genera el respaldo de las mayorías al proyecto encabezado por Alberto Fernández.

 

Reconocido el “error” de echarle la culpa a la sociedad argentina de la pésima gestión económica, y dado el malestar, Mauricio Macri anunció hoy un paquete reducido de medidas. Las medidas de hoy básicamente amplían lo que habían llamado “Plan Alivio”. Este último, recordemos, fue anunciado a finales de abril de este año e incluía la extensión del Ahora 12, la ampliación de precios cuidados con precios esenciales, y el congelamiento de algunos precios de transporte y tarifas hasta después de las elecciones. ¿Efectos? Consiguieron bajar un poco la inflación mensual, pero no mejoró las condiciones de vida de las mayorías, de hecho, hace solo cuatro meses de estas medidas y ya vemos cómo se han licuado frente al aumento de la inflación con esta nueva devaluación.

 

 

En una línea similar, hoy Mauricio Macri anunció casi un Plan Alivio II. El presidente informó que van a otorgar dos bonos de 2000 pesos en septiembre y octubre para los asalariados formales del sector privado, un aumento del piso ganancias de 2000 pesos, bonos para los estatales, convocatoria al Consejo del Salario, aumento de las becas Progresar, congelamiento de NAFTA de 90 días y plan de pagos de 10 años para las PYMES con AFIP. Estas medidas aisladas pueden ser positivas, de reactivación del consumo y hasta con cierto grado de redistribución. Pero tienen tres grandes problemas: 1) no frena la corrida cambiaria que es el principal problema del contexto actual, 2) no implica un acuerdo de precios de alimentos, principal preocupación para las clases populares, 3) no se indica como se van a financiar los anuncios a pesar de indicar que no tiene efectos en las metas presupuestarias comprometidas con el FMI.

 

Por supuesto, además las medidas anunciadas no son parte de las discutidas leyes de emergencia social, ni incluye elementos de mucha preocupación como baja los intereses de créditos Anses, aumento de jubilaciones y pensiones, ni da una repuesta a quienes tienen hipotecas con créditos UVA. Pero además, y sobre todo, son medidas electoralistas de acá a octubre, que ni siquiera van a poder controlar de forma efectiva la corrida cambiaria y la pequeña contribución se puede licuar debido a la inflación. Es decir, el aumento del 40% del Progresar en un contexto de 50% de inflación interanual implica una pérdida del poder adquisitivo de la beca, por ejemplo.

 

En definitiva, todo el mundo se ha dado cuenta que el plan económico de Cambiemos no tiene futuro, ni presente, pero sigue teniendo la obligación de gobernar hasta diciembre. Las medidas anunciadas no serán efectivas si no ponen fin a la bicicleta financiera, es hora que el  BCRA muestre su verdadero poder de fuego, regulando la liquidación de divisas de los actores económicos, negociando una salida ordenada de la fiesta de las Leliqs e impidiendo la entrada de capitales golondrinas (especulativos por menos de un año), evitando así rifar reservas. Por su lado, el ejecutivo debe dejar de hacer campaña para gobernar y hacer uso de las herramientas del estado corporativo, diálogo tripartito con sindicatos y empresas, para proteger a los más vulnerables en el medio de la crisis.

 

El Plan Alivio II anunciado hoy es como ponerle una curita a una herida profunda. Hay que cocer, rápido para que no se infecte más. Esa es la responsabilidad del gobierno, y en parte también del FMI que apoya este programa económico. No sirve con pedir disculpas, sirve gobernar.