Las cifras son, en palabras del diario Le Monde, « aterradoras ». Según el Ministerio de Justicia francés, entre el 21 de septiembre, cuando arrancó el movimiento secundario, y el jueves 8 de octubre, 6.877 personas fueron puestas bajo garde à vue, una detención policial de 24 horas renovables. El 86% eran menores. Para medir la magnitud: durante los disturbios que siguieron a la muerte del joven Nahel Merzouk en 2023, con saqueos e incendios en todo el país, hubo 4.481 detenidos. Y hay un dato más revelador todavía: más de seis de cada diez detenidos de este otoño nunca fueron imputados.
En un editorial de tono inusualmente duro, el diario de referencia de la prensa francesa denuncia lo que considera un « desvío de procedimiento »: la detención no se usa para juzgar delitos sino para disuadir a los adolescentes de volver a marchar. Una estrategia judicial que se suma a una represión policial violenta y que, advierte Le Monde, produce el efecto contrario: cimenta la movilización y refuerza la solidaridad generacional. El editorial apunta también contra el proyecto de ley « casseur-payeur » (« el que rompe, paga »), que el Senado examinará a fines de octubre y que permitiría cobrar los daños a cualquier integrante de un grupo que haya cometido destrozos, aunque no haya participado en ellos. Frente a esa deriva, solo la izquierda y las organizaciones de derechos humanos levantan la voz. La derecha y la extrema derecha compiten en una sobreactuación securitaria: Bruno Retailleau, candidato de Los Républicanos para 2027, pidió directamente la prohibición de La Francia Insumisa, y Marine Le Pen exhibe un apoyo « incondicional y teatral » a la policía. La conclusión del diario es tajante: si Francia se acostumbra a responder a la bronca social con palos y calabozos, corre el riesgo de deslizarse por la pendiente iliberal de otras democracias occidentales.
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En su blog de Mediapart, la abogada Maiwelle Mezi explica que la detención preventiva es una prerrogativa extraordinaria del Estado. El Código de Procedimiento Penal la concibió como un último recurso, un medio extremo. Al realizar detenciones masivas, el gobierno traiciona el espíritu de este texto, convirtiendo una medida excepcional de privación de libertad en un arma de disuasión masiva. « El derecho a manifestarse no es, por lo tanto, ni el capricho de una juventud idealista, ni el pretexto de una juventud delincuente. Es una libertad fundamental, el corazón de nuestra democracia, y una democracia que aterroriza a sus jóvenes es una democracia que solo lo es de nombre.»
Un muro de cartón
El movimiento no se deja reducir a las imágenes de tachos de basura en llamas que repiten constantemente los canales de noticias. Su verdadera cara está en las pancartas. Como relata el diario Libération, en los colegios tomados se organizan talleres donde los chicos debaten los lemas, los votan y los pintan sobre las cajas de cartón del supermercado. Después las levantan subidos a los contenedores, entre banderas palestinas y banderas tricolores, y las frases circulan por las redes hasta componer, según el diario, el libro de los gritos de la juventud del otoño de 2026.
Primero, las condiciones de estudio: « 35 alumnos, un profe; 35 grados, un ventilador ». Las jornadas interminables: « De 8 a 18, ¿cómo hago para recuperar a mi ex? ». La represión: « Apunten a nuestro éxito, no a nuestras cabezas ». Y el tratamiento mediático: « Hablen de nuestras ideas, no de los tachos quemados ». La más célebre, la que según el periodista de Libération, Daniel Schneidermann irritó en las más altas esferas, juega con la historia personal del presidente, que se casó con su exprofesora: « Macron, cogete a tu profe, no a las nuestras ». Por primera vez la policía controló en los subterráneos y en las calles el contenido de los carteles, requisando aquellos que denigraban al Estado y a las « fuerzas del orden».
Lo más llamativo es la irrupción de la historia. « ¿La revolución es solo para las clases de historia? », pregunta un cartel. Otro interpela: « 14 de julio de 1789: ¿no habrán quemado también dos o tres tachos? ». Reaparecen guillotinas dibujadas, citas de Robespierre y de Olympe de Gouges, cuya Declaración de los derechos de la mujer está en el programa escolar. El Mayo del 68 está omnipresente. Otro cartel proclama: « La generación 67 rehace mayo del 68 », juego de palabras con el six-seven, uno de los códigos de la generación alfa. La célebre serigrafía de Bellas Artes en la que De Gaulle amordaza a un joven reaparece con la cara de Macron o del ministro del Interior, Laurent Nuñez. Y una pancarta une a dos generaciones de víctimas: « Jóvenes en lucha, 1986-2026. Remember Malik Oussekine », en memoria del estudiante muerto a golpes por la policía en 1986, durante las protestas contra una reforma universitaria. Una profesora resumió todo en su cartel del 6 de octubre: « Les enseñamos historia y decidieron hacerla ».
Los rostros del movimiento
En todo movimiento surgen líderes y sus caras se van imponiendo en las redes y en la televisión. La primera es la de Bally Bagayoko, alcalde insumiso de Saint-Denis, en el corazón de la periferia popular del norte de París. Exjugador de básquet, se lo vio cantar La Marsellesa en medio de los manifestantes y, sobre todo, interponer su cuerpo entre los chicos y la policía. Una sola foto bastó para que CNN lo convirtiera en ícono mundial.
La segunda es la de Elwan, 17 años, alumno del último año del liceo Jacques-Decour, en el centro de París. El 4 de octubre, un videasta de extrema derecha, Vincent Lapierre, exmiembro de la agrupación del ensayista antisemita Alain Soral, le tendió el micrófono frente al colegio tomado. Elwan lo dejó sin palabras. El video acumula casi diez millones de reproducciones. Desde entonces, el joven rubio, con su kefia al cuello y una elocuencia que las redes comparan con la de Jean-Pierre Léaud en las películas de Truffaut, pasó por Franceinfo, Libération, Le Parisien y el set de David Pujadas en LCI, donde lo enfrentaron a Louise Montangon, estudiante de filosofía afiliada al partido de Le Pen. Lo singular es que él mismo desarma su personaje: repite que el movimiento nació en los liceos derruidos de la periferia, que es un « privilegiado », « blanco », con un « capital cultural considerable », y que no representa a nadie. « Soy un producto de las redes sociales », admitió.
Unas horas después de la manifestación en la Bastilla, 90 estudiantes secundarios de Seine-Saint-Denis fueron recibidos en la Asamblea Nacional por diputados de La Francia Insumisa. Falta de recursos, violencia policial, invisibilización de los barrios populares: durante más de dos horas, expusieron sus demandas y reafirmaron su voluntad de hablar en su propio nombre, quejándose de la falta de invitación a hablar en los medios.
El politólogo Jérémie Nollet, de Sciences Po Toulouse, explica que los periodistas necesitan voceros y una vez que detectan a alguien que habla bien, todos lo convocan; es lo que Pierre Bourdieu llamaba la « circulación circular de la información », un sesgo de clase que los estudios confirman: las clases altas están sobrerepresentadas en la pantalla. Los jóvenes de barrios populares, a menudo igual de elocuentes en las asambleas, rara vez llegan a la televisión.
En el centro de la escena política está Jean-Luc Mélenchon. El líder de La Francia Insumisa (LFI) fue el primero en hablar de un nuevo Mayo del 68 y sueña con que la bronca juvenil lo lleve al Elíseo en 2027. Según la última encuesta de IPSOS, 43% de los jóvenes de 18-24 años votarían por Jean-Luc Mélenchon, (en 2022 fueron 32 % los que lo votaron). Su partido acompaña cada convocatoria y celebra la convergencia entre secundarios, universitarios y sindicatos. El gobierno, en cambio, lo señala como culpable: desde el 1 de octubre, Matignon condenó lo que calificó de « violencias urbanas » y apuntó contra LFI mientras la derecha exige su disolución.
La imagen que circuló por toda Francia, sin embargo, invierte la acusación. Elwan, en plena marcha, le estampó un beso a un Mélenchon sorprendido y encantado. Para el periodista de Libération, si hay recuperación política, es al revés: es el movimiento el que adopta al candidato. Desde Mitterrand en 1988 no se había visto a un aspirante al Elíseo llevado en andas por una juventud desatada. El riesgo, para LFI, es el mismo que anticipan sus adversarios: quedar asociado a cada desborde.
Las presidenciales impregnadas por la rebelión estudiantil
Jean-Luc Mélenchon se presenta como la única alternativa de izquierda capaz de vencer a la extrema derecha, con un vasto programa centrado en la planificación ecológica, aumento salarial, inversión en los servicios públicos, volver a la jubilación a los 60 años y antiracismo como ejes. Un sondeo Harris de fines de septiembre le da 17% - 18%, lo que le permitiría estar presente en la segunda vuelta contra Marine Le Pen, ubicada entre 31 y 35%. Las revelaciones ampliamente documentadas de Mediapart el 28 de septiembre de mensajes antisemitas atribuidos a Jordan Bardella, anunciado como su futuro primer ministro, colocan a Marine Le Pen en una situación mas que incómoda.
Los candidatos de la derecha macronista (Edouard Philippe y Gabriel Attal) y la derecha conservadora (Bruno Retailleau) libran una batalla fratricida que permite pensar en un balotaje Le Pen – Mélenchon. Mientras tanto la izquierda socialdemócrata organiza elecciones primarias entre cinco candidatos Más de 140.000 inscriptos votan el 9 y 10 de octubre (adherentes y simpatizantes de los tres partidos organizadores: Partido Socialista: Ségolène Royal, Olivier Faure y Jerôme Guedj; Place Publique: Raphaël Glucksmann; y Gauche Républicaine et Socialiste: Emmanuel Maurel. La alianza con LFI dividió a los candidatos y se convirtió en el centro de los 3 debates televisivos. El balotaje, en caso de que ningún candidato alcance el 50% de los votos, será el 16 y 17 de octubre. En las primarias de 2011 y 2017 participaron mas de dos millones de personas entre militantes y simpatizantes.
Las próximas fechas
El movimiento de los secundarios no afloja. La intersindical estudiantil y profesional convocó a una nueva jornada nacional el martes 13 de octubre, con una consigna: seguir movilizados mientras no haya 10.000 millones de euros sobre la mesa, cifra necesaria según los secundarios para responder al conjunto de sus reivindicaciones. El ministro de Educación, Édouard Geffray, prometió tres mil docentes de reemplazo antes de esa fecha, respuesta considerada muy insuficiente en relación con las necesidades. La CGT hace un llamado a sus organizaciones, sindicatos y activistas para que se movilicen junto a las organizaciones juveniles, contribuyan a la organización de las manifestaciones y estén presentes en las marchas para proteger a los jóvenes y garantizar el carácter reivindicativo de las concentraciones.
El horizonte se extiende al sábado 17 de octubre, una convocatoria que hace temer al gobierno de un regreso de los chalecos amarillos, ocho años después, justo antes de las vacaciones escolares.
